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UN PATIO CORDOBES

Valentín Justel Tejedor



La casa presentaba unos careados exteriores pulcrísimamente enjalbelgados, su intenso brillo satinado deslumbraba en algunos instantes más que el sol; estas ebúrneas fachadas se encontraban ornamentadas con nigérrimas balconadas y alabeados enrejados, que parecían querer mantener como prisioneros a sus moradores, para que disfrutaran de la extraordinaria belleza de la que hacían gala estas construcciones con innumerables motivos arabescos. Así, nada más traspasar el umbral de la casa se percibía en el ambiente el inconfundible aroma de la yerbabuena, una odorosa fragancia, que impregnaba con su esencia cada rincón de la vivienda. Tras dar varios pasos se accedía a una antesala o cámara, que desembocaba en un bellísimo patio porticado con doce majestuosos arcos, cubiertos en gran parte por una gran buganvilla rosácea, que le proporcionaba una tonalidad verdaderamente singular al peristilo.
De los muros del impluvio, alguno de ellos azulejado colgaba un incontable testeraje colocado geometricamente, el cual estaba formado por plantas y coloridas flores tales como hortensias, gitanillas, geranios, o rosales que exornaban con su profusión de color aquel bucólico espacio natural.También suspendidas de los paramentos colgaban unas orbiculares escudillas de artesanía popular decoradas con intrincados motivos florales. En el empedrado suelo del atrio había varios macetones con estilizadas kentias, las cuales abrían sus frondes o palmas a la calidez de la mañana.
Junto a una de las escaleras que permitía el acceso a los pisos superiores se encontraba un pozo moruno del que salía un agua gélida y transparente, que era la causante del enardecido color de toda aquella variedad vegetal.
Pero si algo verdaderamente destacaba en aquella exedra era un hermoso limonero, de tronco leñoso en color ambarino con ramas flexibles y espinosas, que parecía que iban a herir el cielo con su trémulo movimiento acompasado, a merced de una veleidosa y cariciosa brisa primaveral; sus hojas eran grandes, coriáceas, ovaladas, y aromáticas, todas ellas de un intenso color verde brillante; y sus flores de azahar blancas y perfumadas, envolvían el ambiente con una sutil fragancia dificil de olvidar; así, diseminados entre el verdino de sus hojas, y el nacarado de sus flores, brillaban como soles sus frutos cítricos, carnosos, y ovoides que lo enjoyecían.

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