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Boda en el cielo

Cuentos de tradición oral (cuento1)

Carmen María Camacho Adarve

España



En tiempos antiguos y de mucha penuria andaba una zorra cerca de los cortijos buscando algo que poder comer.  Tanta hambre tenía que estaba dispuesta a comerse hasta las piedras.  En el filo de una ventana de un cortijo vio a un grajo comiendo algo de un vaso.

A la zorra se le hizo la boca agua nada más ver al grajo.  Comenzó a dar vueltas alrededor de él mirándolo de reojo y pensando como comérselo y lo que había dentro del vaso también. Pero el pájaro que era muy listo, ve sus intenciones y programa un plan malvado: le propondrá llevarla a una boda al cielo. Dicho y echo así que la llamó:

 - Comadre zorra ¿quiere usted venir a una boda al cielo?

 - ¿A una boda al cielo?

 - Sí, es que estoy invitado y puedo llevar a alguien.

  - Pero compadre grajo yo no sé volar.  ¿Cómo iré al cielo?

  - No se preocupe que yo la llevo.

  - ¿y cómo?

  - Pues se sube encima de mí y vamos volando.

  - ¿Pero... eso es seguro?

 La zorra no se fía del grajo pero el hambre es más fuerte que el miedo.  Veía la zorra un gran banquete con deliciosos majares y se le caía la baba.

  - Que sí, es seguro, venga vamos que no lleguemos tarde.

Sin pensarlo más nuestra hambrienta zorra se sube encima del grajo y este levanta el vuelo.

Volando van y la zorra le pregunta si tardarán mucho en llegar. El grajo le pide paciencia.

Al poco le pregunta a la zorra como va y si ve la tierra.

  - Voy bien y la tierra la veo, pequeña pero la veo.  ¿Cuándo llegamos?

  -  Falta poco no se preocupe.

Al rato de esta conversación el grao le dice a la zorra:

  - ¿Ves la tierra?

  - No, no la veo.

  - Pues hemos llegado, ¡Prepárese!

   - ¿Cómo que hemos llegado?  Si yo no veo ni novios, ni banquete ni la tierra...

   - Pues yo le digo que hemos llegado.

El grajo se revolvió y la zorra se fue al vacío.  Se le quitó el hambre y se le olvidó la boda con tanto miedo.  Que velocidad llevaba.  La tierra cada vez más y más cerca.  De pronto vio un enorme peñón sobre el que iba a caer sin remedio y se iba a matar y entonces empezó a gritar:

  - ¡Huye peñón, que te parto!

  - ¡Huye peñón, que te parto!

Pero al ver que el peñón no se movía pensó:  Si de esta me libro y no muero, no quiero más bodas al cielo.

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