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El Grillo Azul

Emilio Rigoberto Lanza Carías

Honduras



El Grillo Azul

 

Sale a pasear, entre las violetas que observan tristemente, el fin del viaje de aquél que las acarició con sus hilos dorados.

 

Camina el grillo, camina sin ver el paisaje lleno de colores que se muestra ante él. Camina pensando en los pesares, que anidan en su corazón; que vuelan y revolotean en su ser.

 

De pronto se detiene, queda viendo al infinito, calladamente toma su violín y empieza su melancólico viaje por ese camino llamado música, hacia sus reflexiones más profundas.

 

-Aquí estoy- piensa el grillo, tocando su violín. -Con toda esta belleza a mi alrededor, un atardecer, un campo con flores, una suave brisa que las mueve, soñando con alguien que está lejos, y que quisiera que oyera mi música. Se muere el día, no sé si podré verla antes de mi ocaso. Y no sé...

 

Se queda ido viendo el infinito tocando su violín. Luego mira las flores, moviéndose en el aire, como danzando al compás de su violín, las mira y le parece como si dijeran: “no estés tan triste, ven y baila”. Detiene un momento su música, y continúan su baile las flores.

 

-¡Tan triste que siento que las flores me hablan!-pensó el grillo, y volvió a tomar su violín.

 

            Vino la noche y con ella los amigos músicos grillos. Viendo que el ya había empezado a tocar, ellos en silencio tomaron sus respectivos instrumentos y lo acompañaron en su concierto nocturno.

 

            Las estrellas brillaban en lo alto, como un público que llega a oír el concierto. En los árboles parpadean las luces de las luciérnagas, como avisos de neón que anuncian un gran evento.

 

            -Viajaré, y cuando haga mi viaje sin regreso y no pueda llevar mi violín- pensaba el grillo- llegaré a donde esta ella, allá arriba en esa multitud de estrellas, pero que bien la conozco entre todas.

 

            Pasaban las horas, llegó la hora de despedirse, el grillo se despidió de ella con una canción, una canción que se matizaba con el azul de la noche. Llegó el alba, ya no pudo verla.

Agarró su violín y se marchó, pensando en ella, su amada estrella.

 

                                                                                  Fin

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