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PRAGA MAGICA

Valentín Justel Tejedor

España



PRAGA MAGICA

Unas glaucas y feraces ribas escoltaban el caudaloso río Elba, en su premioso e ineluctable discurrir hacia Praga, márgenes esporádicamente moteadas por pequeñas construcciones, bellas y sencillas, que parecían dirigir su mirada hacia ese valle absolutamente maravilloso e idílico; de vez en vez alguna embarcación surcaba las térreas aguas, dejando tras de si una estela casi imperceptible, que apenas destacaba entre el legamoso y cobrizo color de la encalmada superficie aguanosa; quizá lo más llamativo en aquel paisaje albazano, y verdino eran los pabellones de las gabarras que con sus vivos colores ponían una nota de color en aquel entorno pardo, y esmeralda.El contraste entre la hondonada del valle, y las montañas que se erguían a ambos lados era realmente estremecedor, picachos y cresterías inhóspitas despuntaban en el otranto, junto a paredes inaccesibles y trazadas con extrema verticalidad, la horizontalidad venía marcada por los puentes que atravesaban el curso fluvial con suma ingenuidad, sin reconocer la belleza sublime de un paisaje cotidiano para ellos, pero rebosante de esplendor para cualquier visitante; puentes de acero formando con sus tirantes extraordinarias figuras geométricas, parecían iluminar la luenga noche; y puentes de piedra milenarios, evocaban la ancestralidad de sus creadores.
En este discurrir ciertamente maravilloso hacia Praga, en la lontananza se acertaba a vislumbrar entre las estratificadas tinieblas de la diáfana noche, una luna nueva que descubría entre su níveo claror la silueta del soberbio e inexpugnable Castillo de Praga, coronado por las esbeltas agujas de la gótica catedral de San Vito; a sus pies entre un mar de vetustas construcciones pruñas y ciroleras, con techumbres de imbricadas tejas coloreadas por un acuoso y enardecido color bermejo, surgían más de quinientas torres diseminadas por la anchurosa trama urbanística de la capital, no había duda era la Praga mágica atravesada por el caudaloso Moldava, que a su paso tendía puentes de inusitada belleza como el Karlov Most, - uno de los puentes más bellos de la vieja Europa - un verdadero delirio para la retina en la serena anochecida, cuando muestra su esplendor iluminado equidistantemente por tetragonales fanales, que con su ambarina e ictérica luz proporcionan un halo de cierto misterio y enigma; así, flanqueado por barrocas estatuas de oscura arenisca, que parecen resistir incólumes el paso de los tiempos, se añade a su propia belleza arquitectónica su excelsa e inequívoca beldad artística; de este modo, tras caminar con premiosidad por esta obra de arte entre el sonido melódico y armónico de violines, y violonchelos que animaban su aovado recorrido se accede a las intrincadas y laberinticas calles que conducen al Castillo de Praga.La aparición de una intermitente lluvia fina, que humedecía los irregulares adoquines de las empinadas callejuelas, y plazas de esta zona de la ciudad no deslucía la apostura de un barrio cargado de excelencia como es el de Malá Strana (Hradcany), así siguiendo la silver line, cuyas placas refulgían con timidez, al más mínimo rayo de sol, que surgía de aquel cielo encapotado y agrisado, se llega tras superar las costanillas adyacentes a las puertas del Castillo; es momento de detenerse y admirar la trama laberíntica de la ciudad de Kafka, y la cercana colina Petrín con sus verdinas coníferas, y su réplica de la torre Eiffel...Inesperadamente el gentío congregado en la amplia plaza, se desplaza con premura ante el movimiento marcial de los centinelas de la fortaleza, es el cambio de guardia, minutos más tarde todo vuelve a la normalidad y las masas de turistas no cesan de fotografiarse con aquellos estáticos e inmutables soldados, que parecen estar hechos de cera.Pero, regresemos a la Praga pretérita, la que se percibe en cada rincón y en cada callejón, la Praga de ensueño, que es capaz de cautivar a cada momento por la belleza de sus monumentos y expresiones artísticas y arquitectónicas, la Praga de los viejos tranvías que se desplazan con soltura por las angostas calles de una ciudad bella en si misma, una ciudad que algunos escritores han llegado a calificar como de cuento de hadas...una ciudad permanentemente engalanada, para que cualquier visitante no olvide jamás a una de las capitales más bellas de Europa.

Este artículo tiene © del autor.

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