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FIN DEL PROGRAMA

Adrián N. Escudero

ARGENTINA



FIN DEL PROGRAMA

A J.G. BALLARD

Clik-clak.

Las imágenes desaparecen porque nunca han existido.

Las paredes del cubículo escenográfico se agrietan en poros diminutos, y una por una las imágenes y el color desaparecen.

Con ellas se esfuman, además, los ruidos y aromas de la forzada realidad que alguien ha diseñado. El objetivo se ha cumplido. Sobrellevar la prisión voluntaria en defensa de su supervivencia y la ilusión de volver a comenzar, habían agudizado su especial ingenio para resolver situaciones límites.

Había logrado crear, o recrear -mejor-, su propia vida (o la vida del mundo a su imagen y semejanza, fruto delirante del recuerdo y del deseo innato de inmortalidad, nada ajeno, por ende, al espíritu del ser humano) con un juego complejo de sensibilidad y tecnología, sintetizado en ese brillante recinto de sensaciones tridimensionales que, desde la paz ancestral de los bosques hasta el arrogante rugir de las ciudades y su virtual tendencia a la destrucción, le habían provisto de un seleccionado clima ambiental para superar el encierro. Así, había conseguido -de alguna forma- mezclarse con la gente de su propia ciudad en la algarabía de las compras cotidianas, trepar el cuarto nocturno de hijos imposibles en una noche de lluvia y acariciar sus miedos, volar un cielo nimbado y columpiarse sobre el pico de la más alta montaña, instalar su alcoba en el mejor hotel y simular la exquisitez de su plato preferido, arrobarse en los parques junto al amor con la ingenua agitación de un colegial, y pensar que lo que en verdad sucedía no era un sueño, del cual, alguna vez debería despertar...

Todo eso, que él, llamaba vivir.

Clik-clak.

Y el programa ha llegado a su fin. En cero las memorias.

Recluido su cuerpo en las entrañas de la naturaleza, aferrada su esperanza al involuntario egoísmo de no compartir la suerte de todos, en los umbrales ya de sus resultados, detiene la animación de sus pensamientos...

Un silencio de años rechazados se apodera de él y de los restallantes muros de la pequeña habitación. Los muros brillan con luz metalizada, y los poros que devoraran al mundo, acaban asimismo por desaparecer, y todo es, dentro, una luz de estrellas que se ramifica vigorosa y palpita como el corazón de un sol extraño...

En el centro del aséptico cuarto está el hombre. Sentado.

Su cuerpo descansa y, más que apoyado, parece flotar sobre la acerada luminosidad inferior.

Tiene la cabeza recogida, casi oculta entre sus piernas, en actitud de meditación. Un traje iridiscente como el cuarto que habita, lo viste sin costura visible. Tiene un rostro de facciones tersas y la jovialidad de su tez se diluye en una cabellera de plata que se alarga, con extrema fineza, sobre sus hombros. El brillo de los muros se espeja en ella, reproduciéndose incesante tras el inevitable choque de cristales aparentes...

Clik-clak.

Un minuto.

Ahora cinco.

Diez minutos de silencio y acezante resignación.

Después, el hombre levanta su cabeza y dirige la vista hacia el frente. La luz de roja intensidad ha surgido en el habitáculo y titila con rapidez.

Clik-clak.

La luz se disuelve en alguna parte de las paredes vivientes, y una hendija de oscuridad subraya sesenta centímetros de blanca irradiación.

El hombre alza su rescatada humanidad, y camina con lentitud hacia la hendija.

No más de un metro. Con la noción del equilibrio alterada y la fuerza de sus piernas disminuida totalmente -ya por su dinámica corporal constreñida por el reducido lugar, ya por la magra alimentación de comprimidos-, cae bruscamente en la supuesta placidez de la fosforescencia plana.

Lo intenta otra vez. Convulsionado, percibe entonces el dolor en sus brazos y en sus ojos -enrojecidos por las variaciones de tono a las que han sido sometidos durante la proyección-. Tambalea. Duda hasta lo imposible llegar a ella de pie. Más, sabe que lo hará de algún modo, aunque deba arrastrarse como un reptil. Con el sonido a quebrado de sus huesos deja caer el cuerpo contra la pared frontal, mientras sus manos se arrebatan hacia adelante. La flaccidez de sus músculos lo traiciona y golpea el rostro en el muro inflamado. La proximidad de la energía viva y blanca le produce quemaduras. Indócil y sollozante, desprende con rabia sus dedos del metal e intenta con esfuerzo sobrehumano estabilizar sus movimientos. Aún más; opta por la inmovilidad total y casi no respira hasta que la delgada línea de luz gana en altura...

Mantiene los ojos cerrados durante tres segundos. Luego los abre y cierra intermitentemente, en un intento por acostumbrarse a los cambios que se generan a través de la puerta abierta, con la penetración de luces -sombras- exteriores en la habitación.

Diez segundos.

La puerta queda plenamente conformada y la sorpresa transfigura al hombre alto, famélico, de amplia frente, brazos y piernas efímeras, ojos desorbitados y cabellos de humo que, al cabo de cinco años de sedienta espera, observa al mundo desde su refugio...

Además del brillo nuevo -viejo- de las estrellas, un viento cálido -gélido- se arremolina en torno suyo. Lo envuelve en escalofríos agitándole el pecho, y se va. Negra de universo, su ansiedad -tímida y medrosa- busca la salida y la tierra anhelada al final del corredor que todavía cree subterráneo, ensayando torpes pasos. Trastabilla, y no se detiene en la abertura a reconocer el largo túnel que lo aguarda y que se expande, afuera, por doquier.

¡Es libre! Se siente volar...

Porque sus pies no yacen sobre la tierra donde ha empotrado su morada atómica. El mundo ya no está. En algún lugar del cosmos vaga desintegrado.

Cae al vacío y, con un grito de terror ahogado en su garganta, se sumerge en el espacio sideral...

Entretanto, la computadora fílmica -morada y refugio- continúa brillando y entrecerrando sus poros vivientes de luz eterna, alejándose del hombre, en un instante, como un lucero novel.-

Adrián N. Escudero - Santa Fe (Argentina), marzo de 1979. T.a. 1999 y 2006

. Publicado en Diario “El Litoral” (Santa Fe) - 15-09-79. Premio Selección REVISTA BANCO CLUB (Club Banco Provincial de Santa Fe) y SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES S.A.D.E. - Filial Santa Fe) - Noviembre, 1986. Seleccionado para la ANTOLOGIA LITERARIA REGIONAL SANTAFESINA - FUNDACION BANCO B.I.C.A. Coop. Ltdo. (Cuadernos “La Región”) - Texto destinado Escuelas Enseñanza Media (Lic. Felipe J. Cervera y Prof. Graciela F. de Cocco) - 1988. Integró la primera edición del libro “DOCTOR DE MUNDOS”. Editorial Vinciguerra SRL (Buenos Aires, Argentina - Enero de 2000), págs. 119/122.

P.-S.

ADRIAN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina). Breviario curricular

: Nacido en SANTA FE (ARGENTINA) (1951) - Autor de los libros de cuentos editados: “LOS ULTIMOS DIAS” (1977); “BREVE SINFONIA Y OTROS CUENTOS” (1990) y “Doctor de Mundos I - EL SILLON DE LOS SUEÑOS” (2000); continuado en saga con “Doctor de Mundos II - VISIONES EXTRAÑAS” (Inédito, 2005) y “Doctor de Mundos III” - LOS ESPACIALES (en desarrollo); así como, entre otros, de los libros de cuentos inéditos: “NOSTALGIAS DEL FUTURO” - Antología Fantástica (Ficción científica) (La Botica del Autor, 2005); “MUNDOS PARALELOS y Otros Cuentos para un Semáforo” - Colección de Realismo Mágico (La Botica del Autor, en desarrollo); “DESDE EL UMBRAL - Terrores Cotidianos y de los otros” - Colección de Horror (La Botica del Autor, en desarrollo); LA TORRE DE LOS SUEÑOS (Y LOS SUEÑOS DE LA TORRE) (La Botica del Autor, en desarrollo), y “EL EMPERADOR HA MUERTO y Otros Relatos” - Colección de Realismo Mágico (La Botica del Autor, en desarrollo); todo sobre relatos inscriptos bajo registro en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio de Justicia y Culto de la Nación). Domicilio particular: Obispo Gelabert 3073 - (3000) Santa Fe (Argentina) - Te.: (0342) 455-4811 - E.mails: anescudero@gigared.com y adrianesc@hotmail.com.-

Este artículo tiene © del autor.

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