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METAMORFOSIS

Dedicado a Harmonie

César Rubio Aracil

España



Algún día, cuando la Tierra haya dado unos cuantos millones de vueltas alrededor del Sol, hombres y mujeres seremos tan inocentes como el tao.

 

Aunque la vida, inevitablemente, en ocasiones varía su curso de manera insospechada, y a veces queda estancada para desgracia de quien ha de soportarla , tanto la mujer como el hombre llevamos incorporado en los repliegues del alma al infante que nos dio vida al nacer. Podrá, en un momento dado, prevalecer el adulto; pero nunca el niño o la niña quedará huérfano, porque hasta en el filo ensangrentado de la navaja asesina, gimiendo o sonriendo de un modo maligno, tiene los ojos abiertos. Tú, Harmonie, aún te sientes niña; a veces, como todos en este mundo, un poco niño. Yo, con bastantes más años que tú a mis espaldas, todavía alguna vez balbuceo ante una flor. Ambos, en definitiva, con muñecos de trapo o con arlequines haciéndonos gozar y sufrir, nos sentimos inocentes. A ti, por ejemplo, te engañó un falso editor; a mí, verbigracia, me han engañado: el amor, la pasión, la confianza en el ser pensante, algunos amigos y amigas a quienes en su tiempo adoré... ¿Por ser niño? ¿Por ser tonto? Tal vez por lo segundo, puesto que nuestro niño/a nunca se deja engañar. ¡Ay, si le hiciésemos caso cuando nos avisa de tantas cosas horribles que nos suceden después de haberle desatendido! Lo que no creo que pueda eludirse es la metamorfosis del niño o de la niña, porque todo, amiga Harmonie, se transforma. Ahora mismo, mi niño se solaza jugando ante el ordenador, y hace unos instantes, convertido en niña (yang dando paso a yin), jugaba con un semillero para arrancarles vida a unas simientes de crucíferas (Raphanus sativa), cuyo nombre vulgar no me atrevo a escribir por aquello de evitar la lógica hilaridad en el posible lector o lectora. ¿Te das cuenta? Si yo hubise hecho caso a la niña que hace unos momentos jugaba a ser bruja con la vida vegetal, no tendría ningún inconveniente en traducir al español actual el latinajo encorsetado entre paréntesis. Mas ahora es  yang -apartado de la complementariedad del tao- quien domina mis instintos. Es cierto que el diccionario puede resolver el asunto; pero, mientras se consulta la traducción, la risotada pierde vigor. Es decir, entre niño (yang) y niña (yin) existe la  diferencia cultural que apreciamos en el comportamiento del hombre y la mujer. Ambos, siguen siendo infantes; ambos, por supuesto, inocentes, aunque distintos. No obstante, cuando yin o yang juegan el adulto no se percata de su masculinidad o de su feminidad. Es lo que "es" en esos instantes (niño o niña) y entonces, sí, la inocencia habita su personalidad asexuada.

          No sé si por haber leído tus obras o por sentirme próximo a tu manera de pensar, el caso es que te compraría la niña que llevas dentro de ti, Harmonie, atada a tu psique con el cordón inconsútil de la inocencia. Porque entonces, libre de prejuicios, no tendría inconveniente alguno en confesar que acabo de plantar unas semillas de rabanitos.

          Gracias, amiga, por haberme dedicado tan hermoso artículo.

Augustus.

Miembro del grupo

Escritores Castellano-manchegos y de La Mediterranía. 

Alumno de Metáfora.

Este artículo tiene © del autor.

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