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CON EL DEBIDO RESPETO

Homenaje a putas y lesbianas

César Rubio Aracil

España



No temáis, putas y lesbianas, porque Dios está al lado de los humildes.

Mis queridas y amantísimas putas, qué solas os habéis quedado, qué despreciadas estáis por el frío juicio de la sinrazón; qué inservibles sois a los ojos farisaicos y a las conciencias estrechas. Vosotras, constructoras del más recio baluarte social en defensa del equilibrio sexual -ya diré porqué-, permanecéis en el exilio del amor y a expensas de la misericordia, que es el peor de los insultos proferidos contra el ser inteligente. Pero resistís los embates de la intolerancia con la estoica templanza de los adeptos a Zenón, vosotras, amantes esporádicas de los réprobos condenados al suplicio de la carne. Desde mi amplio ángulo visual, os contemplo con la admiración que merecen los hijos de la soledad. Porque sois, como las flores del Paraíso, el colorido y la fragancia que enaltece a la inocencia. Cuando alguna mujer me dice que es más digno servir que putear, me descompongo en átomos de rebeldía. ¿Servir? ¿A quién? ¿A la esposa del Ilustrísimo Señor Matalahúva, del Excelentísimo Tomador del dos o del Honorable Tocomocho, algunas de ellas auténticas putas por excelencia? ¿Es más digno lavar a mano las delicadas braguitas, meadas y cagadas de gozo, de doña Rita, cónyuge de algún supremo dirigente staff de las fábricas de condones del Vaticano que limpiar el sable del capitán García? Sin embargo, doña Rita ha sido recibida por el Santo Padre en audiencia privada, siendo ese detalle el que cuenta a favor de la dignidad de las damas de alto abolengo ¡Perra vida!.

          En las revistas del corazón, que, al igual que ciertos periódicos deportivos, se venden por centenares de miles, las más de una golfas que se nos muestran en las fotos, gozan de prestigio entre infinidad de damas desenfadadas y de palurdos caballeros que las contemplan con admiración. Algunas de ellas, las mejor cotizadas por su fama, venden su imagen (lo mismo da vender la imagen que el cuerpo) por muchos miles de euros; pero no son prostitutas, sino señoras progues, lo que se ha convenido en llamar demi-vierge o virgen loca,;virgen a medias, aludiendo a la mujer que no tiene en cuenta las restricciones sociales; es decir, una puta consumada que no hace la calle y, por tanto, no se la puede considerar una envilecida buscona.

          Decía un servidor al principio de esta estampa en favor de la mujer de punto y de burdel, que en su momento explicaría el porqué estas criaturas desamparadas son el recio baluarte social por excelencia. Pues ya ha llegado ese instante. No digo nada nuevo si expreso lo que ya en el siglo XVIII, y aun más atrás, se consideraba como valor sustantivo de la prostitución: el hecho de que las antivírgenes lograran, sin proponérselo, la estabilidad convivencial de muchas familias. Varones que no se llevaban bien con su mujer, y de otros tantos que tenían establecida la separación de lechos, encontraban en la vejada concubina, o en la furcia, el modo de satisfacer sus necesidades sexuales. Y muchos matrimonios de los llamados a extinguir, seguían funcionando aunque fuese a trancas y barrancas. Éste es un aspecto positivo de lo que supone para la comunidad mundial el ejercicio de la prostitución. Pero, sin hacer extensa la relación de los beneficios que pueda reportarles al varón y a la mujer tal práctica, aún podemos citar un par de ejemplos más. Si pudiésemos disponer, en conjunto, de una estadística fiable de los centenares de miles de hombres esquizofrénicos, paranoicos, psicóticos y peligrosos vesánicos que andan sueltos por el mundo, una gran mayoría de ellos aferrados a la sexualidad de modo desesperado, comprenderíamos mucho mejor que ahora lo que les supone a las meretrices  tener que entregarse a esas personas trastornadas. ¿Cuántas violaciones y crímenes pasionales habrán evitado esas dignas mujeres al vender su cunnus -cuando no haya sido regalado- a estas criaturas enajenadas? Y no solamente a los maniáticos. ¿Acaso no abundan los varones solteros, infinidad de ellos tímidos, que no son capaces de decir te quiero a una mujer? También hombres físicamente tarados, que no son admitidos en casi ningún círculo femenino. ¿Necesitamos de más evidencias para, desde ya, comprender que una mujer de punto tiene muchísima más dignidad que una de las tantas putonas que aparecen a diario en la TV, en las revistas y en los múltiples medios de difusión ya citados, esparcidos por todo el planeta? Desde estas líneas, con el mayor de mis respetos y la comprensión que me merecen las prostitutas callejeras, y las que en alguna que otra casa de lenocinio propician el disfrute sexual al que todo ser humano tiene derecho, les dedico el breve espacio lírico que he escrito para ellas:

INVIERNO

          Patriarcal y lírico: solemne. Tiende su manto de níveas alburas sobre la tierra virgen de los sueños. Allí donde el amor palpita y la sangre prisionera, a dentelladas, se defiende del olvido. Como el oso cavernario, dormitará la pasión aguardando a la alegre primavera. Pero tú, sierva de tu destino y del mío, aullarás al plenilunio con mi voz desconsolada. Y añorarás mis besos como yo, de tus labios, el sabor de la marisma. Quiero que engarces en tu collar de conchas y caracolas el dulce son de mi silencio. Quiero, en tu cáliz de luces cenitales, libar el flujo de una marea de pétalos silvestres. Para sentirte en el eucarístico placer de la comunión del espíritu con la rebelde simetría de tu carne sonrosada. Y decirte al oído, como en un susurrante discurso de hojas otoñales: "Duerme, amor, y espera a que florezcan los rosales" .

Lesbianas

Perínclitas damas de la negación natural, ¿cuál es vuestro problema? ¿Que buscáis el arte sexual atentando contra los dictados de Natura? ¡Pues que Natura se chinche! Bastante nos ha jorobado ella al encapillar nuestro instinto reproductor al inamovible noray de los salvajes apegos. El arte, a mi entender, es crear a partir del caos (como supongo que Dios concibió el universo), y no arrancando desde el orden establecido. ¡Ah, si el mundo tuviese en cuenta que el ser humano es el más dócil cobaya de la creación! Porque el demiurgo, ¿no lo habéis sospechado?, auxiliado por el relevante sacerdocio de los insignes patriarcas de la mentira, sigue todavía ensayando con nosotros. La creación no ha concluido. Vosotras y los locos, los anarquistas y los rebeldes, os habéis escapado del laboratorio terrestre. Eso es lo que les preocupa a los sabios del cucurucho. Políticos, camarlengos y papables; científicos a sueldo, dictadores y otros déspotas están en connivencia con los poderes terrenales y divinos para fundirnos en la nueva especie que anhelan para su particular disfrute: un antropoide que piense con la cabeza de las Hijas de María y con el cerebro de la abeja obrera. Por eso vosotras, que hacéis con vuestro chichi lo que os sale del manzanar, habéis pensado que el huerto no está hecho para que lo caguen los pavos reales, y lo comprendo. Si yo enjuiciara la vida como lo hacen los ya mentados padres de la Cosa Nostra política, clerical y científica, os echaría ahora mismo una homilía para convertiros en virtuosas damas de comunión diaria. Pero no puedo hacerlo, porque ha mucho tiempo que dejé de creer en el Dios que me vendían al alto precio de mi precaria libertad. Ahora creo en otro Dios al que desconozco, pero que me dice: "Yo te he dado la vida. Ahora sé tú el que modele la arcilla de que estás hecho con Mi Soplo vital". Y como Él ha confiado en mí, yo también debo confiar en la conciencia de los humanos que se rebelan contra los designios de los fariseos. No sé si vuestro comportamiento sexual es el adecuado en relación con el equilibrio existencial, mas intuyo que al estar enfrentadas a los que, desde siempre, nos han dictado lo que es bueno y lo que es malo, estáis en el camino del verdadero arte sexual. Cuando pintéis el cuadro de vuestra propia vida, tendréis ocasión de corregir los colores y los trazos que no respondan a vuestro sentido de la belleza.

          Ayer estuve conversando con una chica lesbiana. Una mujer de ojos azules y rubia cabellera, en cuyo cuerpo se conjugaban en armónica fusión el color de su piel morena y las líneas onduladas de sus formas. Desde el principio de nuestra plática, me conmovió su mirada. De sus pupilas manaba como si fuese una marea de emociones que me hablaba sin descanso de un imposible sueño de amor. En ella nada era ficticio. No podía haber fingimiento en una expresión melancólica, en la que la tristeza fluía como un manantial de añiles cadencias. Ella quiso que nos amásemos, pero yo acababa de bajar del cielo y no me fue dado repetir la experiencia.

augustus

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