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Entrevista a Pedro Fuentes-Guió

Raimundo Escribano

España



 

Nacido en Burujón (Toledo), Pedro Fuentes-Guió ha vivido desde los 18 años en Madrid, epicentro de la vida cultural del país, donde estudió Derecho, Filosofía y Periodismo. Escritor y conferenciante. Durante 40 años ha ejercido el periodismo en Madrid, en Prensa, Radio y Televisión. También en publicaciones extranjeras tan prestigiosas como París Match, Oggi y Der Spiegel.
En Literatura ha conseguido más de 40 primeros premios entre poesía, cuento y novela. Tiene publicados 18 libros (novelas, poesía, biografías y cuentos) y 50 libros inéditos, además de obras de teatro y ensayo. Ha dado conferencias en España y una en Miami sobre "El idioma de Cervantes" por la que recibió el Diploma al Mérito Cervantista. Ha estrenado una obra de teatro, adaptación de una de sus novelas, que se sigue representando. Ha fundado y dirigido una docena de publicaciones, entre ellas la revista PELIART y la Editorial del mismo nombre durante 11 años. Jubilado como periodista, vive, piensa y escribe en Alicante.

¿En qué momento se produce en ti la simbiosis entre el periodista y el escritor?

Yo me hice periodista porque me gustaba escribir y al mismo tiempo me permitía vivir de ello. Así que, entre periodismo y literatura, me he pasado la vida escribiendo. Los primeros quince años, a partir de 1960 fueron dedicados enteramente al periodismo, que acaparó todo mi tiempo, dejándome apenas el justo para escribir algún poema. Después alterné literatura y periodismo, escribiendo cuentos, novelas y libros de poesía.

¿Hay mucha diferencia entre escribir periodismo y escribir literatura?

La diferencia esencial estriba en la administración del tiempo. En periodismo no puedes tener agenda, pues ésta se rompe a diario por imperativo de la actualidad, a la que estás sometido ineludiblemente.
En literatura puedes tener agenda y respetarla, pues dosificas el tiempo a tu conveniencia.

¿Qué es lo más positivo que has sacado del periodismo?

Como en periodismo casi siempre tienes que escribir contra reloj, termina uno adquiriendo cierta agilidad mental, una gran facilidad, tanto manual como intelectual, que facilita mucho el camino a la hora de hacer literatura. Por otro lado, en el plano personal, enriquece mucho entrevistar a personajes de distintos estamentos sociales y culturales. También los reportajes sobre temas muy dispares. Aunque a lo largo de mi vida entrevisté a todos los famosos del momento, hombres y mujeres del cine, el teatro y la canción, las entrevistas que más me agradaban eran las que hacía a escritores o intelectuales. Fue muy placentera para mí la entrevista que le hice a don Ramón Menéndez Pidal, entonces director de las Academias de la Lengua y de la Historia y que fue un ejemplo viviente de dedicación al trabajo, hasta más allá de los noventa años. También fue muy agradable la que hice a don José María Pemán, candidato al premio Nobel durante años, como Menéndez Pidal, aunque a ninguno de los dos se lo dieron.

 

¿Recuerdas alguna anécdota con Menéndez Pidal?

Don Ramón era enemigo de las entrevistas; odiaba andar en los medios de comunicación. Cuanto le propuse hacerle un reportaje, se negó cuantas veces le llamé por teléfono. Como no había forma de convencerle y yo no estaba dispuesto a darme por vencido, una tarde me presenté en su casa. Al decirle "perdóneme don Ramón", me contestó: "Si ustedes los periodistas no tienen perdón de Dios, ¿cómo seré yo capaz de perdonarle"? Terminamos siendo amigos y pasé todo un día con él en su casa, desde las siete de la mañana, hora a la que se levantaba, hasta la noche, para escribir un reportaje titulado "Un día en la vida de un candidato a Premio Nobel" que creo se publicó en la revista "París Match". Lo primero que hacía al levantarse era salir al jardín de su casa, un trozo de monte con rocas y encinas, y hacer media hora de gimnasia sueca. Le pedí por tres veces permiso para hacerle una foto haciendo gimnasia y no me contestaba. A la tercera vez me dijo: "Yo sé que el Papa Pío XII hacía esta misma gimnasia todos los días, pero jamás he visto publicada una foto suya en tal actitud". A buen entendedor...

¿Y de Pemán?

Un día me fuí a Cádiz a tomar café con Pemán a su casa, para que me hablara de su candidatura al Nobel. Con su fino sentido del humor me dijo: "Ya verás cómo los de la Academia Sueca terminan haciéndose los suecos un año más". La mejor enseñanza que conservo de él es esta frase: "Todo el mundo dice piensa mal y acertarás a lo que yo respondo: Piensa bien aunque no aciertes".

 

Por haber fundado y dirigido, entre otras publicaciones, la revista PELIART, Guía de Concursos Literarios durante once años, quizás seas una de las personas que mejor conoce los entresijos de los premios literarios. ¿Qué opinas de ellos?

Los premios literarios, y lo sé por haber recibido unos cuantos y haber sido miembro de jurados en otros, llevan en sí el estigma del pecado, entendida la palabra pecado en su más amplia acepción y no sólo en la religiosa. Los premios despiertan en los concursantes la ambición (por el dinero que conllevan), la vanidad (por el reconocimiento de los demás) y la soberbia, pues les hacen endiosarse, hincharse como globos. Como el dinero, igual que una ración de prestigio nos apetece a todos, se entabla una lucha encarnizada por conseguir un premio importante, lo que propicia que el concurso en cuestión termine oliendo a cloaca. Sólo se salvan de la podredumbre algunos premios de modesta dotación económica que, por otra parte, tampoco conllevan excesivo prestigio.

¿Cómo es posible que teniendo ese concepto tan negativo sobre los premios, hayas podido ganar tantos?

Siempre he creído en dos clases de premios: 1°, en casi todos ellos cuando nacen, en su primera convocatoria, que son como el nacimiento de un río en la montaña, todo puro y cristalino y 2°, en los de pequeña dotación económica, pues en cuanto alcanzaban el medio millón de pesetas había bofetadas por llevárselos. Los premios que yo he conseguido son de alguna de esas dos clases, los convocados por primera vez y los de poco dinero. Sólo he conseguido un premio de novela de 500.000 pesetas, pero era el primer año que se convocaba.

¿Has conseguido premios en nuestra tierra, en Castilla-La Mancha?

Aunque me han dado premios en distintos lugares de España, de los que estoy más orgulloso y me hicieron más ilusión recibirlos, son de los conseguidos en nuestra Castilla-La Mancha, como el premio "Enjambre", de Guadalajara, por mi novela "La llaga"; el "Puerta de Bisagra", de Toledo, por mi novela "Un sueño loco"; el "Fray Luis de León", de Cuenca, por mi libro de poemas "Condicional", los dos conseguidos en Ciudad Real: el "García Pavón" de narrativa y el "Pastora Marcela" de poesía, y muy especialmente el "Castilla-La Mancha" de novela, por mi obra "Satanes en la noche".

¿Qué opinas de los rumores de corrupción del Premio Nobel?

Me parece posible que los rumores sean ciertos. El Nobel es el premio por excelencia, el de mayor prestigio y el de mayor dotación económica, dos alicientes para que la ambición pueda corromperlo. Este rumor se viene repitiendo desde que se lo concedieron a Darío Fo, escuchándose cada año con mayor intensidad. Y es que en este premio, además de los ingredientes citados, prestigio y dinero, entra en juego otro factor poderosísimo: la política. Es sospechoso, y de ahí surge el rumor, que en los últimos cuatro años se lo hayan concedido a comunistas o pro comunistas. Esta parece ser la razón por la que ha dimitido un miembro de la Academia Sueca.

¿Qué es lo más curíoso que has conocido en torno a los premíos literarios?

Recuerdo especialmente dos hechos singulares. Alrededor del año ochenta, se convocó un premio de cuentos en San Sebastián por una empresa de turismo, no recuerdo bien si era oficial o privada. Presidía la entidad convocante una señora que a su vez era miembro del jurado y, además, fue la ganadora del premio. El otro hecho se refiere al Premio Nobel, que ganó Jean Paul Sartre en 1964. Sartre, haciendo honor a su rebeldía, rechazó el premio "para no dejarme ganar por lo legalmente instituido", manifestó. Lo curioso es que, según relató en sus memorias un miembro de la Academia Sueca, Sartre se pasó varios meses llamándoles insistentemente para que le enviaran a París el cheque por el importe del Premio Nobel, lo que no hicieron nunca, claro.

¿Cómo ves el momento literario actual en España?

Dada la época materialista que vivimos, podriamos decir utilizando una frase tópica, que la literatura está vendida al mejor postor, o sea que está mediatizada por lo económico, que no siempre, o muy pocas veces, coincide con la excelencia. Si una persona es muy conocida por salir mucho en televisión, puede escríbir la mierda que quiera, que se la publicarán y, además, venderá muchos ejemplares de su libro. Que se pone de moda la novela histórica o la guerra civil española -que han sacado ahora del baúl de los recuerdos- pues las librerías se llenan de libros sobre esos temas. Esto no quiere decir que no tengamos buenos escritores, novelistas, ensayistas, dramaturgos y poetas, que los tenemos, y en abundancia. Lo que ocurre es que no ejercen de escritores, de auténticos creadores literarios, sino que escriben por encargo lo que interesa a las editoriales, según les orientan sus propias agencias literarias. Así no hay manera de que surjan libros importantes o que salten a la palestra escritores de prestigio internacional.

¿Y en Castilla-La Mancha?

También en nuestra tierra tenemos muchos y buenos escritores y muy especialmente poetas. Pero no sé si por lo que decía antes referido al ámbito general español o por razones que imprime el propio localismo, lo cierto es que echo de menos escritores como Francisco García Pavón en novela, Meliano Peraile, en cuento o un Eladio Cabañero, en poesía.

Desde que te jubilaste como periodista y viniste a vivir al lado del mar, sueles decir que piensas (yo añadiría que también recuerdas) y escribes en Alicante. ¿Qué es lo último que has escrito o estás escribiendo y en qué género: Novela, poesía, ensayo?

Es cierto que llevo cinco años pensando (recordando, también) y escribiendo en Alicante. El escritor es el individuo que escribe, se publiquen o no sus obras. Yo, que me considero escritor desde que nací pues lo primero que se me ocurrió nada más aprender a garrapatear las letras fue escribir un libro, no hago otra cosa que escribir. Escribo cada día, unas veces ensayo, otras, novela o teatro y otras, poesía. Para no irnos demasiado lejos en el tiempo, te diré que durante 2004 y parte de 2005 he escrito tres libros de ensayo, un libro de poemas y la mitad de una obra de teatro de la que me falta escribir la segunda parte.

¿Qué te produce más satisfacción, escribir prosa o verso?

Yo disfruto escribiendo tanto prosa como verso y no entiendo a escritores que dicen que sufren al escribir, que les cuesta un gran esfuerzo. Cuando termino un libro en prosa, sea novela, ensayo o teatro, descanso escribiendo poesía que para mí es el mayor de los placeres y me relaja. Jugar con las palabras, esas piedras luminosas, es como tener siempre un dulce en la boca.


 

P.-S.

Pedro Fuentes-Guió falleció en Alicante el 17 de junio del 2012. Era también colaborador de Mundo Cultural Hispano

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1982

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