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III. LÍRICA POPULAR

Camilo Valverde Mudarra

ESPAÑA



Es probable que el temperamento castellano renunciase en un comienzo a la efusión de la intimidad, prefiriendo la objetividad de la épica, como dice A. Castro "una creación defensiva contra la sensualidad musulmana". No obstante, está plenamente demostrada por Menéndez Pidal la existencia de una lírica popular indígena. Esta primitiva lírica castellana -independiente de la gallega- va a estar constituida por serranillas, canciones de mayo, cantos fúnebres triunfales, de velador, cantos de amor, de bodas, de romería, de trabajos agrícolas, etc., semejantes a los cantarcillos conservados en los cancioneros de los siglos xv y xvI.

La lírica primitiva en la Península Ibérica es de dos tipos fundamentales: uno culto en tono y técnica y otro de sabor popular. El descubrimiento de las Jarchas confirma la existencia de la lírica andalusí de origen muy antiguo, pues se hallan codificadas ya a finales del s.VIII.

La modalidad métrica más frecuentes de esta poesía fue, con seguridad, la del zéjel (de origen arábigo-andaluz), constituido por una cancioncilla inicial, generalmente un pareado que servía de "estribillo", y un trístico monorrimo, "mudanza", seguido de otro verso ("vuelta") que rima con el estribillo (aa-bbba-aa). Esta estrofa, así como el villancico, derivación de aquel, tuvo en nuestro suelo gran cultivo, que se prolongó hasta el siglo XVII.
El origen de esta lírica española quedó establecido por los estudios de cincuenta y tantas estrofillas en romance mozárabe, las jarchas, que aparecían insertas al final de otras tantas muwashahas de los siglos XI, XII, escritas en árabe y en hebreo. La muwashaja tenía la misma estructura estrófica que el zéjel, que era una variante popular suya, pero, aquélla terminaba con una cancioncilla mozárabe (la "jarcha") a menudo preexistente; fenómeno semejante al que se observa en muchas composiciones de los siglos xv al xvii en las que el autor acoge como estribillo un cantarcillo legado por la tradición, que había oído en boca del viejo pueblo andaluz desde tiempos remotos.
Se piensa con fundamento que estas estrofillas, inspiradas en una anónima expresión lírica de Al-Andalus, se remontan y siguen una antiquísima tradición romance, que pudo ser la fuente y el germen de la vieja lírica castellana y de la gallega, pues la mayor parte presenta la forma de los villancicos castellanos y el contenido de las cantigas de amigo.

Menéndez Pidal argumenta: "los cantos andalusíes primitivos -atestiguados por las jarchas mozárabes que aprovechan árabes y hebreos bilingües-, las cantigas de amigo y los villancicos castellanos aparecen claramente como tres ramas de un mismo tronco enraizado en la Península Hispánica. Las tres variedades tienen aire de familia inconfundible, y sobre todo, las tres tienen su mayor parte, y la mejor, con un doble carácter diferencial común: el ser canciones puestas en boca de una doncella enamorada, y el acogerse la doncella, confidencialmente, a su madre... La forma andalusí se asocia más íntimamente con el villancico castellano que con la cantiga galaico-portuguesa".

La niña enamorada expone sus cuitas amorosas a su madre:

¿Qué faré yo [haré] o qué serád de mibi [mí]?
¡Habibi,
non te tuelgas [apartes] de mibi!

“Vaise meu coraçon de mibi”. Se puede decir que el estribillo o villancico, cuando deja de ser tema, para constituir un conjunto completo, se dilata y se confunde con las seguidillas.

Dámaso Alonso señala, con orgullo, que las primeras muestras de lírica románica, conservadas, anteriores a todas las demás en cien años, son españolas de la lírica juglaresca en castellano

Villancico. Poesía cantable, compuesta de un estribillo -que es lo que especialmente se llamaba villancico- glosado en estrofas, al fin de las cuales se suele repetir todo o parte del estribillo. Parece que es propio de la primitiva lírica popular castellana.
El estribillo o tema se compone de un pareado, puro o con un tercer verso libre; enuncia la nota lírica fundamental y está destinado a cantarse en coro. La forma, más arcaica y simple es la de la glosa monorrima. Se caracteriza por ser eminentemente sintética. Trata motivos elementales de la sensibilidad; una frase exclamatoria es la forma de muchos villancicos, como la interjección es la enunciación más directa del sentimiento.
Las clases de villancicos son muchas: serranos, de vela o centinela, de segadores, de pastores, de romerías, de fiestas, etc. Según Navarro Tomás, en los "villancicos" posteriores, "el estribillo suele tener de dos a cuatro versos, la mudanza es generalmente una redondilla, y la vuelta va precedida de uno o más versos de enlace con la mudanza. De ordinario sólo se repite la última parte del estribillo". Por ejemplo: abb-cdde-ebb.
El término "villancico" se emplea hoy también para designar el cantar inicial, o estribillo, glosado por las mudanzas.

Seguidillas. Son estrofas de cuatro versos de arte menor. Estas formas de canción están muy arraigadas en la tradición hispana y en la expresión popular en que manifiesta sus penas y sus alegrías.

En Roma, la sociedad imperial gustaba las canciones de la Bética y celebraba las danzas de las bailarinas gaditanas, según testimonios de Marcial y Juvenal. Esta canción andaluza ha persistido durante los siglos, en una curiosa y firme continuidad; lo mismo que, luego, los árabes las celebraron tanto que las introdujeron en sus poemas vernáculos, conservando la propia lengua románica en que las oían.

Hay varios tipos:

1. La seguidilla simple o Copla consta de dos heptasílabos, el primero y el tercero y pentasílabos, el segundo y cuarto. Son muy variadas, existen las sevillanas, las malagueñas, las saetas, las jotas...; Soledad o soleares, de tres versos octosílabos con rima asonante el primero y el tercero; y la alegría de dos versos.
En cuanto a la métrica, pertenecen a las estrofas de cuatro versos de arte menor. Hay coplas de arte mayor, por lo general, de ocho versos de doce sílabas las de pie quebrado.
Hay coplas amorosas, morales, religiosas, patrióticas, sentenciosas. Las coplas amorosas se llaman trovas. El carácter popular de la copla no ha impedido que fuera cultivada también por los eruditos, aunque siempre ha conservado su tinte popular.
Algunos "géneros" tradicionales tienen normalmente este carácter: La oda, que expresa normalmente la admiración dirigida hacia las cualidades de un ser humano.

2. La seguidilla gitana o playera de tres o de cuatro versos; normalmente, los dos primeros son hexasílabos; el tercero endecasílabo y el cuarto, hexasílabo, en que riman segundo y cuarto en asonante.

Camilo Valverde Mudarra

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