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EL LÉXICO

LÉXICO ESPAÑOL

Camilo Valverde Mudarra



LÉXICO

El español es una lengua románica (derivada del latín); su léxico es, pues, predominantemente de procedencia latina. Sin embargo, en el transcurso de su historia, han ido agregándose palabras de otras lenguas que, por diversas circunstancias, han convivido y establecido contacto con la nuestra. Son los llamados préstamos léxicos; en su asentamiento, han debido pasar un largo proceso a través de sus vías de paso y de las localizaciones geográficas, económicas, culturales y políticas que es necesario conocer, para descubrir los orígenes de las palabras
La palabra conlleva al mismo tiempo un nombre y una cosa nombrada; por ello, el préstamo léxico se puede presentar de diferentes modos: Préstamo del nombre y de la cosa: concierto, mazurka; préstamo del nombre sin la cosa: visir, florín; préstamo de la cosa sin el nombre: autopista.
Al pasar a una lengua, las palabras se amoldan a su sistema fonológico y se integran en su estructura lingüística. Según el entronque se produzca por vía oral o escrita, el proceso es diferente.
Sin ánimo de ser exhaustivos, referiremos los grupos léxicos más importantes que, desde otras lenguas, han entrado en la nuestra.

Términos prerromanos

Algunas voces españolas son restos procedentes de aquellas lenguas primitivas que se hablaban en la Península antes de la romanización. Aunque no es muy bien conocida la historia de esa época, por diversos testimonios, se puede deducir que al Norte, a ambos lados de los Pirineos, se hablaba el vascuence, que aún subsiste hoy.
Andalucía estaba poblada por los Tartesios, pueblo de grandes riquezas y mal conocido, que mantenía un comercio floreciente por el Mediterráneo. Por el Levante, se asentaban los iberos, pueblo, probablemente, procedente de la evolución de la población autóctona. A lo que se añade la existencia de los fenicios y los cartagineses.
El centro y noroeste de Iberia estaban ocupados por los ligures. Desde Galicia hasta Sierra Morena, la ocuparon los celtas, procedentes de Alemania, hacia el s. VII a. de C.
La latinización lingüística de España fue como una inundación que vino a sumergir las lenguas primitivas. No obstante, antes de desaparecer, fueron dejando ciertos elementos léxicos que asimiló el latín español y que han llegado a nosotros. Y aún subsisten: vega, barro, carrasca, izquierdo, páramo, balsa, losa, arroyo.

Cultismos.

Aun siendo el español una lengua latina, tiene un número importante de léxico que viene eminentemente del latín. El español, por necesidades culturales, tomó unos vocablos directamente del latín, sin evolucionar, y mantienen su estructura más semejante a la forma latina que a la castellana o evolucionada, son los cultismos. Así, de virgine, tenemos: virgen, que de haber seguido la evolución según las leyes fonéticas del español, hubiese dado: verzen.
Hay casos en español, en los que una misma palabra latina ha originado dos soluciones por caminos muy distintos: frígido y frío, íntegro y entero, laico y lego, signo y seña, fingir y heñir, artículo y artejo, concilio y concejo, radio y rayo, cátedra y cadera; las primeras palabras de estos pares son los latinismos o cultismos, que quedan próximos a la forma latina. La entrada de los latinismos en español se produce ya en los albores de los textos literarios; aunque los autores intentaran reflejar la forma oral de la lengua en sus textos, se les escapaba el latinismo que leían a diario en la única lengua escrita de aquel momento, s. XI al XIV, que era el latín. De ese tiempo son las palabras: vigilia, vocación, voluntad, monumento, ocasión, prólogo, teatro, tribu, dictados, tirano, septentrión, etc. Del siglo XV, vienen: disolver, subsidio, describir, estilo, obtuso, ígneo, etc. En el Siglo de Oro, nacen: paradoja, tiranizar, idiota, ortografía, persuadir, insolencia, sublimar, consilio, hórrido, aura, flamígero, argentar, rutilar, etc.; en el s. XVIII: candente, estro, exhalar, inerte, letal, linfa, refulgente, etc.; en el s. XIX: agonía, devaneo, delirio, frenesí, quimera, etc.
Por fin, se produce una nueva incorporación de latinismos en los tiempos modernos con el progreso de las ciencias: cristalizar, posesionar, confusionismo, obstruccionista.

Germanismos.

Los términos germánicos se incorporaron al español en dos épocas: Ya en la España Primitiva, se introdujeron a través del latín unos, y otros directamente durante la invasión germánica. Así tenemos: jabón, tejón, guerra, yelmo, dardo, albergue, estribo, espuela, falda, cofia, arpa, guardia, espía, ropa, aspa, etc. Hay que contar también los germanismos modernos o préstamos del alemán en tiempos más recientes: en el Siglo de Oro, entraron en español: bigote, trincar, brindis, chambergo; y más tarde: blocao, sable, obús, blindar, feldespato, blenda, cinc, níquel, vivencia; y lexías compuestas del tipo visión del mundo que andan por el idioma.

Arabismos.

La larga permanencia de los árabes en España dejó notables huellas culturales y gran intercambio lingüístico. Del contacto continuado con aquellos proviene un importante arsenal léxico que pasa al habla hispano-romana.
La táctica militar, que era muy diferente a la cristiana, introdujo: adalid, alférez, alcaide, adarga, alfanje, acicate, aljaba, jineta, rebato. La organización administrativa o jurídica: alcalde, albacea, alguacil. La vida comercial, almacén, almoneda, aduana, tarifa, arancel, alcabalas, etc.
En tejidos y vestidos: albornoz, alfombra, almohada, etc. En productos de droguería, carpintería y joyería: albayalde, talco, alcanfor, alcuza, zafra, tarima, alhaja, abalorio, etc. Entre los instrumentos musicales: rabel, laúd, tambor. En la construcción: albañil, alfeizar, alcoba, zaguán, azotea, tabique, etc. En la vida agrícola: acequia, aljibe, zanja, alberca, noria, alfalfa, arroz, azafrán, berenjena, sandía, algarroba, alubia, aceituna, etc.

Italianismos.

La dependencia y la convivencia, en íntima relación cultural y política, de España e Italia crearon lazos indelebles. Se conoce la entrada de italianismos ya en los s. XIII-XV; en su mayoría, se refieren a la navegación: corsario, avería, bonanza, piloto, mesana, etc. Otros son: embajada, atacar, escaramuza, lonja, florín, soneto, etc.
En el Siglo de Oro, llegan diversos términos: terceto, infantería, escolta; trinquete, banderola, violón, bronce, pécora, escopeta, macarrónico, bemol, mosaico, remolcar, perfumar, manganeso, cortejar, festejar, pedante, bagatela. En el s. XVIII: adagio, alegro, oratorio, filarmónica, casino, villa, andante, arpegio, maqueta, cicerone, mandolina, acuarela, cámara, etc. En el XIX: terracota, aria, partitura, libreto, batuta, etc.

Americanismos.

El descubrimiento de América, y la permanente relación y convivencia hizo que el español asimilara muchas palabras de las lenguas indígenas que pasan a su vocabulario general. Y es más, algunas se incorporan, a través de España, a otras lenguas, al francés, mahs, chocolat, ouragan, etc.
Del arahuaco, se tomó comején, cayo, iguana. Del taíno: huracán, sabana, barbacoa, hamaca, enaguas, jíbaro, batata, maíz, ají, etc. Del náhuatl: jícara petate, petaca, hule, tiza, chicle, coyote, zopilote, etc.
Del quechua: carpa «toldo», quena «flauta», chiripa «paño grande cruzado entre las piernas», mate, pallador o payador, pampa, puna, llama, vicuña, alpaca, cóndor, papa (su cruce con el antillano batata, dio patata), coca, quina, etc.

Galicismos.
De Francia han pasado en los siglos X al XIII: homenaje, mensaje, palafré (caballo de camino), fonta (deshonor), deleite, vergel, pitanza, fraile, monge, deán, mesón, manjar, vianda, vinagre, ligero, roseñor > ruiseñor, doncel y doncella, linaje, preste, peaje, hostal, bajel, salvaje, tacha.
En el siglo xv dama, paje, galán, corcel, gala, visaje (rostro). En el Siglo de Oro: chapeo, naanteo, servilleta; trinchera, batallón, furríel, ujier, damisela, rendibú, butería, bayoneta, coronel, piquete, rSiuta, jefe, retén marcha, etc.
En el siglo XVIII, con el auge e influencia de Francia en España, entran galicismos como: comandar, arribar (llegar), detalle, favorito, galante, interesante, intriga, modista, rango, resorte, coqueta, polisón, chaqueta, pantalón, corsé, brigadier, retreta, pillaje, etc.
Y en los s. XIX-XX, tenemos: quepis, chal, levita, chambra, chaqué, bretel, burlete, canesú, maquillarse, maquillaje, tisú, piqué, franela, cretona, bebé, biberón, plumier, nicotina, capuchón (de estilográfica), coraje, doblaje, baquelita, begonia; ganga.

Anglicismos.

La incorporación de términos ingleses ha sido intensa en los últimos tiempos, a causa del influjo creciente de las formas culturales del espacio anglosajón.
A partir del siglo XVIII comienzan a entrar los primeros anglicismos en español: dandy, tilbury, club, vagón, yate, túnel, tranvía, bote, confort, interviú, mitin, líder, repórter o reportero, turista, bisté, rosbif, rail, lunch, rifle, tenis, pijama, festival, electrodo, exprés.
Pero, es en el xx cuando, por influencia de los Estados Unidos, están entrando más: conducir (por dirigir una orquesta), sugestión (por sugerencia), excéntrico, objetor (de conciencia), short, bacon, sex-appeal, pick-up (en retroceso frente a «tocadiscos»); offset, slogan, charlestón, pull-over, dancing, jazz, vitamina, cartepillar, side-car, sweater, boy-scout, autocar, puzzle, palace, camping, etc.

Camilo Valverde Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

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