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Violencia en Argentina (XLV): El boomerang está de regreso

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Jorge Busti envalentonó a la población de Entre Ríos contra las papeleras que construye Uruguay, y ahora descubre que esa masa enfervorizada no acata las directivas de volver a sus casas. Se han independizado del criterio político que las impulsó. Se les dio alas, y ahora vuelan solos. ¿Cómo explicarles que están cometiendo un delito, si el promotor del delito fue el poder político de la provincia y, por detrás, el del mismo Gobierno nacional?

Violencia en Argentina (XLV):

El boomerang está de regreso

Jorge Busti envalentonó a la población de Entre Ríos contra las papeleras que construye Uruguay, y ahora descubre que esa masa enfervorizada no acata las directivas de volver a sus casas. Se han independizado del criterio político que las impulsó. Se les dio alas, y ahora vuelan solos. ¿Cómo explicarles que están cometiendo un delito, si el promotor del delito fue el poder político de la provincia y, por detrás, el del mismo Gobierno nacional?

De pronto Busti pasó de ser un gobernador gris a paladín ambientalista. Hasta las escuelas colaboraron con los cortes. El circo armado a gusto de la demagogia. Pero el Gobierno no consideró la firmeza uruguaya, que se abroqueló en todo el arco político (opositores y oficialistas por igual) y, harta de manoseos, declaró que demandará a la Argentina por daños y perjuicios. Tabaré Vázquez también ha sido sobrepasado por la situación, que para Uruguay constituye una razón de Estado.

El 17/02/06 Paraguay inició una demanda contra Argentina por una papelera de Puerto Piray, Misiones, y la contaminación del río Paraná cerca de la localidad paraguaya de San Antonio López. Brasil evalúa construir una papelera frente a Santo Tomé, Corrientes. Una maniobra de pinzas parece cernirse sobre la Argentina, en un momento especialmente sensible. ¿Casualidad o conveniencia? ¿El revés de la guerra de la Triple Alianza? Argentina siempre despreció a sus pares del Mercosur. Quizá ahora comience a ubicarse.

Dos décadas

El 16/02/06 se cortó el segundo puente que une a Argentina y Uruguay, Colón-Paysandú. ¿Qué nueva actitud tomará la población de Entre Ríos? ¿Pasarán, acaso, a la invasión de la Banda Oriental, utilizando esos mismos puentes para cruzar? El intendente de Concordia declaró que no se sumará a los cortes porque se «están violando tratados internacionales», y atribuyó la responsabilidad al gobierno nacional. Pero hubo cortes “simbólicos” de quince minutos en el puente Concordia-Salto. Así, los únicos tres puentes que unían a los países hoy los desunen.

Kirchner se equivocó al recibir en la Casa Rosada a los que están cortando los puentes. Tomó posición y defendió, en la práctica y en los gestos, a los delincuentes. No es la primera vez que Kirchner y su séquito yerran de esta manera, pero la crisis con Uruguay exige cautela. Quien más razones tiene para iniciar una demanda es Uruguay, porque ha quedado demostrada la incidencia de los cortes en el turismo. Argentina en cambio sólo puede alegar un supuesto, y se arriesga, además, a un nuevo papelón internacional si la corte de La Haya, dentro de unos años, falla a favor de Uruguay. Varias razones lo hacen probable: Finlandia es un país en donde el aire y el agua son patrimonio nacional. Botnia posee cinco papeleras allí, como así también en el resto de la Unión Europea, y lo ha hecho con estándares muy superiores a los que en general se consideran en Sudamérica. ¿Qué razones hay para pensar que en Uruguay modificará esos estándares, máxime cuando las autoridades insisten en que serán incluso superiores, porque la tecnología ha mejorado desde que se implementaran las fábricas en Europa?

La contaminación en la UE es controlada. No puede decirse lo mismo de las papeleras argentinas, y de arroyos como el Riachuelo, famoso cuando la funcionaria menemista María Julia Alzogaray decretó que «en mil días» estaría limpio y puro. Pasaron varios años después de cumplida esa fecha absurda y el Riachuelo sigue siendo una inmundicia. No son datos gratuitos: Uruguay puede argumentar que Argentina no posee el sustrato moral ni legal para exigir a otros lo que no se exige a sí misma. Además, perdura la sombra de corrupción que habría diluido el interés original de hacer las papeleras en territorio entrerriano, y cierto “retorno” que para ello debían hacer las empresas a conspicuos funcionarios de la provincia (cfr. diario Castellanos, Editorial, 06/02/06). Lo mismo adujo el escritor Mario Benedetti (cfr. diario Perfil, tapa, 19/02/06). La negativa habría llevado a las empresas a la otra orilla, y la bronca que el “desplante” provocó en Busti y sus aparceros habría orquestado la protesta desmedida que hoy existe. Presionado, en una solicitada Busti lo desmintió (cfr. La Nación, 22/02/06, p. 09).

A los costados del acceso al puente Gualeguaychú-Fray Bentos han comenzado a erigirse construcciones más firmes, pues los ambientalistas procuran quedarse «hasta que las papeleras dejen de construirse» (ó, como auguró una voz más prudente, «hasta que se cansen»). A lo sumo, lo que podrá hacer la corte de La Haya es ordenar que se implementen las medidas adecuadas para evitar la contaminación, pero no detendrá una obra que no comenzó ayer, sino hace dos décadas, cuando Uruguay decidió expandir sus bosques. Botnia posee 60 mil hectáreas de bosques en Uruguay; ENCE, 200 mil. Ambas empresas poseen puerto propio en Fray Bentos.

En una solicitada ENCE destacó que la toma de agua del río para la planta se diseñó «aguas abajo del punto de vertido de los efluentes», procurando demostrar así que no contaminará (cfr. La Nación, 20/02/06, p. 03). Los ambientalistas critican a ENCE y su fábrica de Pontevedra, pero olvidan la que ENCE posee en Huelva (que es zona de playas y turismo sobre el Atlántico), con tecnología de punta y respeto por el entorno. De esta tecnología se habla en Uruguay.

Política exterior

Las papeleras son el tramo final de un proyecto perfectamente estructurado. Y si para llevar adelante este proyecto Uruguay debe prescindir del Mercosur, lo hará. A Uruguay le conviene más un tratado de libre comercio con Estados Unidos, porque hasta ahora el Mercosur no le ha servido. Si aún no rompió es por cortesía rioplatense. Pero no es bueno tensar la cuerda al máximo.

«El arte de la diplomacia consiste en la habilidad de sustituir el conflicto por el diálogo. Los argentinos nos hemos manejado sustituyendo a los diplomáticos profesionales por los de afición. Las consecuencias están a la vista. No tenemos una política exterior que supere las ocurrencias. No infundimos respeto en el exterior. Basta un ejemplo: en lo que va del gobierno de Alfonsín al de Menem, pasamos del tercermundismo proclamado en Harare a las famosas relaciones carnales», manifiesta Abel Posse (Del conflicto inútil al diálogo. La Nación, 18/02/06, p. 35). En la misma nota señala que «el Gobierno ha creado una esfera de autoritarismo tal que las alternativas técnicas de la Cancillería no serían escuchadas. Hay que obedecer o irse». Si falla la cancillería, que es la cara visible del país en el exterior, ¿qué resta por hacer? ¿Cómo se comunica el país con los demás? No se puede vivir de conflicto en conflicto, de Corte en Corte. También para la estupidez hay un límite.

El manejo presuntamente anárquico de los pobladores que cortan el puente Gualeguaychú-Fray Bentos tampoco es tal. Las personas que acampan allí no poseen las mismas ideas, pero cuando en las discusiones diarias para saber qué pasos seguir surge alguna voz mesurada, los que iniciaron tempranamente la protesta aducen que «para hablar hay que venir y poner el cuerpito todo el día acá, al rayo del sol» (sic). Luego todos votan en sintonía levantando la mano. Es falso entonces que haya un consenso claro, o al menos es falso ahora. No todos tienen derecho a voz y voto. Se trata de una especie de anarquía regulada por 20 activistas, cuyos intereses, más allá de las palabras, son un tanto oscuros.

Corolarios parciales

¿Qué respuesta se le dará a Paraguay? ¿Y qué ocurrirá con Brasil, si decide la construcción de su papelera frente a Santo Tomé? ¿Argentina ampliará los frentes de conflicto o los reducirá con acuerdos?

Las papeleras uruguayas no se van a detener. Es inútil e hipócrita que Argentina enseñe al mundo sus berretines ambientalistas y seudo morales cuando es incapaz de salvaguardar su propio medio ambiente. Cuando esto termine la ciudadanía de Entre Ríos se sentirá doblemente defraudada: primero, por Busti, que la indujo al delito. Luego, por la justicia internacional. Es un riesgo de final incierto que Busti y Kirchner no han evaluado, como suele ocurrir con la clase política argentina, dada en general a caprichitos de adolescentes antes que a elucubraciones de hombres preparados. El papel de la justicia, en este ámbito, es lamentable, pues hasta ahora ha sido incapaz de impedir los cortes. Por omisión, la justicia argentina es parte activa del delito.

Da la impresión de que lo que realmente molesta (ya que los ambientalistas, si fueran coherentes, estarían boicoteando a la papelera de Capitán Bermúdez en Santa Fe, por ejemplo), es que Uruguay ha llegado a este punto luego de una larga preparación, algo que los argentinos no sabemos hacer. Argentina adolece de método, de sistematización y de independencia interna para poder llevar adelante proyectos que trasciendan el parco lapso de los cuatro años del presidente. Esa carencia cada día es más onerosa. Pero aún así podría surgir con un proyecto de país consensuado que, además, comprenda a los países integrantes del Mercosur. ¿El Mercosur no se creó para la ayuda mutua de los países que lo integran? Si no se le encuentra utilidad, lo más lógico sería que se diluya. ¿Pero entonces por qué se invitó a Venezuela y Bolivia a sumarse al proyecto?

De lo que no se podrá recuperar es del bochorno internacional cuando La Haya apoye a Uruguay. Con otro gestor, ya nos pasó con las islas Picton, Nueva y Lennox. Será entonces el turno de responsabilizar a políticos y ambientalistas, que son quienes han erigido a expensas de la ciudadanía crédula este circo de payasos sin albayalde ni animales.

© Carlos O. Antognazzi

Escritor.

Santo Tomé, febrero de 2006.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 24/02/2006. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2006.

Este artículo tiene © del autor.

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