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2: Sin castigo no hay Estado

Carlos O. Antognazzi

Argentina



En un artículo reciente Diana Cohen Agrest, doctora en filosofía y magíster en bioética, hizo notar la faz “pedagógica” del castigo: «El castigo puede tener poder disuasorio no sólo en los agresores sino en los demás, induciéndolos a rechazar cualquier reiteración de la conducta sancionada» (Sociedad sin límites, jóvenes sin límites. La Nación, 13/04/06, p. 23). Cohen Agrest señala que en la sociedad actual «lo que está fallando es la capacidad inhibitoria de ciertos impulsos, en tanto y en cuanto no hay un mecanismo de inhibición que medie entre el impulso agresivo y el pasaje al acto en que consiste el crimen».

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Sin castigo no hay Estado

En un artículo reciente Diana Cohen Agrest, doctora en filosofía y magíster en bioética, hizo notar la faz “pedagógica” del castigo: «El castigo puede tener poder disuasorio no sólo en los agresores sino en los demás, induciéndolos a rechazar cualquier reiteración de la conducta sancionada» (Sociedad sin límites, jóvenes sin límites. La Nación, 13/04/06, p. 23). Cohen Agrest señala que en la sociedad actual «lo que está fallando es la capacidad inhibitoria de ciertos impulsos, en tanto y en cuanto no hay un mecanismo de inhibición que medie entre el impulso agresivo y el pasaje al acto en que consiste el crimen».

Aplausos

La doctora ejemplifica con el caso de Ariel Malvino en Ferrugem, Brasil, y cómo sus presuntos asesinos se reinsertaron en la vida nocturna de Corrientes capital con el festejo generalizado de sus simpatizantes. Nadie piensa, al parecer, que esas personas a las que festejan pueden haber matado a Malvino. Esos simpatizantes han dado su veredicto antes que la Justicia, y han declarado inocentes a los presuntos culpables. En los códigos de la noche correntina esos muchachos son buenas personas, con dinero e influencias. Y esa vinculación los hace distanciarse de cualquier hecho cruento. Y cuando algún hecho cruento mancha sus vidas, es parte del código de la hombría, y en el ideario colectivo argentino está bien visto. Es decir: no importa cómo caiga la taba, pues para un sector de la sociedad correntina los presuntos culpables seguirán siendo inocentes aún cuando la Justicia determine lo contrario.

Algo similar ocurrió en Córdoba cuando se realizó el entierro del violador serial: fue aplaudido por las personas que concurrieron al entierro, como si estuvieran despidiendo a un héroe y no a un criminal. Como hice notar en su momento (cfr. Del Homo Sapiens al Cromagnon. Castellanos, 14/01/05; El Santotomesino, enero 2005), ese aplauso violó por segunda vez a las 60 víctimas, pues revolvió una herida no cerrada de esas mujeres. Para esas personas que aplaudieron el violador era digno de ser emulado. El criminal se había convertido en un paradigma de la sociedad. O al menos de esa sociedad que lo vitoreaba, deseando parecerse. Nadie señaló este dislate popular, pero es preciso detenerse en él, pues es la rúbrica de la barbarie que está minando la base de la sociedad.

En otras notas me he referido a la idiosincrasia del argentino medio y a la construcción de sus ídolos. Esa iconografía que ostentamos con ciertos programas de televisión y el festejo de ciertas “bromas”, como las cámaras ocultas, que en realidad agreden hasta el límite a una víctima que ignora que está siendo filmada y vista por millones de personas, suponen una patología en donde se confunde humor con violencia. El paradigma de estas cámaras es Marcelo Tinelli, pero hay otros ídolos que alimentan el desprecio y el dejar hacer en la población que los idolatra: Minguito, Maradona, algún periodista como Chiche Gelblung, que no vacila en “construir” noticias para generar raiting.

De tal palo...

Desde el mismo Gobierno se alienta y alimenta esta idiosincrasia. Cuando la ruta a Fray Bentos volvió a ser cortada el 05/04/06, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, declaró: «¿Quién le puede decir a la gente de Entre Ríos que no corte, luego de que las partes pusieron todo para que se destrabara la situación? (...) ¿Cómo le dice a la gente de Entre Ríos que la contrapartida, que la vocación, que la propuesta hasta este momento sea unilateral, sin resultados ningunos?» (La Nación, 07/04/06, p. 07). Para Fernández no importa la línea de conducta del respeto por las leyes, sino que todo queda supeditado a lo que hagan los demás. Es decir que si Botnia detiene las obras 10 días en lugar de 90, como se le pidió, es lícito delinquir. El delito, para el ministro y el Gobierno al que representa, parece serlo sólo si es cometido por los demás, y no por ellos mismos. El delito, para el Gobierno argentino, es tal sólo cuando alguien ataca a ese Gobierno. Pero cuando el Gobierno lo hace se trata de actos legítimos. Esta dualidad es falsa desde su misma génesis: bajo una misma ley un acto no puede ser lícito y delictivo simultáneamente. Pero el Gobierno insiste en no castigar y en amparar el delito. ¿Cómo construir una sociedad civilizada, entonces, en donde la juventud aprenda que hay actos permitidos y actos ilícitos, y que estos últimos reciben un justo castigo?

Incluso Kirchner organiza un evento multitudinario, con la participación de gobernadores adictos (aunque sean de la oposición, otro problema irresuelto del radicalismo), en Gualeguaychú, para mostrar a Uruguay lo unidos que están los argentinos en materia de defensa del medio ambiente. La farsa es una presión que ahonda el conflicto, pues no trata de solucionarlo sino de hostigar a Uruguay frenando los créditos que Botnia y ENCE necesitan para proseguir las obras. Ahora Argentina busca «embarrar la cancha», según expresó favorablemente el diputado peronista Jorge Argüello; la frase señala cuál es el verdadero objetivo del Gobierno.

En el caso de las pasteras que Uruguay construye en Fray Bentos el Gobierno argentino debería hacer responsable de la demanda (que posiblemente nos inicie el gobierno de Tabaré Vázquez) a los mismos piqueteros. Sólo así se podría ejercer la docencia elemental de que quien comete un delito paga por él según lo establece el código penal. Sería lamentable que, de prosperar la demanda, todos los argentinos deban pagar 400 millones de dólares, cuando sólo un grupo de mil personas y 20 ideólogos son los responsables.

El Gobierno está dando a la sociedad argentina una señal clara: el delito es posible si la meta es noble. Es la falacia del fin que justifica los medios. Ningún fin puede justificar un medio espurio. Y aquí se trata de respetar el código y no impedir la libre circulación de bienes y personas dentro del Mercosur. ¿No fue esta una de sus cláusulas? La forma de integrarse es que los habitantes de los distintos países que lo constituyan puedan circular libremente entre país y país. Por eso el pasaporte argentino incluye un mapa del Mercosur. Ahora ese mapa está puesto en discusión por una suerte de boicot interno propiciado por el mismo Gobierno argentino.

Espacio de seguridad

Juan Bautista Alberdi decía que donde falta Gobierno, falta libertad. Parece una paradoja, y quizá lo sea, pero eso no limita su transparente certeza: es la suma de leyes de un Gobierno organizado quien posibilita la libertad de la sociedad que lo forma. La falta de Gobierno, es decir, la falta de leyes, suponen la anarquía: lo contrario de la libertad para todos, porque es sólo una libertad para algunos pocos inescrupulosos que mantendrán sus conveniencias por la fuerza, no con la anuencia de la razón.

De la misma manera, podemos decir que sin castigo no hay Estado: sin el control y la ejemplificación del castigo el Estado desaparece fagocitado por la inoperancia. Sin castigo se llega a la anarquía que prefiguró Hobbes con el Leviatán. No se trata de castigar a tontas y a locas, sino de castigar según la ley y el código. Para eso fueron creados: para permitir que la sociedad disfrute del bien común sin agredir a otros. El castigo supone un límite, y la sociedad necesita límites, al igual que una criatura. Sin límites desaparece la libertad para caer en el fascismo del libertinaje: la falsa libertad.

¿Pero cómo puede haber Justicia si la misma Corte Suprema no respeta el art. 16 de la Constitución Nacional, al negarse a pagar el impuesto a las Ganancias? Lo que hace falta en Argentina es conducta y ejemplos claros, que puedan acompañar a la juventud descreída de la política y la justicia. Pero los pasos que está dando el Gobierno van en sentido contrario: no sólo equivocan el camino, sino que además enseñan que el delito, en ciertas estructuras de poder, es válido y sale airoso. Si el Estado no respeta las leyes que él mismo ha creado se entra en una vorágine de anarquía en donde la razón está del lado del más fuerte y no de la ley.

La ley se inventó, justamente, para equilibrar la barbarie, no para potenciarla. La paradoja Argentina es que aquí la barbarie está bien vista, goza de buena salud y es alentada desde el Gobierno. El acto que Kirchner organizó en Gualeguaychú es un paso más en la misma senda autista.

Se hace necesario gestar un «espacio de seguridad», al decir del experto español Manuel Ballbé Mallol, que eduque y disuada a los delincuentes. «La criminología sabe que el criminal es un oportunista, que roba y mata cuando puede, no cuando quiere», dice Ballbé Mallol (cfr. «En Argentina hay un discurso que anima a los criminales». “El Observador”, Perfil, 30/04/06, p. 13). En nuestro país las oportunidades sobran.

La demanda que iniciaron la revista Noticias y el diario Perfil contra el Estado (cfr. Revista Noticias, 29/04/06, p. 07) es un primer paso positivo para corregir la inseguridad.

© Carlos O. Antognazzi

Escritor.

Santo Tomé, abril de 2006.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 05/05/2006. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2006.

Este artículo tiene © del autor.

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