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Cultura en Argentina (XLVII): El retorno de las Cruzadas?

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Los atentados por la publicacin de las doce caricaturas de Mahoma en medios europeos dan cuenta de que la barbarie que esas mismas caricaturas sugeran existe y coincide con una religin: el Islam. No todo el Islam, naturalmente, sino esa porcin violenta y fanatizada que procura eliminar a occidente. El deber poltico de la Unin Europea es diferenciar a un grupo de inadaptados de los millones de musulmanes pacficos. Pero de esos millones se espera que sepan comprender los castigos que corresponden a los violentos, y que no procuren acallarlos ni evitarlos. No se trata slo de la supervivencia de la vieja Europa, sino de todos.

Cultura en Argentina (XLVII):

El retorno de las Cruzadas?

Los atentados por la publicacin de las doce caricaturas de Mahoma en medios europeos dan cuenta de que la barbarie que esas mismas caricaturas sugeran existe y coincide con una religin: el Islam. No todo el Islam, naturalmente, sino esa porcin violenta y fanatizada que procura eliminar a occidente. El deber poltico de la Unin Europea es diferenciar a un grupo de inadaptados de los millones de musulmanes pacficos. Pero de esos millones se espera que sepan comprender los castigos que corresponden a los violentos, y que no procuren acallarlos ni evitarlos. No se trata slo de la supervivencia de la vieja Europa, sino de todos.

Violencias compartidas

Durante siglos el cristianismo ha cometido crmenes amparado en una presunta ley divina. El Islam, que durante siglos estuvo circunscrito en un mbito reconocible y “alejado”, de pronto irrumpe en los pases occidentales. Exige reconocimiento y respeto, pero tambin atemoriza: hace pocos meses hubo una ola de atentados provocados por adolescentes franceses descendientes de musulmanes, con los mismos derechos (y obligaciones) que cualquier ciudadano francs hijo de franceses. Se adujo que esos adolescentes dscolos no eran aceptados, y que pese a ser legalmente franceses sufran la marginacin y el reproche. Son la escoria de un sistema que por un lado los seduce y por otro los aborrece, y los confina en ghetos, extramuros. Hay violencia en esa segregacin, y con violencia respondieron esos adolescentes.

Es pertinente la comparacin con Argentina, pues aqu los fieles de otras religiones han sido aceptados y, salvo excepciones, no provocan problemas. La diferencia radicara en que aqu se sumaron a la mayora, sin por ello perder sus creencias.

En la universidad Khajeh Nasir, de Tehern, se inscriben alumnos para recibirse de “kamikazes”. Se dividen en tres grupos, para entrenarse como bombarderos suicidas para defender los intereses de Irn, para los atentados suicidas contra Israel o para el asesinato del escritor britnico Salman Rushdie, el autor de la novela Los versos satnicos (cfr. La Nacin, 19/02/06, p. 05). Paralelamente, el Ayatollah Al Khamenei, lder supremo de Irn, sostuvo que esta rabia (por las caricaturas) es justificada e incluso santa, y que hay un complot sionista para poner en contra a musulmanes y cristianos (cfr. La Nacin, Enfoques, 12/02/06. p. 05). Parece una paradoja, pero quienes hicieron conocer las caricaturas en oriente fueron algunos imanes radicados en la UE, que no felices por el poco inters que haban despertado las caricaturas en sus primeras publicaciones, las llevaron expresamente a Irn y otros pases para propiciar los desrdenes.

Disyuntivas

Qu hacer frente al avance del Islam violento? Cmo explicarle a sus fieles que pueden exigir ciertas cosas en sus pases de origen, pero no en occidente, en donde el pilar de la cultura es, justamente, la democracia y el respeto por la libre expresin? El argumento, que para los occidentales es vital y transparente, no lo es para muchos musulmanes, que s ven con claridad, en cambio, que sus creencias son avasalladas.

Da la impresin de que estos musulmanes pretenden imponer sus creencias y deberes a todos los occidentales, pasando por alto el detalle de que en occidente hay otras religiones, para no mencionar el caso, creciente, de que hay tambin agnsticos. Con qu derecho esos musulmanes procuran coercitivamente insertar su creencia? Qu pasara con el cristianismo actuando del mismo modo, como de hecho hizo durante las Cruzadas bajo el pretexto de recuperar el Santo Sepulcro? Si es inviable un desvaro as del cristianismo actual, es igualmente inviable un desvaro similar en los musulmanes. Como la democracia, una religin no se inserta por la fuerza, sino por la seduccin.

Dinamarca restringi el ingreso de inmigrantes musulmanes en 2002, y provoc una seria crtica por parte de los inmigrantes. Hay que restringir an ms ese ingreso? La llegada de musulmanes a democracias con base judeo cristiana no necesariamente crea disturbios, pero algunos exigen pautas culturales contrarias a la tradicin occidental. En Dinamarca viven doscientos mil musulmanes. En toda Europa se piensa que superan los 20 millones: poco ms de la mitad de la poblacin de Argentina. Son demasiados. De nada le ha servido a Dinamarca ser un pas civilizado, que ayuda a las minoras en distintas partes del mundo y que les ha brindado hospitalidad a los inmigrantes. A la hora de la brutalidad ocup el ltimo lugar en la escala de valores.

Se teme que bajo los propios pies se organice la barbarie, como sugiri Steven Spielberg, modificando la idea de H. G. Wells, en su pelcula La guerra de los mundos.

La correccin poltica de Spielberg nace de la paranoia estadounidense posterior al 11/09, pero merece ser atendida: en la pelcula, los extraterrestres y sus mquinas aguardan bajo tierra, en los subsuelos de las ciudades. Cundo se han ocultado all? Y cmo, a la vista de todos? En la misma forma, a la vista de todos actuaron los que tomaron los aviones que estrellaron contra las torres gemelas. A la vista de las cmaras en los aeropuertos, de los instructores cuando estudiaron aviacin en los mismos Estados Unidos, de los vecinos. Esos inmigrantes que hoy llegan a las ciudades occidentales tambin lo hacen, salvo excepciones, a plena luz del da y a la vista de todos.

Una vez ms el problema no es el pequeo grupo de fundamentalistas que pregona el terror, sino esa mayora musulmana silenciosa que no se expresa. Es posible dialogar con el Islam mesurado, pero es imposible hacerlo con el Islam fantico. Estados Unidos y la Unin Europea deberan apelar a esos millones de musulmanes y alentarlos a que hablen y tomen posicin. La solucin no vendr impuesta desde afuera, sino desde adentro mismo del Islam, cuando esos mesurados se harten de muerte y violencia y decidan asumir un papel activo.

Sentido del humor

Lo que se est debatiendo es la desproporcin entre unas caricaturas, con todo lo agresivas y el humor negro que puedan inspirar, y la respuesta, que ha cobrado ya muchas vctimas y provocado desmanes y destruccin en demasiados pases. Esa desproporcin es lo que indigna y hace pensar a muchos que se est, como seal Samuel Huntington hace aos, ante un choque de civilizaciones, o bien ante un choque entre el Siglo XXI y el medioevo.

Esto no quita responsabilidad a occidente, que en ocasiones colabora para avivar el fuego del absurdo, como hizo Roberto Calderoli, ministro de Reformas de la Italia de Silvio Berlusconi, ostentando en cmara una remera con la impresin de las caricaturas y convocando, previamente, a organizar una cruzada contra el Islam. Calderoli no estaba haciendo gala de su “libertad de expresin”, sino que estaba expresando libremente su odio hacia la comunidad musulmana. Hay una diferencia importante entre una cosa y la otra. En cierta medida, es probable que luego de las publicaciones originales de los dos primeros diarios, todo lo que vino despus haya derrapado en una falsa libertad, para caer en la provocacin. Repetir las caricaturas luego de estallado el escndalo no puede atribuirse a un deseo de expresarse libremente, si bien algo de eso hay en el fondo, sino ms bien a un deseo de jactarse de esa capacidad expresiva ante una comunidad que no puede arrogarse la misma posibilidad.

Sin embargo, como afirm das pasados Vargas Llosa sobre este mismo tema, el ser humano posee el derecho a la irreverencia (cfr. La Nacin, Enfoques, 12/02/06, tapa). Qu sera de la evolucin sin la irreverencia? Tanto en la ciencia como en las artes o la filosofa, la Humanidad ha evolucionado gracias a esas cuotas de saludable irreverencia que algunos proponen (en ocasiones a riesgo de su vida). Lo que signa esta barbarie, que ahora ha encontrado el pretexto adecuado con las caricaturas, es la falta de humor. Las religiones en general carecen de sentido del humor, y esa es su principal debilidad. Llama la atencin, no obstante, que el Islam no desconoce el humor. En el mismo suplemento Enfoques el escritor iran Amir Taheri hace notar que quien conoce la literatura islmica sabe que en Mush va Gorbeh (El topo y el gato) Ubaid Zakani no tiene nada que envidiarle a Rabelais. Las mil y una noches es tambin un buen ejemplo de desfachatez, aunque todos sus personajes reconozcan que no hay nada mayor que Mahoma.

Si no hay un patrn para determinar el grado de ofensa que una caricatura (o un libro) pueden provocar en determinados sectores, s hay un patrn perfectamente definido que determina qu es delito y qu no lo es. Independientemente de los argumentos que se esgriman, es necesario que los musulmanes que han cometido delitos sean castigados segn la normativa del pas en donde los cometieron. Por otro lado, se debera favorecer el humor. No slo en oriente, sino tambin en occidente, que suele perderse en laberintos de seriedad artificial. Lo mayesttico nunca ha sido buen conductor de ideas, y ya es hora de que las cosas cambien. A nadie le conviene, ni servir tampoco, impulsar nuevas Cruzadas. Lo que el mundo necesita impulsar es el conocimiento, la educacin, la mejor distribucin del ingreso. En otras palabras: procurar hacer un mundo mejor de ste, nuestro nico mundo.

Carlos O. Antognazzi

Escritor.

Santo Tom, febrero de 2006.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, Repblica Argentina) el 03/03/2006. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2006.

Este artculo tiene del autor.

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