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Violencia en Argentina (XLVII): 24 de marzo de 1976

Carlos O. Antognazzi

Argentina



No fue solamente instaurar una tiranía. Se trató de ordenar el caos que el gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón no podía o no quería ordenar. Esto no es avalar la interrupción del orden constitucional, sino clarificar, a 30 años del hecho, lo que no debe ocultarse: que en el golpe del 24/03/1976 le cupo tanta responsabilidad al gobierno, al arco político en general y a la sociedad, como al ejército. La desaparición forzada de personas comenzó mucho antes del 24/03/76 que hoy se conmemora: la Triple A, organizada por José López Rega, hacía sus negocios enfrentada a Montoneros (PJ) y ERP, y la sociedad era víctima de los atropellos.

Violencia en Argentina (XLVII):

24 de marzo de 1976

No fue solamente instaurar una tiranía. Se trató de ordenar el caos que el gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón no podía o no quería ordenar. Esto no es avalar la interrupción del orden constitucional, sino clarificar, a 30 años del hecho, lo que no debe ocultarse: que en el golpe del 24/03/1976 le cupo tanta responsabilidad al gobierno, al arco político en general y a la sociedad, como al ejército. La desaparición forzada de personas comenzó mucho antes del 24/03/76 que hoy se conmemora: la Triple A, organizada por José López Rega, hacía sus negocios enfrentada a Montoneros (PJ) y ERP, y la sociedad era víctima de los atropellos.

Preparación

El 25/05/1973 asume Héctor Cámpora como Presidente. Al día siguiente firma la ley de amnistía, por la cual son liberados unos 2000 guerrilleros, y se suprime la Cámara Federal Penal. Es uno de los primeros pasos hacia la barbarie: hasta ese momento los guerrilleros estaban presos, no desaparecidos. Los liberados son, entre otros, los que semanas más tarde (20/06/73) provocarán la masacre de Ezeiza, “festejando” el retorno de Perón al país. Días después Perón y su esposa eran Presidente y Vice respectivamente. Perón muere el 01º/07/1974, y María Estela asume como Presidenta. Autoproclamada «la mujer del látigo», es inculta, autoritaria y de una incapacidad intelectual sobrecogedora.

El decreto 261, por el cual ordenaba al ejército «neutralizar y/o aniquilar» a la subversión, y con el que se puso en marcha el “Operativo Independencia” en Tucumán, con 5000 efectivos, fue firmado el 09/02/1975, más de un año antes del golpe. Este decreto fue suscrito por López Rega, Carlos Ruckauf e Ítalo Argentino Luder. Los decretos 2770, por el cual se crea el Consejo de Seguridad Interior, 2771 y 2772, son del 06/10/75. En el 2772 se ordena «aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país». Firmaron estos decretos Luder, Ruckauf, Antonio Cafiero, Federico Robledo, Aráoz Castex, Vottero y Emery. Estos decretos crearon la oportunidad para que se incursionara en el delito con el visto bueno del Gobierno, que no controló, investigó o ejerció poder alguno sobre el Ejército.

La Directiva del Ejército 404 es del 28/10/75. Es un memorando que el Ejército distribuye en 24 copias secretas donde define al enemigo y a las fuerzas amigas, divide las zonas de acción en orden de prioridades y, en el punto 4, titulado «Misión del Ejército», establece «aniquilar las organizaciones subversivas». Es decir que con posterioridad a los decretos emanados del Gobierno el Ejército utiliza la misma palabra: aniquilar. Cuando Cafiero fue llamado a declarar como testigo durante el juicio a las juntas en 1985 dijo que el Gobierno no pretendió que se faltara a las leyes. Sin embargo él mismo firmó el decreto 2772 en donde ordenaba la aniquilación de los subversivos en todo el país. La palabra «aniquilar» tiene un significado preciso para el ejército, y María Estela, como comandante en jefe de las fuerzas armadas, y los demás miembros de su Gobierno, no lo ignoraban.

El informe de la Conadep, Nunca más, reconoce 600 desapariciones previas al 24/03/76. En realidad esas desapariciones fueron más de 900, según se desprende de la causa 4725/97 radicada en Juzgado Federal Nº 3, secretaría Nº 6, Capital Federal, que inicia el doctor Florencio Varela el 23/05/1997. Es una denuncia contra el juez Rodolfo Canicoba Corral y el fiscal Eduardo Taiano por no investigar las desapariciones previas al 24/03/76, que Varela enumera y que figuran en el Nunca más.

Eduardo Rabossi, secretario de Estado de Derechos Humanos de Raúl Alfonsín y miembro de la Conadep, reconoció que ésta «tuvo información sobre 19 casos de desaparición de personas en 1973, 50 en 1974, 359 en 1975 y 549 en el primer trimestre de 1976» (cfr. Javier Vigo Leguizamón. Amar al enemigo. Pasco, Buenos Aires, 2001. p. 230). El gobierno peronista nunca investigó estas desapariciones, y tampoco el radicalismo, que recién lo hace desde el simbólico 24/03/76.

El 27/02/76, en el Congreso, el “Grupo de Trabajo” (una escisión del PJ) votó en contra del juicio político a María Estela. También lo hizo Luder. El juicio podría haber cambiado la Historia. También hubiera cambiado si se esperaba unos meses más, ya que María Estela se había comprometido ante Ricardo Balbín (UCR) para convocar a elecciones y no presentarse como candidata. Balbín era el nexo que procuraba evitar el desastre. Comunicó a la oficialidad la noticia, pero el almirante Massera le dijo que no alcanzaba y que ya era tarde.

Un mes antes (24/01) la Iglesia tomaba distancia hipócritamente con Monseñor Tortolo, diciendo que no efectuará una convocatoria multisectorial porque «no está para eso». El 16/03/76, en un discurso por cadena nacional, Balbín dice que el problema es la desunión de los argentinos, y que hay soluciones, pero que él no las tiene. Aludía al partido gobernante, la subversión y el ejército. Quien eligió ignorar lo que ocurría fue el vicepresidente primero del PJ, Deolindo Bittel, entonces gobernador del Chaco, quien el 21/03/76 negó la posibilidad de un golpe. Tres días después Videla era Presidente.

Veinte años antes, el 31/08/1955, Perón había sentado las bases de la barbarie: «¡Cuando caiga uno de los nuestros, caerán cinco de los de ellos!» (...) «aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas o en contra de la ley y la Constitución ¡puede ser muerto por cualquier argentino!» (...) «veremos si con esta demostración nuestros adversarios y nuestros enemigos comprenden. Si no lo hacen... ¡pobres de ellos!» (cfr. Félix Luna. El día del famoso discurso del “5 por 1”. La Nación, 31/08/05. Tapa y p. 09). ¿Esta libertad para “interpretar” la ley no fue la que luego implementarían la Triple A, la subversión y los militares? Fue la Triple A quien inició la metodología de secuestros, torturas y asesinatos. Luego, los militares la perfeccionarán con saña.

Las condiciones para el golpe fueron construidas con la anuencia del Gobierno democrático: el peronismo apuntaló a María Estela, la oposición no supo convencer, y el terrorismo era una provocación constante para los militares. La provincia de Tucumán estaba en manos de la subversión, que controlaba las rutas de acceso y “cobraba peaje”. Este apoyo desde la política, la ciudadanía y la democracia es una de las lacras que los argentinos arrastramos y de la que aún no nos hemos recuperado, como ejemplifican los recuerdos parciales que se siguen haciendo. La ciudadanía, que vivía en la zozobra económica (en 1976 la inflación fue del 444 %), política y social, entrevió en el golpe un principio de orden. Habían fracasado la política y la sociedad. Todos los sectores han realizado su autocrítica, menos los políticos y los subversivos, que fueron sus gestores inmediatos.

El Proceso

Los militares que propiciaron el golpe no evaluaron que el acto ilegítimo con que se hacían del poder los envilecía y volvía parte del caos que criticaban y pretendían corregir. No comprendieron que al utilizar los métodos de la subversión y sus “principios” se equiparaban a ellos. Instrumentar la violencia para terminar con la violencia es una falacia que pagó toda la sociedad. Tampoco supieron ver el magnífico argumento que le brindaban al peronismo, que desde entonces pudo enarbolar el estandarte de haber sufrido un golpe de Estado, y justificar así, por cínica comparación, las tropelías que cometieron durante los años previos, y mantenerse posicionado para los años venideros. La proscripción y los golpes sufridos son dos caballitos de batalla del peronismo, que les ha otorgado buenos frutos.

La debacle se inició con Cámpora, siguió con Perón, María Estela y López Rega, y se definió con los militares golpistas. Antes que un proceso de reconstrucción nacional, como pomposamente llamaron a la carnicería que continuaban, fomentaron un proceso de desintegración de lo poco que todavía quedaba en pie. La conducta de Videla, Massera y Agosti, y sus seguidores castrenses, fue la de cualquier dictador: la idea mesiánica de que por sus manos pasaba el bienestar de la patria, y que ese presunto bienestar coincidía con la eliminación física de otro que, por causa de esa misma idea bipolar primaria, había sido convertido en enemigo.

En 1977 Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos, envió a Buenos Aires a Patricia Derian, subsecretaria del Departamento de Estado para los Derechos Humanos, que recibió denuncias y las hizo conocer fuera de Argentina. Sin su ayuda todo habría sido peor.

Deseosos de propaganda y apoyo popular, los militares consiguieron traer el Mundial de Fútbol 1978, y terminaron de endeudar al país. Todavía pueden verse en Capital Federal los muñones de las inconclusas autopistas de Cacciatore. Ernesto Sabato apoyó al totalitarismo hablando de las bondades del deporte (después, curiosamente, presidiría la Conadep). Tuvimos la suerte de ganar ese Mundial (victoria luego envilecida por transcendidos de arreglo con el seis a cero contra Perú), pero el fervor popular pasó y el Gobierno buscó otra estrategia.

Se dijo que el general Leopoldo Fortunato Galtieri estaba ebrio cuando ordenó tomar las Islas Malvinas. Es probable. No se entiende si no cómo desoyó las advertencias de Estados Unidos: si elegíamos las armas, no nos apoyarían. Por suerte perdimos esa guerra, pues ganamos la libertad: hecho infrecuente, le debemos la democracia a Margaret Tatcher.

Cuando Luder fue llamado a declarar, luego de reinstaurada la democracia, balbució que María Estela no había querido decir lo que ordenó con todas las letras, tratándose de un decreto. Como Cafiero, argumentó “inocencia”. La Historia fue benigna con ellos: Luder disputó con Alfonsín las elecciones de 1983, y la ex Presidenta se radicó en Puerta de Hierro, Madrid. Durante años, luego de la barbarie que la tuvo como referente, fue consultada por los sucesivos líderes peronistas, como si fuera una pitonisa o como si una palabra o un gesto suyos pudieran ungir al candidato. Todos buscaban su apoyo para auparse al líder extinto. Esa anuencia servil y necrófila define nuestra idiosincrasia. También se define con los apoyos que tuvo el proceso militar.

Ninguna dictadura se sostiene sin el apoyo del periodismo, las instituciones y la sociedad. Desde el comunismo al socialismo, buena parte de la intelectualidad considerada de izquierda callaron o, peor, le dieron voz a la ignominia. Dice Juan José Sebreli en un artículo medular y elusivo (Claroscuros de una época al borde del abismo. La Nación, Enfoques, 19/03/06, p. 03) que «los dirigentes comunistas Fernando Nadra y Athos Favba, junto con Simón Lázara del Partido Socialista, intervinieron en foros internacionales explicando las diferencias entre los militares argentinos democráticos y Pinochet». ¿Cómo sorprenderse entonces que todos los partidos de izquierda apoyaran y proclamaran “antiimperialista” a la guerra de Malvinas? ¿Cómo entender que el pintor Antonio Berni, de filiación comunista, apoyara la candidatura de Massera cuando intentó formar un partido?

El servilismo, en ocasiones desorientado, anidó también en la sociedad, que acuñó una de las frases más cínicas, por algo será, para exculparse por silenciar lo que ocurría. Hay que tomar al golpe como un proceso complejo que para muchos fue preferible a la anarquía de los gobiernos civiles previos.

Hoy

Con Alfonsín se inició una etapa inédita. Por primera vez un presidente se animaba a enjuiciar a las juntas militares. España no lo hizo, y llegó hasta el Pacto de la Moncloa. Tampoco lo hicieron Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Bolivia, Perú. Argentina lo hizo a su manera: con errores. Se le criticaron a Alfonsín las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que impidieron avanzar sobre la totalidad de los involucrados. Ahora la justicia revisa esas leyes y debe procurar esclarecer lo ocurrido antes del 24/03/76.

Carlos Menem decreta los indultos el 28/12/1990. Llevaba poco más de un año como Presidente. La política seguía sin encontrar el rumbo de la decencia.

La decisión de Kirchner de declarar feriado (fiesta, según la etimología) al 24/03 fue criticada por un sector representativo de la izquierda, como Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas. Apoyaron a Kirchner las agrupaciones de izquierda que reciben estipendios gubernamentales. Algunos opinan que no puede tomarse como día de fiesta la conmemoración de un golpe de Estado. Otros, que con un feriado se lo podrá recordar mejor. Pero la costumbre enseña que todo feriado es fiesta, al punto que desde el mismo Gobierno se han instaurado ciertos feriados móviles para que se pueda disfrutar de un fin de semana largo, independientemente de la conmemoración. Que en este caso el Gobierno establezca un feriado inamovible no disminuye la sensación de que podría derivar en jornada de fiesta. La memoria no es un atributo argentino. Nada indica que un feriado permitirá evocar mejor la barbarie. Antes bien, puede ser una forma de ocultar la barbarie previa al golpe, y seguir negando así una parte de la Historia.

Como dice Carlos Altamirano, «conviene no olvidar a esa Argentina de corazón ligero, que repetidamente marcha hacia el abismo confiada en que lo mejor puede nacer de lo peor» (cfr. Clarín, Revista Ñ, 18/03/06, p. 15). Al declarar este feriado, Kirchner resalta que fue un gobierno peronista quien sufrió el golpe de Estado. Elige olvidar que al golpe lo sufrió todo el país, y no solamente su partido. Por eso acierta Rodolfo Terragno cuando hace notar que en Francia se celebra el fin de la ocupación nazi y no su comienzo.

Lo que hace falta es instaurar una jornada de reflexión en las escuelas, para que aquellos que no vivieron el horror sepan que en este país, hace pocos años, hubo argentinos que torturaron, asesinaron y ocultaron cuerpos de otros argentinos porque pensaban diferente, y cómo una sociedad con democracia e instituciones débiles puede apoyar la barbarie como principio de orden. Eso es lo importante, y no decretar un feriado más en un país que, por sobre todas las cosas, necesita trabajar y esforzarse para salir del atolladero.

Escribir es un acto de resistencia. En ocasiones, publicar también. Vale recordar que Boris Spivacow, del Centro Editor de América Latina, siguió publicando libros durante el proceso. La policía quemó muchos de ellos, pero las ideas y la dignidad permanecieron.

© Carlos O. Antognazzi

Escritor.

Santo Tomé, marzo de 2006.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 24/03/2006. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2006.

Este artículo tiene © del autor.

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