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HABANA

Del poemario “Otras condenas inventadas”, finalista del concurso Yoescribo.com

Yordán Rey Oliva

Cuba



Hasta cuándo has de beber en los charcos, ciudad.

He padecido tu paredón de asombros

y no la callada marea de esperanzas.

Hay un vástago oxidado dentro de tus pupilas,

y un cura que se persigna y muerde el pan.

Nadie te salvará.

Tus calles son laberintos sin sal.

Sodoma es tu fantasma.

Masticaré tu sombra

y me sabrá a guayabas podridas,

a ese polvo gris que amanece en mis cuadernos de vidrio.

Voy a cerrar las ventanas de mi pecho.

Y cuando juegues a morir, ciudad,

me notificas.

 

 

Tu Poema

 

 

Este saberte tan cerca,

Ligada a mí desde el primer bostezo del sol.

Somos fantasmas con cierta adicción por el polvo cósmico.

Y he de espantar tus miedos con mis brazos,

Y he de alejar de ti los hechizos del tiempo.


Una brújula es el principio del Camino,

Pero... sin tus dedos de río,

o tu sonrisa de Luna,

no hay Norte en la tierra.

 

 

Voy a rayarme tu nombre en las sienes

 

El corazón se fue quedando solo..

Raúl Hernández Novás

 

...y Sherezada discreta se calló....

Las mil y una noche.

 

El corazón se fue quedando solo,

 

Fue entonces que llegaron a habitarlo las marismas,

el falso humo de tabacos,

y algún que otro viajero, de esos de que prometen cartas insalvables
y luego naufragan.

Pasaron las horas, tan poca cosa, aferradas a una lágrima gris

incondensa

 

Y el corazón pidió un minuto de silencio...

por las veces que se inclinó a beber del pozo absurdo, lleno de yerbajos.

por los artífices que marcaron su carne con ruedecillas y nanómetros.

por la Reina de Corazones.

Por sus curvas peligrosas, sensuales.

 

Así cantó en silencio:

 

Voy a rayarme tu nombre en las sienes para que no se lo lleven los ciclones,

Ni los monstruos verdes.

Haré pesquisas de sal,

Granos que caen en los manteles y son olvidados.

 

Así hubo de gritar con los labios apretados su horror de militancia, su desafuero.

 

Y llegaron entonces las ovejas, los cornos y el cayado,

La sangrienta cosecha de conjuros,

el Aquelarre discreto de los Sábados.

El pan y el vino.

La fe.

 

Fue demasiado.

Y el corazón discreto se calló

 

 

Yordán Rey Oliva

Cuba

Del poemario “Otras condenas inventadas”, finalista del concurso Yoescribo.com

Correo: oloccum@yahoo.es

 

Este artículo tiene © del autor.

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