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DESEO INSISTENTE

MUESTRA POÉTICA DE "ANDALUCÍA, ESTOICA SOBERANA"

Camilo Valverde Mudarra

ESPAÑA



DESEO INSISTENTE

Granada,
Mocita de frescas rosas
Torre dorada.

Vega verde, blanco cielo.
Luz, mar y nieve engarzada.
Si me hallas quizá lejos,
presto llévame a Granada.

Alhambra y Albaicín
fronda verde, faz salada.
Planto de versos mi jardín
para soñar en Granada.

¡Viejo Darro, raudo Genil!
¡Qué fresca el agua mana!
Yo quisiera estar inmerso,
fundido entero a Granada.

Granada Sultana,
Rosita serrana.

GRANADA

Granada y laurel
¡Ay su risa
de sol y clavel!

Laurel y Granada
¡Ay su risa
de mora gitana!
Suspira y calla
¡Ay su brisa
de nieve y playa!
Laurel
¡Qué bien soñaba
el ciprés!

Granada
en sus colinas
rosada.

Granada y Genil
¡Ah el Darro
de talle gentil!

Genil y Granada,
misterio sutil,
sultana nevada.

GRANADA

Granada es diosa en cármenes de rosas
que su amor, por acequias cantarinas
de lunas blancas, brinda en danzarinas
miradas de inquietudes amorosas.

Rojas torres la guardan sigilosas
al arrullo de frondas saltarinas
que, con rizos de brisas nacarinas,
refrescan sus estancias misteriosas.

Su imagen pura, apenas entrevista,
que, con rubor, esquiva recató,
me obnubiló y prendó de su hermosura.

Sin ella, mi alma gime desprovista;
asida a su mirada, se quedó
y, desde entonces, pena de amargura.

SOBERANA

Granada, de quereres soberana,
por las verdes acequias de arrayanes,
desgrana los suspiros de galanes
en sus lunas moriscas de sultana.

Absorta en su labor de filigrana,
tras cortinas, trabando los hilvanes
con hilos de agua, labra tafetanes
que envuelven sus hechizos de gitana.

En su imagen henchida de fragancias,
se desvela el embrujo misterioso
que paulatino exhala su prestancia.

Adornada de porte prodigioso,
embriaga con tan lúcida elegancia
que introduce en deleite delicioso.

LA ALHAMBRA

Es la Alhambra princesa misteriosa
sitiada por devotos pretendientes;
la abruman de requiebros tan ardientes
que, tímida, se oculta silenciosa.

Su incisiva mirada brilla airosa,
prendida en sus ojazos complacientes,
al rumor de arabescos relucientes
ebrios de sol en brisas armoniosas.

Doncella recatada, con finura,
encubre su elegancia recoleta,
reservando discreta su hermosura.

Al arrebol, se adorna muy coqueta,
y, vistiendo de aromas su ternura,
sólo espera el abrazo de El Veleta.

ASEDIO

Es la historia del asedio
que dura ocho siglos largos.
Desde el momento remoto,
que constructores pigargos
en la loma de Sabika,
iniciaron sus asaltos,
la Alhambra resiste embates
de ambiciosos manilargos.
Reyes Árabes, judíos,
guerreros y lombardos,
prosistas, poetas, turistas,
políticos goliardos,
han pretendido el último
bastión del Genil y el Darro,
símbolo de la belleza
de Granada y del garbo.
El Monumento Nazarí,
por millones visitado,
una de las maravillas
del presente y del pasado,
es juguete de políticos,
de la Junta o del Estado;
hay quien opina que está
por la Junta secuestrado.
Postal fiel del Albaicín
y del Sacromonte ha hallado
todo aquel que desde allí
ha mirado y ha soñado.

DUEÑO DE LAS CUMBRES

El Veleta alto dueño de la cumbre,
cano, en el cielo, clava su vigencia
y, en su mano, doblega con solvencia
los vientos al albur de su costumbre.

Las nubes sabias pintan de relumbre
sus nítidas espaldas de opulencia
y donan níveos dones de asistencia
que reparte con noble mansedumbre.

Las vegas recostadas en el llano
reclinan sus retoños florecientes
que crecen al amparo del anciano.

Los trigos de esperanzas renacientes
despliegan, con las brisas de su mano,
su pletórico manto en las vertientes.

VIEJO SEÑOR

Viejo señor de rígidos modales
es del cielo ministro providente;
leal recoge, en despensas eminentes,
los nítidos recursos ancestrales.

Presto danzan, atentas a sus guiños,
brisas verdes de azules resplandores;
rojos los soles, canos los albores,
le roban su arsenal de tenue armiño
émulos de rebeldes y traidores.

Su barba cana cubre de caricias
el pecho de la vega en los calores;
vigilante y propenso a los favores
renueva las cosechas con pericia,
para acopiar las huertas y las flores.

EL VELETA

El Veleta, de estirpe preeminente,
por su alteza, luciendo manto cano
declara, con el sol, su amor serrano
a Granada, su amada permanente.

Por medio de la brisa pertinente,
la abruma con reclamo soberano
que manda con empeño veterano
en misivas de viento prominente.

Ella, blanca de sol y muy coqueta,
en silencio, las guarda sigilosa
en su pecho de virgen recoleta.

Con reserva, lo mira con discreta
argucia y se mantiene en orgullosa
espera de una prueba más concreta.

CAMILO VALVERDE MUDARRA

Este artículo tiene © del autor.

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