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EL DIA ETERNIDAD

Adrián N. Escudero

ARGENTINA



EL DIA ETERNIDAD

A la Trascendencia. En especial, a los que esperan en Ella...

(Después del destierro, se durmió en la enorme, grande morada. Desplegó su cuerpo inverosímil, abiertamente mutilado al despojárselo de todo atributo, y, conturbado por las consecuencias de una rebelión infiel, se ovilló como un recién nacido mientras maldecía su suerte. Había un continente de fuerzas contracturándolo de lleno, y un vacío abismal ahuecando sus entrañas. Pobre ángel caído...).

Tal vez fue allí cuando lo vio, imaginó o soñó.

Era un hombre alto, vaporoso y desnudo, emergiendo nítido por delante de una densa atmósfera de criaturas, por él, desconocidas ahora...

Aquel lugar, no obstante, le pertenecía; o le había pertenecido. Y no había como Abajo cemento pegoteando la superficie dura, negruzca, volcánica y concentrada que los Otros llamaban tierra: tampoco aceros y plásticos en forma de cubículos y sendas, puentes y diques, telarañas de cables y de ondas circunvalando todo. No. Era el sitio solitario y sin tiempo que, con el paso de una idea omega, estaba prometido a los Otros ser la Ciudad de los Hombres Desnudos.

Y estaba claro que el Hombre Alto lo habitaba hacía muchos pensamientos; pensamientos sin medida, varados en el centro total de lo viviente. Y que su sola presencia lo había arrojado fuera, sometiéndolo a la cueva infame donde se corporizaba el caos de una traición.

Lo maldijo brutalmente.

El Hombre Alto y Desnudo pareció aproximársele; entonces, se ovilló con furia cerrando los ojos a todo vestigio de la purísima luz que irradiaba el Enemigo.

Presintió sin embargo su mirada serena detenida en la Idea más poderosa jamás concebida: el Universo.

De pronto, una explosión terrible -debajo de la Idea- lo estremeció aún más, y sus ojos se unieron a los ojos de Aquel que los agigantaba en un rostro hierbado y fresco, indefinidamente joven, lánguido e incoloro. También a sus cabellos, como lluvia sobre hombros marcados por una cruz.

Y le vio sorprenderse: al Enemigo, mágico y eterno. Sorprenderse de sí mismo.

Y se agitó en las profundidades de la cueva.

Sostuvo la imagen a pesar del rechazo ominoso que le ocasionaba, alentando en su ser la gestación de energías inauditas y coherentes al caos corporizado por el nuevo hábitat.

Y le vio inmóvil en el sitio justo para la Observación Final...

Fumarolas delicadas y tenues que brotaban y morían sin prisa, ocultaban a veces su apariencia enhiesta en aquel lugar sagrado.

Los brazos, desmayados, como avalando resignadamente el suceso apocalíptico desatado en la Idea.

Entonces, un súbito movimiento marcó el horizonte de un racimo de cósmica destrucción, y unos finísimos dedos señalaron el sector donde se había producido.

El Hombre Alto, Desnudo y Enemigo, apagó la fuerza de sus ojos, como deseando eludir -sin conseguirlo- la inesperada duda que, aquello que ocurría en lo Alto y Bajo de la Idea, estaba despertándole.

Como hechizado, le vio sorprenderse por segunda vez. Sorprenderse de sí mismo. Y como un rocío de esencias amargas, de los ojos, caer...

También él se sorprendió ante la duda del Enemigo. Y soltóse un poco de las ataduras del aborrecimiento que no cesaba de manar de su cuerpo degradado.

El Hombre Desnudo miró luego sus pies, y nos los vio. Turbada la serenidad de su mirada, fueron como extraviados bagajes de un naufragio tras la cálida densidad de la bruma que lo envolvía...

Y alzó la vista abarcando los límites de lo sin límite, y, por tercera vez, se turbó.

Tres fogonazos sucesivos más abrieron, junto al primero, capullos de sangre y agua (costado herido) a izquierda y derecha, y otros tantos sectores desaparecieron de súbito entre espasmos de materia viva.

Y todos los Nortes y Sures, y Estes y Oestes, desaparecieron.

Se difuminaron cruentamente siete las historias que relataban, a modo de parábolas y en el espacio tiempo del Big Bang (Génesis), la creación del Cosmos o Primavera de la Existencia...

Se esfumaron las siete historias que remitían, a modo de parábolas y en el espacio tiempo del Big Bang (Génesis), al fluir de la Vida o Vino del Estío(Verano) de la Existencia humana...

Se disolvieron las siete historias que expresaban, a modo de parábolas y en el espacio tiempo del Big Bang (Génesis), las cruces de la Vida u Otoño de la Existencia...

Se evaporaron las siete historias que aludían, a modo de parábolas y en el espacio tiempo del Big Bang (Génesis), al destino trascendente del Hombre bajo el signo de la Esperanza...

Y antes del suspiro extremo, recordó su paso despojado, humilde y paciente, por lejanas heredades en tierras de un millón de Jordanes multiplicados en las estrellas de la Idea, eternizando su estremecimiento crucificado...

“Todo se ha cumplido”, volvió a repetir. Y volteó la cabeza, y navegó la Barca de su cuerpo resurrecto y glorificado hacia el dueño de la Mies.

Abajo, alguien tuvo escalofríos de muerte mientras dormía. Y un sudor de hiel se derramó en su boca.

Cuando levantó la frente, pudo distinguirlas.

Giró su místico contorno y abrazó con ternura a dos figuras de nube que, a pocas ideas de allí, le miraban con angustia sufrir...

Él, como cuando el templo extravió su conciencia en Jerusalén.

Ella, como al pie de la cruz donde gestó el Amor eterno para los Ellos.

El otro, como cuando aprendía su oficio de carpintero y ebanista.

Serenos y majestuosos, sus Amigos del Principio contemplaron en silencio los estertores del fin.

Y pensaron en lo vivido en tantos planetas llamados Tierra como inteligencias Él había querido sembrar en la Idea. Y meditaron lo que antes no habrían podido pensar ni meditar en Aquel lugar sin horas ni medida, donde todo parecía consumado.

Sin embargo, estando los otros por llegar, la duda se tornó en mutuo interrogante, y les ungió la inteligencia con el óleo de la perplejidad, y les cavó en el corazón la certeza de qué, éste, era el Día...

El sufrimiento del que moraba Abajo se elevó al máximo cuando imaginó la voz del Uno pronunciando la palabra “Hijo”.

Grave y segura, la voz de truenos y cenizas habló de las columnas de Ellos que venían hacia lo Alto como esquirlas vivientes de la Obra del Ángel Exterminador. Sí, todo estaba preparado para la Gran Asamblea y un nuevo Reino por fundar en el alfa de la trascendencia.

Y un impresionante cortejo de orantes y silentes, se acercaron lentamente hasta Él...

El trueno vibró de nuevo como un eco, y dijo que había sido difícil arrancar de los Ellos las durezas forjadas por la Soberbia, la Desidia y la Vanidad, con que habían vulnerado los dones de la inteligencia, voluntad y libertad con las que habían sido creados a imagen y semejanza del Uno. Que unos Guías los conducían al lugar de reunión. Guías semejantes a los Ellos pero con alas de nieve de un millón de planetas y trompetas del oro de un millón de soles...

Y fue un susurro el que inició el definitorio diálogo entre los tonos del sonido que persistía en auscultar las distancias en busca de rezagados.

El Uno planteaba los fundamentos de la Misericordia final. El Otro, llamado Hijo, el de ésta pero acompañada por la Justicia (porque era necesario cumplir lo pactado en ambas Alianzas, separando el trigo de la cizaña, convirtiendo en pan a aquél y en polvo a ésta). Y la columna de cantos y silencios tembló a la distancia sin lejanía, como una sola Alma. Y quedó marcada por un gesto firme. (Y hubo llantos y rechinar de dientes).

Mas una pausa sólo percibida por quienes comprendían las normas de aquel lugar, preparó la siguiente reflexión: “¿Es que acaso no había sido ésa la forma (la dura prueba) por la que algunos (muchos) pudieron ser felices desde siempre? ¿Amando como estatura del dolor, con la misma intensidad del Crucificado?”, insistiría Alguien coronada de Estrellas en connotación indescifrable.

Y la voz de truenos y cenizas mediría la intensidad suplicante de su joven interlocutora, asentida en su interrogante por el Cordero Inmolado, y sonreiría como aceptando la proposición...

Y otra vez la eterna quietud de una pausa mensajera, permitiendo al sonido ungir plenamente a la Idea con la Palabra.

Los Ellos, desnudos y cabizbajos, escucharon las voces mediadoras, y también la del Apóstol de los Gentiles con flautas y clarines proclamando que, si los Justos habían vivido en el Amor para dar con Él la Vida; y, por eso, por lo algo de bueno que hubo en cada Ello a causa de la preeminencia del Amor que no abandona, y que es paciente y servicial y no envidioso, que no hace alarde ni se envanece, que no procede con bajeza ni busca su propio interés, que no se irrita ni tiene en cuenta el mal recibido, que no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad, y que todo lo disculpa, lo cree, lo espera y lo soporta, y que no pasará jamás..., entonces, quizá entonces, el Uno, Señor de Todo y de Todos, podría contemplar la posibilidad de incluir a Todos en el Todo, es decir en Su herencia prometida.

Que los educados en la Misericordia y la Justicia no dudarían en sufrir aún durante el estrecho y breve sendero sin distancias ni lejanías que restaba para arribar al Trono, a fin de rescatar del Fin a los trocados en instrumentos de lo malo por la astucia del Malo.

Que, de ese modo, de soledad moriría en el Infierno quien en él espera vanas e impropias pleitesías...

Y todo sería Vida, dijo Alguien. Y todo sería Vida, repitió el Cordero. Y todo sería Vida, corearon los Ángeles...

Las columnas de Ellos apresuraron su marcha. El Reino estaba a un paso. Y los Guías habían percibido el fallo alentador pronunciado por el Uno. Pero no dijeron nada.

Cuando alcanzaron a divisar las torres de la Jerusalén Celestial, las columnas se detuvieron. Una fiesta de luz los acogía... Y todo fue Vida en el Todo. Y todo fue Vida para Todos.

(Pero los Amigos del Principio se habían ido. Pues nunca habían estado donde pudieron estar, ni pensaron ni meditaron ni decidieron lo que pudieron murmurar... Aunque antes, una llama de fuego aleteara sobre cada uno de los Ellos y un registro armónico entonara los acordes del Día Eternidad... Porque el que penaba soñando pesadillas en la cueva, despertó. Había inventado el Miedo entre los hombres, y nunca más volvió a dormir).-

ADRIÁN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina), Mayo de 1988. Texto ajustado: 16-07-2005.

Su versión original integró la primera edición del presente Libro “Breve Sinfonía y otros cuentos” (Ediciones Colmegna S.A. - Santa Fe (Argentina), Marzo de 1990), págs. 25/29.

El texto ajustado fue incorporado al Libro Antología Fantástica “Nostalgias del Futuro” (Inédito. La Botica del Autor - Santa Fe, Argentina, 2005).

P.-S.

ADRIAN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina). Breviario curricular: Nacido en SANTA FE (ARGENTINA) (1951) - Autor de los libros de cuentos editados: “LOS ULTIMOS DIAS” (1977); “BREVE SINFONIA Y OTROS CUENTOS” (1990) y “Doctor de Mundos I - EL SILLON DE LOS SUEÑOS” (2000); continuado en saga con “Doctor de Mundos II - VISIONES EXTRAÑAS” (Inédito, 2005) y “Doctor de Mundos III” - LOS ESPACIALES (en desarrollo); así como, entre otros, de los libros de cuentos inéditos: “NOSTALGIAS DEL FUTURO” - Antología Fantástica (Ficción científica) (La Botica del Autor, 2005); “MUNDOS PARALELOS y Otros Cuentos para un Semáforo” - Colección de Realismo Mágico (La Botica del Autor, en desarrollo); “DESDE EL UMBRAL - Terrores Cotidianos y de los otros” - Colección de Horror (La Botica del Autor, en desarrollo); LA TORRE DE LOS SUEÑOS (Y LOS SUEÑOS DE LA TORRE) (La Botica del Autor, en desarrollo), y “EL EMPERADOR HA MUERTO y Otros Relatos” - Colección de Realismo Mágico (La Botica del Autor, en desarrollo); todo sobre relatos inscriptos bajo registro en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio de Justicia y Culto de la Nación). Domicilio particular: Obispo Gelabert 3073 - (3000) Santa Fe (Argentina) - Te.: (0342) 455-4811 - E.mails: anescudero@gigared.com y adrianesc@hotmail.com.-

Este artículo tiene © del autor.

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