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ASPECTOS POSITIVOS DE LA FE

Camilo Valverde Mudarra

ESPAÑA



ASPECTOS POSITIVOS DE LA FE

C. Valverde Mudarra

¿Qué soy yo, sentimiento,
creación, esperanza o recuerdo,
cuando voy conjurando el misterio
con la fe, la figura y el Verbo?

D. Ridruejo.

El acto de creer, la fe, en sus aspectos fundamentales, desemboca en los conceptos de confianza, conocimiento y obediencia. La raíz fundamental ’mn indica estabilidad y seguridad en otro. El hombre necesita el concurso del otro para realizar su propio ser esencial, el yo, porque la vida es más diálogo que monólogo. La fe, pues, es la entrega en manos del Dios de Abrahán; es la aceptación de la palabra de Moisés en su experiencia con Yahvé; es la actitud compleja del pueblo de temor, reverencia, asombro, confianza, obediencia, ante los signos salvíficos. Para S. Pablo la fe se convierte en conocimiento y aceptación del misterio pascual de la persona de Cristo (Rom 1,17;10,9; Gál 2,6; Ef 2,8); y, en la carta a los Hebreos la define como certeza de lo invisible, confianza en las promesas de Dios y compromiso de fidelidad del hombre (Heb 11,1).

La dimensión subjetiva, en sus aspectos de confianza, fidelidad, escucha/obediencia, es esencial para la fe y, a su vez, su ausencia pone en evidencia la incredulidad del sujeto. Por ello, la fe, ha dicho A. Weiser, es la reacción a la acción primordial de Dios. Fe y Dios forman un binomio inseparable.

I. La confianza.

La fe, en el carácter subjetiva de entrega ilimitada, apoyo seguro, confianza plena, impulso, anhelo, -presente también en otros personajes- resalta especialmente en Abrahán, el padre de los creyentes: "Creyó en el Señor, y el Señor lo consideró como un hombre justo" (Gén 15,6). Quiere decir que, por creer confiadamente en Dios, es revestido por entero de justicia. Está, pues, íntimamente entroncada la fe con la justicia. La Hay)confianza en Dios le hace esperar lo imposible, un hijo en su ancianidad: " algo difícil para Yahvé? Ciertamente volveré de aquí a un año y Sara tendrá un hijo"(Gn 18,14. Abrahán guarda silencio y en ese silencio confía; Sara que estaba escuchando, se sonríe pensando en su cuerpo privado de vitalidad y en su seno ya seco. A causa de la confianza en la promesa, planificada más allá de lo posible en la condición humana, los designios divinos transforman en vitalidad, la sequedad, en juventud, la vejez. Y por el convencimiento firme de que Dios cumple lo prometido y de que puede hacerlo, pues "nada le es imposible", Abrahán pasa a ser el amigo de Yahvé. Así, S. Pablo aduce la fe de Abrahán que espera contra toda esperanza: "Y ante la promesa de Dios no vaciló con incredulidad, sino que fue fortalecido en la fe, dando gloria a Dios, estando bien convencido de que Él es poderoso para cumplir lo que ha prometido, por lo cual le fue también computado a justicia" (Rom 4,18-22). El objeto de su fe es creer que Dios le dará un hijo, a pesar de tener casi cien años y el seno de Sara estar ya como muerto, y que, en uno de sus descendientes -el Mesías-, serán benditas todas las naciones, "creyó y eso lo justificó" (Rom 3,28) por su fe y esperanza. Porque "el justo vivirá de la fe" y así "los que viven de la fe son bendecidos con el fiel Abrahán" (Gál 3,9.11). El objeto de la fe del cristiano es creer en Jesucristo y en su Evangelio y su fe le será evaluada como justicia.

La confianza en Dios se abre a la intervención divina con un corazón bien dispuesto a la humildad, como Jesús que "se humilló haciéndose obediente hasta la muerte" (Flp 2,8), y como María que es "dichosa por haber creído el cumplimiento de las palabras del Señor..., que se ha fijado en la humildad de su esclava" (Lc 1,45-48). La humildad es siempre admirada y estimada aun por los más alejados y conduce a la exaltación y a la consolación por parte de Dios: "Ha derribado a los poderosos de sus tronos, y ha levantado a los humildes" (Lc 1,52). Dios consuela a los afligidos y aborrece a los soberbios.

Creer es un acto libre, es un querer creer, lo cual induce a la confianza. Así la confianza ciega en Jesús, a pesar Hijo de(de los reproches de la gente, salva al ciego de Jericó que grita: " David, ten compasión de mí!"... "Ve tu fe te ha salvado" (Mc 10, 46ss); o la certeza de la tímida mujer que busca el mero contacto de Jesús: "Si logro tocar, aunque sólo sea la orla de su vestido, quedaré sana" (Mc 5,28), y la firme convicción, cargada de humildad, del centurión romano: "Di una palabra y mi siervo quedará curado" (Lc 7,7). Si el cristiano recurriera convencido y humilde al recurso infalible de la oración con esta confianza, con una fe "siquiera como un grano de mostaza", haría desaparecer este mundo de injusticia y miseria, porque: "En verdad, en verdad, os digo que el que cree en mí, hará las obras que yo hago...y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré" (Jn 14,12-14).

II. La fidelidad

La fidelidad se desprende de la confianza plena; y la fidelidad del hombre es imitación y participación de la de Dios.

Dios ha permanecido fiel a la alianza: "Yahvé, tu Dios, es el Dios fiel que guarda la alianza y la misericordia hasta mil generaciones a los que lo aman y cumplen sus mandamientos" (Dt 7,9); estas palabras constituyen norma de vida y guía certera de conducta para el hombre: amar a Dios y cumplir sus mandamientos; y Dios fiel a su palabra lo cubrirá para siempre de su misericordia infinita. Y Yahvé cumple sus promesas: "Te desposaré conmigo en la fidelidad, y tú conocerás a Yahvé" (Os 2,22), "Juró Yahvé a David, promesa firme que jamás retracta" (Sal 132,11); el alma que escoge por esposo a Dios, lo conocerá en su intimidad y tendrá juramento de promesa firme de que jamás le faltará. Dios es definido como "fidelidad" en Deuteronomio, en el salterio y en los profetas: "Él es la roca, sus obras son perfectas, todos sus caminos son la justicia misma; es Dios de Puede darse mayor tranquilidad y seguridad para el que)fidelidad" (Dt 32,4). decide entregarse y desposarse con el Señor?

Y la fidelidad de Dios exige la fidelidad del hombre: "Temed ahora a Yahvé y servidle con perfección y fidelidad" (Jos 24,14). Hay que invocarla, para que haga germinar en nuestra tierra la fidelidad a Él: "Que Yahvé sea con nosotros; no nos deje, sino que incline nuestro corazón hacia sí, para que andemos por sus caminos y observemos todos sus mandatos" (1Re 8,57). El hombre sin fidelidad se torna vacío, vanidad, nada, semejante a los ídolos: "Aniquilará los ídolos, barrerá las imágenes de Nof" (Ez 30,13); "pues nada son todos los dioses de las gentes" (Sal 96,5) y “avergüéncense los que sirven a los ídolos, los que se glorían de vanidades" (Sal 97,7). Como el siervo fiel -tipo de Cristo- "Todas las promesas de Dios son en Él "sí" (2Cor 1,20), el hombre debe considerar la fidelidad, uno de los Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas...(mayores mandamientos: " descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la buena fe!" (Mt 23,23). Esta actitud interna de amor y fidelidad, y no el cumplimiento Bien, siervo(frío de normas externas, tiene como premio el gozo del Señor: " bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor" (Mt 25,21).

III. La obediencia

La obediencia es estar en la intimidad de la amistad con Dios, tendencia a vivir como Él y, según los términos en griego hipakoe y en latín audire/oboedire: oír/obedecer, supone el escuchar. La fe se inicia en el oír y concluye en el obedecer: Anuncio-aceptación-fidelidad.

Escuchar es la actitud activa de la persona delante de Dios que se revela gradualmente en la palabra, en el mensaje, en el anuncio: "y, si te llaman, dirás: Habla, Yahvé, que tu siervo escucha" (1Sam 3,9); "Prestad oído, tierras lejanas" (Is 8,9); "Escucha, Israel, las leyes y mandamientos que hoy proclamo ante vuestros oídos" (Dt 5,1). El comprender requiere un acto activo de atención; entonces el escuchar será auténtico y se asimilará e interiorizará la palabra. La voz de Dios que nos interpela a través de las páginas de la S. Escritura necesita de la libre voluntad de oírla para, interiorizada, hacerla vida en nuestra vida. La simple percepción externa no es un oír; los judíos no sacaron ningún provecho de la Palabra, "porque al escucharla no se unieron a ella por medio de la fe" (Heb 4,2). Es adhesión de todo el ser, rendición del alma como la Virgen "que guardaba todas estas cosas en su corazón" (Lc 2, 19.51), y dar respuesta diligente como, cuando una mujer lanzó aquel conocido grito, dijo Jesús: "Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican" (Lc 11,28). Si estas palabras de Cristo enraizasen en el corazón del hombre, el mundo renacería y el Reino de dicha y felicidad que predicó florecería en la justicia.

Obedecer es permitir al evangelio libremente aceptado que manifieste su fuerza transformadora del hombre; es dejarse conducir por El, rechazando ese dios No)competitivo que es este mundo consumista del dinero, del horror y pecado: " sabéis que, al entregaos a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis? Si obedecéis al pecado, terminaréis en la muerte; y si obedecéis a Dios, en la justicia" (Rom 6,16). La vida de Cristo, con el acto supremo de amor en la cruz libremente aceptada, es obediencia: "Como por la desobediencia de un solo hombre fueron pecadores todos, así también por la obediencia de uno solo serán todos constituidos justos" (Rom 5,19).

La "obediencia de la fe" consiste o "se realiza en la fe", al aceptar el evangelio con la mente, la voluntad y el corazón, de forma que envuelva toda la vida. El hombre acoge, en la fe, la revelación de Jesucristo cuando se deja impregnar por ella y se comporta de acuerdo a su doctrina. La fe que salva ha de traducirse en un compromiso de vida con la divinidad. La fe es el sí del hombre a la acción de Dios en Cristo.


Camilo V. Mudarra es Lcdo. en Filología Románica
Catedrático de Lengua y Literatura Españolas,
Diplomado en Ciencias Bíblicas y poeta

Este artículo tiene © del autor.

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