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Laguna del Páramo (Sastrecito)

Rubén Patrizi

Venezuela



Laguna del páramo (sastrecito)

Hay mucho ruido en el bosque, el alboroto ya va lejos y su eco llega al sur, donde unas guacamayas tricolores; una de color patrio y otra de color de selva, van a indagar el porque de ese rumor, que viene incesante, chismeante, dando tumbos, tropezándose entre árbol y árbol, entre roca y roca, rumor que va con la brisa y las hojas, que murmuran, que baja en las aguas de los riachuelos de las altas montañas.

Los pájaros con sus cantos y jolgorios cuentan la historia, y así el eco va penetrando en la selva y el silencio se transforma en un retumbo y la repetición, en alas que lleva la invitación de su rumor.

Se casa la ondina.

Las aguas temblorosas del lago, que siempre muestran en su superficie las montañas coronadas de nieve, y a los árboles que circuen la orilla , al azul cielo y las blancas nubes en hialinos días. Hoy están grises sin color, no se vislumbra en la superficie, si no ondas oscuras que irrumpen con su vaivén y estallan en las rocas de la orilla. Son como un enfado

Son el enfado del gran rey.

Una Ondina esta enamorada, se quiere casar y cuando se enamora, su ser resplandece y un alo de luz la acompaña en su andar y si es engañada o traicionada, sucumbe, muere de tristeza y hastío y un trozo de bosque desaparece dejando su verdor, convirtiéndose en un desierto.

El rey que mora dentro de las aguas encantadas del lago, oye las largas diatribas, llena de acusaciones, los dimes y diretes, donde se inculpan, se denuncian unas a las otras y se revelan secretos, que se atribuyen a soledades, brujerías y encantamientos, al hastío y cansancio, que lleva la soledad, el vivir sin compañía y sin calor, más que con las criaturas del bosque.

El rey muy displicente atiende a los consejeros, a los letrados, que defienden la causa del amor, a las virtudes ofendidas, a la castidad, a la honra y a los compromisos.

El rey luego de pensar y sopesar lo pro y los contra, acepta en desposar a la Ondina y ordena que todo el reino se entere de su decreto y recomienda despachar a emisarios a otras tierras, a otros reinos de la magia, de los bosques, de los ríos y selvas, de otros lares ,invitando a la gran boda de
la Ondina con un mortal.

Empieza el ir y venir. Hay que organizar el festejo, el cortejo, vestir a los pajes, a las damas de honor, a las de compañía, ir por telas y organizar la fiesta.
Las pócimas a beber; el agua cristalina que se derrite en manantial de las nieves de la cumbre más alta, el Everest. Y hacer invitaciones.

Hay que invitar a nativos, que viven con ingenuidad en nuestros bosques , selvas y sabanas, que conocen el sentido de la naturaleza, que viven de ella y la cuidan, que si cortan un árbol, piden permiso para ello al espíritu del bosque y oran en silencio en las montañas sagradas.

Hay que traer a:
Panares,
Guajiros,
Piaroas,
Motilones.
Cuatro niños de cada etnia. Todos ellos invitados de honor.

Hay que invitar a las brujas, que revolotean planeando a la luz de la luna. Las que cuentan en historias de noche de luna; que vuelan en escobas relucientes, con sus trajes negros y sus sombreros de cono, hay que invitarlas para que amenicen con sus risas y sus cuentos, con sus chismes y charlas, con sus chácharas y comadreos.

Hay que traer a los gnomos, que habitan en los bosques , que les encanta perder a las gentes, encantando los caminos.

Hay que invitar a las ninfas, a las hadas, a los delfines y toninas, a los pájaros, al gran pájaro cantor de coplas y versos, a tucanes, a loros locuaces, a guacharacas parlanchinas contadoras de fábulas e historias de gran cotorreo, a las abejas laboriosas, que nos da la miel, dulce y nutritiva, invitar a las laboriosas hormigas para que limpien al final las sobras de la fiesta, y a otros reyes de
otros bosques y selvas.

Hay que buscar a personas que conozcan el secreto de la magia , que conozcan los ruidos del bosque, que conozcan cada árbol y cada flor, cada movimiento del caracol, cada brinco del mono, cada rumor de la brisa, cada escondrijo de insectos, cada rincón.

Hay que traer al laboriosos sastrecito, y lo contratan para que fabrique los trajes y las ropas, los vestidos para pajes y damas, para el gran rey, para la novia, y también vistan de luces al mortal.

Y contratar también al decorador, el que sabe de colores y mezclas, que sabe de flores y paisajes, el que sabe, de que sabor es cada rosa, donde va la espina y donde cada cosa.

El sastrecito necesita; agujeros para los ojales, hilos de plata recogidas en noche de luna llena, de las telas de araña que adornan jardines y bosques, donde habiten los osos frontinos en las faldas de los páramos.

Dedales de oro que prestan los gnomos que viven en las grietas y se ocultan en los huecos de los árboles caídos del bosque, en las orillas del camino; habitan también en la cavidades de las cuevas que hace el agua penetrando en las grietas y que tras años y años de trabajo, las socava transformándolas en enormes palacios, donde reinan las formas de calcio, y que se dibujan en los arcos y en las columnas, que son como coral y logran llegan al techo y hay otras que caen de ellos, y forman ebúrneos conos, y aún otras más, que nacen incipientes y que en años tras año, gota tras gota , el tiempo los invita a crecer, elevándose, y así se juntan con la estalactitas para lograr amarse, y llegar a formar una gran masa de formas caprichosas.
De allí salen las agujas y alfileres, de esa concreción calcárea

Y el sastrecito se va llenando de materiales para la elaboración de trajes y vestidos; ya tiene su tela sus dedales, su hilo, sus agujas y alfileres, va a buscar los ojales y los instala , cosiendo los pequeños ciempiés. Necesita botones, unos nacarados otros que brillen, los busca en las ostras, sus conchas nacaradas y en los cocuyos refulgentes que brillan por las noches alumbrando caminos. Busca mariposas para ordeñarles el color y llenar sus franquitos, busca flores, y de ellas toma su perfumes. Necesita algunos instrumentos para cortar y medir, toma el circulo que hacen las abejas en el vuelo, el zigzag de las libélulas , la línea recta que hacen las hormigas en su eterno caminar, prepara la tela para hacer el bolso donde guardará las cosas que protegerán a la Ondina en su nueva vida, de las gentes de la ciudad.
La fabrica de hojas de palma de moriche, las teje bien tupida, y en ella guarda; Los gritos del mono aullador; sirven para entrar al bosque avisando su ubicación. El gruñir del tigre; sirve para la defensa de la envidia. El silbido de sapo; sirve para llamar a hurtadillas. El canto del pájaro; voz para llamar al sueño y a la ilusión. La maraca de cascabel; para alejar maleficios y gotas de rocío; que sirven para mantener tersa la piel.

El otro, el decorador, necesita el color, para adornar el banquete, y el gran salón, y para hacerlo necesita, un verde intenso, profundo, como el de las montañas del Ávila en un día de agosto.

Necesita un blanco, pero un blanco especial; el blanco de espuma de mar, de un mar cristalino, puro, y lo manda a buscar a la isla de los Roques, allende al litoral central.
Donde el mar en su eterno vaivén fabrica el blanco azahar

También necesita un azul especial, lo encuentra en el mar profundo del Ecuador, un azul intenso de un mar del pacifico

Necesita, colores pardos, ocres , lilas, los busca en las aguas del Marañón, y en las aguas del Orinoco, en las orquídeas que nacen en las alturas de los árboles gigantes de la gran selva amazónica. Y baja un pedacito de azul, un poquito del cielo de Caracas , de un día de abril.

Necesita un verde esmeralda, como el de las montañas de Medellín. Y otro blanco especial y lo consigue en las cumbres del Aconcagua.
También un naranja; y lo toma del desierto Atacama. Una melodía del Paraguay. Y unas venas
de estaño de Bolivia, para adornar de gris las diademas de las ninfas. Busca flores de azahares del Brasil. Y baja un poco de iris, para su paleta de color, busca manchas de leopardo y conchas de caracol, para las lámparas que alumbran toda la noche consumiendo cera de las abejas, que están trabajando de día y de noche en tiempo extra para la ocasión. Va a buscar un rayo de sol para tener un poco de calor y mezclar con los colores y telas y llenar todo de luz y color.

Todo sea para brindar y llevar felicidad y dicha a la Ondina, que espera ansiosa el momento para lucir sus ropajes y galas, todo para poder casarse, su gran ilusión en la vida, y poder amar a un hombre, su sueño intenso.

Él, sonriente y tímido espera. Toda una historia de amor, en donde él la descubre en un día de pesca, cuando oculto tras una roca la ve. Ve sus formas, su andar, como flotando, observa su hermosura , la ve bañarse en las aguas del lago , la ve tomar el sol y así tras varios días de acechar y esperar, logra sorprender a la Ondina, hablarle y enamorarla.

Ella perderá su magia, se convertirá en mortal, no tendrá más contacto con los seres especiales que viven en el bosque, con los suyos y toda ese encanto especial, ese es su pago por enamorarse de un mortal

Este artículo tiene © del autor.

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