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LIBRO DE JOB

El Sufrimiento

Camilo Valverde Mudarra

ESPAÑA



LIBRO DE JOB

Camilo Valverde Mudarra

Introducción

"El libro de Job es una obra cumbre de la literatura universal. Como Edipo, Hamlet, don Quijote o Fausto, su protagonista se ha convertido en punto de referencia, prototipo de una actitud de vida. Cuando se alcanzan estas alturas parece innecesario rastrear los orígenes del personaje o del tema. Sin embargo, sólo comprenderemos a fondo una obra literaria cuando la contemplemos en relación con sus predecesores. El genio absoluto no existe, hacen falta muchos héroes anónimos para que nazca Ulises, muchos caballeros para don Quijote, muchos amantes para don Juan, mucho desencanto y desesperación para la aventura de Fausto.

Job no constituye una excepción a esta regla. El mismo nombre parece remontarse a una antigua tradición (Ez 14,14), y la temática del libro, con su desbordante riqueza, había sido tratada, al menos en parte, por otros autores del Antiguo Oriente".

Tradición extrabíblica

Las literaturas mesopotámica, egipcia y griega cuentan con composiciones de tipo sapiencial que abordan el problema de Job, tema, en efecto, universal.
De Mesopotamia se conocen los siguientes antecedentes:

Procedente del período casita, ss. XVIII-XII a. C.: Poema del justo doliente. Se trata de un hombre rico y sabio, con gran número de parientes y amigos, que pierde en una enfermedad sus bienes y su tranquilidad interior. Lejos de maldecir a su dios, acude a él humildemente y lo libera de los males. Tiene muchos parecidos con Job, pero el texto bíblico lo supera en profundidad y en la calidad del género literario.

He aquí un fragmento de dicho poema:

He venido a ser como un hombre aturdido...
En otro tiempo yo me comportaba como un príncipe, pero, ahora me he convenido en esclavo...
El día es el suspiro, y la noche las lágrimas.
El mes es silencio, y el año duelo...
He gritado a mi dios y no ha mostrado su faz...
La oración era mi meditación,- el sacrificio mi ley...
Yo enseñaba a mis gentes a honrar el nombre de la diosa.
No obstante, la enfermedad se ha apoderado de mi mano, la muerte me persigue y recubre todo mi cuerpo.
Todo el día me persigue el perseguidor... "

Diálogo de un afligido con su amigo o Teodicea babilónica (de ca, 1000 a.C., según Lambert; o del periodo casita según Lévéque). Diálogo entre un hombre que sufre y un amigo compasivo. Aquél dice que el dolor y el mal se oponen a la justicia de los dioses; éste responde que la prosperidad es consecuencia de la piedad. Pero aquél llega, extrañamente, a la conclusión de que los dioses han hecho al hombre realmente malo. No obstante las semejanzas temáticas y literarias, las diferencias son tan notables que hay que excluir influencia directa.

De Egipto: Diálogo de un pesimista con su alma o Disputa sobre el suicidio. La obra data del 2190 al 2040 a. C. Trata de un desesperado que no encuentra sentido a la vida y se resigna ante la muerte. No aparece claro el desenlace: unos piensan que acepta el suicidio dispuesto a correr la suerte, sea cual fuere, que llegue tras la muerte; y otros, que acepta una decisiva exhortación de su alma de respetar su vida. Job reacciona de un modo diferente ante circunstancias análogas.

Se remonta al s. XXI a.C., Quejas de un campesino elocuente a quien roban sus mercancías. Es una protesta de las gentes humildes y reivindicación de los derechos del pobre.

Advertencias de un sabio egipcio: Describe un mundo trastornado en que la situación se presenta insostenible.

De Grecia. Los trágicos y filósofos griegos se enfrentaron también con esta preocupante certeza del sufrimiento humano. Se quedaron en la visión terrenal, no vislumbraron la solución del más allá y su perspectiva llegó a un enfoque parecido al seol hebreo.

En el Prometeo Encadenado de Esquilo se halla el asunto con alguna distancia, pues, Prometeo no se mueve en la inocencia; sólo el peso excesivo del castigo le hace proferir expresiones de desesperación análogas a las de Job.

En Edipo Rey, al sentirse ofendidos los dioses, por algo de lo que él no es responsable, se ve inmerso en castigos y desgracias, entonces el coro prorrumpe en lamentaciones, como las de los amigos de Job; Hércules, siendo honrado y justo sufre una condena vergonzosa, bajo el placer sádico de los dioses, a los que el autor trágico muestra celosos del bienestar del hombre, él afligido clama a su hijo, en medio de sus penas y quejas semejantes a las de Job.

A su vez, la filosofía también escrutó el problema. Platón, habiendo recriminado a los poetas el ensalzar, en sus composiciones, las inconfesables pasiones e injusticias de los dioses, abordó la cuestión del sufrimiento en sus términos; sin embargo, no dando con la solución, recurrió a la existencia de algún dios maléfico.

El Job Bíblico

El libro de Job, más que con los textos sapienciales, tiene conexiones con Jeremías (cfr. 3,3-11 y Jr 20,14-18; 5,15-20 y Jr 15,18, etc.); con algunos Salmos (cfr. 5,16; 12,21,24 y Sal 106; cfr. Sal 49.73.139); y con Zac (cfr. Prólogo y Zac 1,10s; 3,1-2; 4, l0; la figura de Satán).

Israel, en la época del libro, desconoce todavía la retribución en el más allá con sus premios y castigos. Cree que Dios premia el bien y castiga el mal en esta vida, mediante recompensas al bueno o calamidades al malo aquí, en esta tierra. No obstante, parece que, en tiempos del autor de Job, se había extendido una concepción inconformista con la idea tradicional, proveniente de la experiencia cotidiana que observa cómo el justo soporta enormes penalidades, al tiempo que el malvado goza y disfruta.

En este contexto se halla el libro de Job, en que se toma, según el estilo semita, "un hecho concreto", símbolo de otros muchos; es el caso del justo que padece enormes penalidades, réplica que replantea la teoría de la retribución en esta vida.

Contenido y estructura del libro: Vivía en la tierra de Hus un varón justo y temeroso de Dios, al que Yahvé había bendecido especialmente con numerosa descendencia y abundantes bienes.

Dios dio licencia al diablo para que, a fin de probar su espíritu virtuoso, lo cargase de aflicciones y calamidades entre las que fue perdiendo a sus hijos y sus posesiones, hasta quedar sumido en la ruina y enfermo plagado de úlceras por todo el cuerpo. Job soporta esa situación con enorme paciencia y resignación dignas de alabanza, siempre sumiso y confiado en la voluntad de Dios.

El libro consta de dos partes narrativas: el prólogo (1,1-2,13) y epilogo (42,7-17) y el núcleo (3,1-41,6), dialogado: Soliloquios de Job (c. 3) y (29-31). Diálogo de los tres amigos (4-27). Poema de la Sabiduría (c. 28). Intervención de Elihú (32-37). Discursos de Yahvé (38,1-42,6).
La crítica ha señalado ciertas incoherencias: Satán, figura fundamental del prólogo, que provoca la prueba y sufrimientos de Job, no aparece al final. En el epílogo, Dios devuelve el doble a Job, pero familiares y conocidos vienen a animarlo y darle ayuda económica. La función y contenido del c. 28 no armoniza con 38,1-42,6, pues supone ya en Job la convicción que se trata de argumentar.

En 32-37, Elihú aparece y desaparece inesperadamente, nada se dice de él ni en el prólogo ni en el epilogo. No responde al problema planteado. Su estilo y vocabulario son diferentes.

Ante lo cual, se apunta hacia una posible elaboración progresiva. Tal vez existió en un principio una obrita de tipo popular que constaba del prólogo y el epilogo, ambos en prosa. Y el autor, cuyo nombre se desconoce, compuso los diálogos en fecha imprecisa, probablemente hacia los años 500-450 a.C. Se consideran como añadidura posterior los discursos de Eliu, si bien no modifican el mensaje del libro; este personaje representa la nueva generación y aporta una idea nueva: los sufrimientos sirven para purificar la virtud, para probar el grado de fidelidad del hombre para con Dios.

Puede tener un fondo histórico. Es posible que existiera un personaje que pasó a la posteridad como modelo de paciencia en medio de indecibles contratiempos, que no llegaron a inflexionar su fe en Dios. Se ha pretendido encuadrar el tipo de Job en diversos géneros literarios: epopeya, poema didáctico, diálogo-debate, debate judicial, drama. El canon hebreo y los LXX lo encuadran entre los libros didácticos. El análisis interno del libro revela que la intencionalidad del autor se encamina a trasmitir una enseñanza en un asunto difícil, en una materia de discusión y reflexión.

Aspectos religiosos: En el libro, se aprecia el monoteísmo estricto; impera la idea de un Dios Único, Creador, Providente, Omnipotente y Misericordioso. El hombre procede de Dios, autor de la vida y de la muerte; y, luego, al morir, desciende al seol; como todo lo creado, proviene de Dios. El hombre recibe su cuido amoroso y providente y ha de entregarse y respetar a Dios con amor y temor reverencial, signo de la verdadera sabiduría. La oración alcanza la benevolencia de Dios; el pecado, en cambio, le repugna y arroja de su amparo.

Habla de la Angelología. Los ángeles aparecen formando la corte de Dios; son sus consejeros y mensajeros. Algunos tienen la misión de tentar a los hombres y censurarlos.

Los amigos de Job profesan la tesis tradicional: Dios premia y castiga en esta vida. Job tiene que haber cometido un pecado muy grave, pues se ve sometido a las más graves contrariedades. El inocente no puede perecer.

Elihú acentúa el valor disciplinario y educativo de los sufrimientos. Dios los permite para probar y fortalecer la virtud y, en consecuencia, instruir al hombre; insiste en que el ser humano no es quien decide el modo y el tiempo, en que Dios manifiesta su justicia. Dios puede posponer el castigo de los malvados en espera de su arrepentimiento. Cuando Dios parece sordo a los clamores de los afligidos, significa que no se invoca, como Creador y Señor, se hace una súplica basada simplemente en "un dolor físico, más que en un hambre espiritual de Dios" (35,9-12). Dios salva a los penitentes (34,31s; 36,11). Job será liberado, pero deberá no recaer en pecado (36,16-18 ss.). Recrimina a Job que quiere arrogarse el papel de juez del mundo rebelándose contra su Hacedor (34, 36 ss).

Job opone su caso personal a la tesis tradicional y no acierta a resolverlo. A veces casi llega a admitir una cierta arbitrariedad en la Providencia y Sabiduría Divinas, si bien siempre se acoge a la justicia de Dios: cuando castiga al inocente y cuando favorece al culpable (cfr. 7,11-21; 10,2-4; 13,24-28; 14,16 s, etc.). Ante Dios, el hombre sólo ha de postrarse en sumisión. Dios es inaccesible a la razón humana. El hombre no puede pedir cuentas a Dios, sus actos son un misterio para el hombre. Job expresa su última confianza en que, por encima del sufrimiento y de la misma muerte, Dios es su amigo y defensor.

Considerando la fecha de composición del libro, la creencia en el concepto de seol y la ausencia en todo el texto de la fe en una vida feliz en el más allá, se debe pensar que esa confianza última no consiste en la resurrección de la carne, ni en la visión de Dios por el alma, sino de la curación material, la esperanza de ver su carne sana y restablecida su salud corporal (Cfr. 19,25-27).

Dios da más bien la razón a Job, que ha comprendido mejor que sus compañeros el misterio de la trascendencia divina. La intervención de Dios no aporta la solución clara; ofrece una solución parcial, pero, que deja satisfecho a Job (cfr. 45,5). Aunque deslumbrado con la descripción de sus grandiosas obras y humillado, su encuentro con Dios, lo deja contento y satisfecho. Descubre que, más que buscar una adecuación entre obras y premio, hay que establecer una relación con Dios fundada en la comunión "amorosa" con El.

Dios se complace de la manera de hablar de Job, mientras que sintió indignación ante los razonamientos de sus amigos. A Job, lo restablece en su situación, devolviéndole el doble. A los amigos, les perdona los juicios sobre la culpabilidad de Job después de hacer sacrificios de reparación y haber orado por ellos Job.
"El libro está lleno de paradojas, dice R. E. Murphy, pues trata de aproximarse a la verdad divina, inasequible para el hombre. Para inculcar su enseñanza, es esencial que Job ame verdaderamente a Dios, que sea un santo; de otra manera, sus aflicciones tendrían una cierta promoción de justo castigo. Más aún, sólo un hombre como él sería capaz de soportar semejante prueba. Esta observación podría mitigar el escándalo que sienten algunos lectores ante lo que consideran excesiva dureza de Dios en los cc. 1-2. Se trata de hacernos entender que Dios tiene confianza en que su siervo le servirá y en que ésta es la oportunidad de Job. Podemos comparar esta idea con la teología cristiana del martirio. Los mártires, comenzando por Esteban (Act. 7) e Ignacio de Antioquía, no acusaron a Dios de injusticia o crueldad, al exigir de ellos el supremo sacrificio; ellos le ofrecieron de buena gana este testimonio definitivo de amor (Jn 15,l3). Pero, a fin de que los mártires más débiles no carezcan de aliento, ahí está el ejemplo de la oración de Getsemaní, en que el mismo Hijo de Dios pronuncia su lamentación y pide que se le libre de aquella prueba".

Tras la aparición de Job, ya desde la primera mitad del siglo II, comienza a manifestarse la creencia en sanciones en el más allá. Se afirman en Dan, 2 Mac y Sab. Job representa un estadio intermedio, en el que se comienza a poner en duda la creencia tradicional, ante la experiencia de cada día que contradice abiertamente la retribución en esta vida. Estamos en una época de "reflexión". Job preparó, negativamente, las mentes judías a la revelación de la retribución ultraterrena. Positivamente, el libro de Job aporta el valor educativo, disciplinar del sufrimiento y la actitud de humildad que debe adoptar el hombre ante los designios inescrutables de Dios.

La solución definitiva al problema, sobre la retribución en el más allá, se halla en el libro de la Sabiduría y sobre la valoración del sufrimiento, en el N.T., ahí, en sus páginas, se enseña el valor expiatorio y redentor del dolor del justo, al aplicar a Cristo la doctrina del Siervo de Yahvé que sufre por la redención del pueblo.
"Hace falta valor para condenar el pasado de esta forma y también atrevimiento -y humildad- para dejar una obra tan abierta, con más interrogantes que respuestas, indefensa ante elogios y criticas. Cada uno puede leerla como quiere, describir su propia angustia, recorrer el camino de Job y cerrarse a su reacción final, considerándola insatisfactoria. Job, como la Pietá ’Rondanini’ de Miguel Angel, es la madurez de lo inacabado, la supremacía del esbozo sobre la imagen perfecta, de la arista sobre la superficie limada. Pero pocos se atreven a legar a la posteridad una obra como ésta; es más fácil derruirla a martillazos o tirar al fuego el manuscrito” (SCHOKEL-SICRE).

Conclusión

El libro de Job contiene enseñanzas altamente valiosas para todos los tiempos. La resignación y fortaleza frente a las contrariedades, con una confianza total en Dios que excluye toda vacilación referente a su justicia y misericordia, en que se fortalecen y perfeccionan las virtudes meritorias ante Dios (cfr. 2 Cor 12,9) son lecciones perennes; los sentimientos de profunda humildad ante la omnipotencia, sabiduría y justicia de Dios, cuyas obras resultan muchas veces misteriosas e inescrutables a nuestro entendimiento humano son instrucciones que inciden en la práctica del vivir diario. Es provechoso, en este presente crítico, hallar la fidelidad en medio de la duda, de la oscuridad.

En una época de cambio, que está pasando de una etapa a otra de la historia, y esto de una manera vertiginosa, se produce una concepción de la vida totalmente opuesta y diferente a lo conocido. Ello entraña la crisis actual que padece la sociedad humana. La Iglesia, que vive entre los hombres, no puede sustraerse a los vaivenes sociales y sufre, a su vez, la crisis y el desconcierto. Surgen lógicamente las dudas en este contexto y se hace oscuridad sobre las cosas que, antes parecían claras; se pierden los apoyos y falta la seguridad en las creencias y convicciones cristianas.

En el estadio de la revelación en que vivió Job y las ignorancias que padecía respecto de verdades que afectaban directamente al problema de los sufrimientos, se presenta, aunque parece ceder a la tentación, llegando a maldecir el día de su nacimiento, un hombre firme en su fe en Dios, no profiere una palabra contra la justicia divina, espera confiado en Dios que lo ha de liberar de su postración, no cede a los razonamientos de sus amigos, resiste indemne en el dolor, sufre y confía. Es un modelo de fidelidad en medio de la oscuridad.

Job ignoraba muchas cosas de la revelación. No conoció la verdad que ha traído el Evangelio con el esclarecimiento de grandes problemas. Sin embargo, hoy, aún se siguen ignorando numerosas cuestiones y no se entienden otras. La Iglesia, en cuyo ámbito vivimos, es una realidad mistérica. Las actitudes de Dios, a veces, continúan siendo, como en Job, misteriosas y desconcertantes. Esto, que ha ocurrido y ocurrirá siempre, se acentúa en nuestro tiempo. Se busca la luz, se precisa comprender y conocer, pero, quienes deberían proyectarla y descubrirla, no lo hacen, desconciertan con actuaciones impropias. En esta ansiedad y desorientación, el cristiano debe mantener firme la fe en Dios, mostrar su confianza y esperanza pacientes en el poder y en la sabiduría de Dios, que encenderá su luz y abrirá la redención. Entre tanto, permanecerá el mensaje fundamental de Jesucristo, el amor a Dios y al prójimo, sustento de un mundo fiel y justo entre los hombres. Esta luz ya existe, esa luz para obrar es “el camino, la verdad y la vida” que aportará otras luces que eliminen las dudas y las inquietudes del hombre entristecido y sobrecargado de tantas injusticias, de tantas violencias y arbitrariedades.

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Camilo V. Mudarra es Lcdo. en Filología Románica
Catedrático de Lengua y Literatura Españolas,
Diplomado en Ciencias Bíblicas y poeta.

Este artículo tiene © del autor.

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