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LA LITERATURA APOCALÍPTICA

Camilo Valverde Mudarra

ESPAÑA



La literatura apocalíptica se puede decir que es ignorada

LA LITERATURA APOCALÍPTICA

Camilo Valverde Mudarra

Para muchos lectores cultos, la literatura apocalíptica se puede decir que es ignorada; y entre los profesionales ha estado bastante marginada y postergada, recientemente va ocupando su importancia.
La apocalíptica, los llamados Apocalipsis hacen su aparición y tienen su vigencia desde el siglo II a. C. hasta el s. I d. C.; pudo tener algunos antecedentes anteriores al s. II (a. C.), y alguna manifestación posterior al s. I. Después se extingue y desaparece. Coexiste por el tiempo de la Apocalíptica otra literatura de características diferentes. Literatura intertestamentaria, o literatura de la última época del judaísmo, que puede o no ser apocalíptica. Lo más específico de la literatura apocalíptica es que se presenta como revelatoria.
El número de los Apocalipsis es muy crecido. El más extenso, el Apocalipsis de Henoc, es una verdadera enciclopedia de los conocimientos del tiempo incluidos los astronómicos. Son también Apocalipsis, el Testamento de los Doce Patriarcas, el cuarto Libro de Esdras, el segundo Libro de Baruc, la Asunción de Moisés y otros. Y el de S. Juan.
En cuanto al contenido, lo prominente es el carácter revelatorio, o serie de revelaciones (fingidas o reales) hechas por Dios o un ángel a los protagonistas de los libros, Henoc, Esdras, San Juan, Baruc, etc. En general, estos personajes son figuras veneradas del pasado tras las que se oculta el nombre del verdadero autor, la seudonimia. Esta literatura es predominantemente seudonímica. «Apocalipsis» es una palabra griega que significa «revelación».Las revelaciones de estos escritos suelen aparecer, generalmente, en forma de visiones de símbolos en las que se contiene la historia de Israel y su conflicto con las naciones paganas con el triunfo final de Dios en favor de su pueblo; una llamada a la esperanza, al aguante, a la resistencia en medio de terribles opresiones circundantes, por eso, se la ha llamado «literatura de la resistencia», ha brindado al alma judía en tiempos muy difíciles aguante para resistir sin sucumbir en la prueba; es un producto de la historia o de las circunstancias históricas en que surge. Es el enfrentamiento del Bien y del Mal que invade la historia humana abocada, en definitiva, al triunfo de Dios.
El presente deplorable que está viviendo el pueblo de Israel que había visto tiempos gloriosos en el reinado de David, lo sumerge en grandes desventuras: la división del reino por el cisma de las diez tribus; la desaparición del reino del Norte invadido por asiria; el golpe formidable que destruye Jerusalén, el tiempo y la nación, y lleva a un país extraño, los restos desamparados del deshecho pueblo judío. Volverían del destierro a vivir en Palestina, pero para llevar una vida precaria de mísera colonia bajo un poderoso extranjero, Persia, Grecia o Roma. Esta es en síntesis la historia de las desventuras, en un pueblo ferozmente nacionalista.
Había magníficas profecías, pero no se cumplían y la fe del alma judía estaba a la espera del cumplimiento. Oprimidos por los paganos triunfadores y que parecían omnipotentes, los judíos piadosos se preguntaban «hasta cuándo» debía prolongarse la espera de la intervención de Dios para darles la soberanía sobre el mundo, prometida y que parecía una irrisión. Este se puede decir que es el contenido substancial de los Apocalipsis y que explica la síntesis de la predicación de Jesús, predicación de contenido apocalíptico: «Los tiempos se han cumplido. El Reino de Dios llega» (Mc. 1, 14).
2. La razón de la seudonimia. La literatura apocalíptica aparece como revelaciones (fingidas) hechas a un personaje venerando del pasado. El profetismo en Israel había tenido un prestigio de excepción por los verdaderos profetas (del siglo VIII y VII), pero se extinguió como algo del pasado,(y desacreditó) en Israel; se lamenta, no sin cierta nostalgia y se suspira por la aparición del profeta escatológico (cf. Salmo 74). El profeta sería reemplazado por el escriba, perito en el manejo y la inteligencia del libro de la «Ley», como la palabra definitiva de Dios.
En este ambiente surge la apocalíptica. Se comprende que, si había algún «profeta» que se sentía en posesión de algún mensaje, que tuviera que recurrir al anonimato o a la seudonimia. Los que tenían que decir algo (en nombre de Dios como el profeta) tomaron deliberadamente un nombre de fama antigua, anterior a Esdras y pusieron en su boca, el mensaje que querían transmitir, a sus contemporáneos, los reales autores del escrito. La cuestión de la moralidad del procedimiento es de creer que ni siquiera se la plantearon.
Mensaje de la Apocalíptica: La literatura de la resistencia, es una llamada desesperada a la esperanza de la intervención de Dios en momentos de especial crisis o angustia. Y esa esperanza tomó dos formas, colectiva e individual. La colectiva en Israel se cifraba en la raíz davídica mesiánica que sufrió un gran golpe con el destierro babilónico. En la última época del judaísmo, por este motivo surge una nueva línea de espera: Dios directamente efectuaría las promesas. La idea del Mesías davídico era el reino preponderantemente material, de gran religiosidad pero de gran prosperidad material. En esa dirección iban todas las promesas de los profetas. La concepción vinculada a la figura del Hijo del Hombre tal como está entrevista en la Apocalíptica con la resurrección como premio era una esperanza preponderantemente trascendente.
En el judaísmo, antes de Daniel, el sheol tenebroso es el eterno receptáculo de los difuntos, sin distinción moral de buenos y malos. A partir de Daniel, la esperanza se extiende a vida ultraterrena. Fue este un mérito singular de la Apocalíptica, dar este paso decisivo. Para esta afirmación había sido necesaria una fuerte fermentación de ideas en torno del problema de la retribución y que alcanza el paroxismo en el libro de Job. Se precisó también una circunstancia externa que fueron los mártires de la persecución de Antioco Epífanes, que presentaban un gravísimo problema teológico, si no había resurrección. Morir heroicamente por fidelidad a Dios y sin recompensa era el mayor absurdo. De no ser Dios responsable de injusticia, tenía que justificar a sus santos después de su muerte. La crisis macabea trasformó el sueño de Job de una vindicación de su inocencia, aunque fuera después de su muerte, en un dogma.
3. La teología del mal. Es típico de la apocalíptica el profundizar sobre el problema del mal en el mundo, lo que una idea extraña a la esperanza, el elemento generador y unificador de toda la apocalíptica. La esperanza es una liberación del mal. Oprimidos los Apocalípticos por tanto mal del que esperan liberarse mediante una intervención de Dios, no pueden menos, para sostener su fe, que presentar una teodicea. Son monoteístas. No existe más que un solo Dios. ¿Cómo es posible entonces que exista tanto mal en el mundo que parece resistir a Dios como si procediese de un poder autónomo opuesto a Dios?

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Camilo V. Mudarra es Lcdo. en Filología Románica
Catedrático de Lengua y Literatura Españolas,
Diplomado en Ciencias Bíblicas y poeta.

Este artículo tiene © del autor.

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