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RESPIRAR DE OTRA MANERA

Carlos Téllez Espino

Cuba



Como un sacerdocio, el concertista de Las Tunas Argibaldo Acebo Pérez camina  la ciudad, respirando el tiempo de este siglo. Como pocos lo ven hablar,  muchos creen que  la palabra se le hace indócil, y ellos entonces hablan  demasiado, aunque el tiempo, ese homicida,  no los escuche. Acercarse a esa manera única de concertarse en la guitarra es el intento de esta entrevista, que pretende ser coral, porque, aún, Argibaldo escucha, y también habla.

 

Si no se escucha no se puede establecer un diálogo, con las personas y con las obras, con la guitarra y con los compositores.

 

¿Y el silencio?

 

Para mí casi siempre el silencio es un preámbulo, ese silencio total que incluso yo hago, antes de empezar a interpretar una música ante cualquier público

 

¿Cómo ve Argibaldo la muerte?

 

Desde mi punto de vista, muerte, como tal, no existe. Para mi sencillamente son momentos de transición, de un lado a otro, de un momento de la vida a otro. Es el comienzo. Llegado el final, es un paso a otra etapa. En cualquier sentido que lo mire, veré siempre un estado de modulación, como diríamos en la música, de una tonalidad a otra y en ese sentido pienso que es sencillamente la incapacidad que tenemos de ver qué ocurre después de eso que llamamos muerte. ¿Qué hay más allá?, o, ¿qué hay antes del nacimiento, sino vida, otra forma de manifestación de una vida, única, que es como lo veo yo?

 

¿Y entonces, ¿la vida?

 

Todo es un universo vivo. Ya dije que no hay muerte, sólo transición de un estado a otro. Esto en el arte se aplica. La obra es inmortal en la medida en que cada intérprete sea capaz de mantenerla viva. Puede que mi manera de interpretar guste más en estos momentos y en otros no, pero el arte, sigue.

 

¿Puede uno trasladarse a través de la música?

 

Incluso a veces es totalmente involuntario. Una vez que uno comienza el acto de mover los dedos, o de cantar, ya ese acto de creación lo lleva a uno a viajar  vertiginosamente. Hay momentos en toda la interpretación en que uno está en un lugar, va a otro, y al final es como un gran cuadro, una cosa mezclada que ni uno mismo entiende. Sin embargo, todo eso también sufre una transición que me lleva a algo que ni sé cómo explicar, que pierde cualquier forma concreta, es como que uno se diluye en algo amorfo, donde pierdo hasta el contacto con el sonido real que se está produciendo, físicamente hablando.

 

Es como  dejarse fluir... Y has defendido esa tesis, la de dejarse fluir... ¿La defiendes sólo   musicalmente hablando, o tiene que ver con una posición ética ante la vida?

 

Aunque puede ser una posición ética ante la vida, la defiendo musicalmente hablando. Cuando yo me enfrento a la obra, la estoy tocando, dejo que los sentimientos que me provoca, fluyan  a través de mis  manos, de mi mente, hacia la guitarra... dejo que se desborden hacia el espectador esos mismos sentimientos, la pasión con que fue, o creí que fue, concebida la obra musical. Es un dejarse fluir constante entre el creador, mi interpretación personal de esa creación, y el público que asiste, que nunca es pasivo, aún cuando esté callado.

 

Entonces, el creador nunca está sólo.

 

Un artista solo no es nadie, uno hace la obra y la comparte y ahí ya estas onversando de ti mismo con los demás y en los demás.

 

Has dicho que le debes mucho al español Francisco Tárrega, al brasileño Heitor Villalobos, al paraguayo Agustín Barrios Mongoré y al cubano Leo Brower... ¿Cómo se juega entonces lo contemporáneo en ti, cuando hay más de un siglo de guitarra en esos hombres que  marcaron  tu carrera?

 

Francisco Tárrega es el clásico de la guitarra contemporánea, el que la dignificó, la llevó al nivel de instrumento de concierto. Aún hoy  se toca la técnica con los procedimientos establecidos por él y así con los demás. Todos aportaron e hicieron lo que es hoy la guitarra, aunque haya más de un siglo de historia entre ellos.

 

Fuiste casi fundador del Coro Profesional de Cámara Euterpe, y aún hoy eres la voz barítono de esta agrupación vocal...

 

Fue en enero de 1994. El coro se había creado en septiembre del año anterior. Soy casi fundador de Euterpe.

 

Y, como concertista trabajas, por supuesto, a partir de ti mismo. Sin embargo, para el trabajo coral hay que integrarse a un grupo, aunque en este también, en esencia, se haga un montaje musical. Cómo se te han dado   ambos modos de enfrentar la música.

 

Es un desdoblamiento. El trabajo como concertista, como dices, es aparentemente, o parte primero de mi. Todo criterio estético parte entonces de mí mismo, el estudio, el trabajo de mesa con las partituras y su incorporación al instrumento es a partir de mi mismo. Pero en el coro uno debe integrarse totalmente a un colectivo y fusionarse en ese todo. Se pone la parte de uno, pero en un coro las voces son el instrumento musical, y el director el instrumentista, el que guía. Lo que sucede es que a veces es muy difícil para el ser humano perder su personalidad, su yo en la música, y para lograr integrarse hay que perderla. Ha habido momentos en que no he coincidido, como músico, con el criterio de la directora,  Aleybis Arauz, pero me he tenido que supeditar, por un problema ético y de respeto a ella, que es mi esposa, además. Yo eso lo tengo bien definido. Antes de mi matrimonio yo fluía de lo mejor en el coro. Luego, sin darme cuenta, por un tiempo empezó a aparecer el ego del músico y tenía entonces que llamarme a mi mismo y decirme, es tu pareja, pero es la directora del coro. Era una lucha, por momentos, entre el músico y el esposo. Pero me dejaba fluir, me dejo, y entonces volvía, vuelve,  todo a la normalidad.

 

¿Cómo es que el acto de creación viene a ti como en una frecuencia?

 

Como concertista yo decodifico, a través de mi formación, cultura personal, lo que el creador de la obra quiso plasmar en ella, ese mundo interno. A partir de entonces le aporto mi perspectiva personal, mi mundo interior. Pero la obra no queda ahí. Cuando llega al público, este entonces la decodifica desde sus experiencias, su personalidad, sea un espectador especializado o no y entonces hay miles de mensajes, de temas, sin estar enajenado ninguno, totalmente, del original.

 

La música, más que una profesión, es en ti una misión ante la vida.

 

Cada artista es un centro focal. Muchas mirada están en ti y el público imita y uno debe pensar como proyectarse. Yo, si voy a tratar una obra violenta, trato de que la violencia sea artística, estética. Porque, además, el arte para mi es como un sacerdocio, una consagración total que se queda en la vida de los hombres, en sus almas.

 

 También has defendido siempre que el artista, el creador, debe respirar de otra manera... ¿Más profundamente, quizás?

 

Mas profundamente en el sentido de que debe estar bien atento, lúcido, con mas capacidad para escudriñar en su entorno, en los seres humanos.

 

Porque el artista no es un ente aislado, ni inconciente, aunque algo de inconciente haya en la creación.

 

Creo además que, en la medida en que el artista sea capaz de tener un código ético en las relaciones con sus contemporáneos, mantiene una puerta abierta a las ideas, que luego podrá trabajar.

 

Tienes también una pasión secreta, la de la poesía, que lee y  hasta  escribe, aunque muy escondido, y nunca ha querido mostrar.

 

Todo arte es poesía... Yo puedo disfrutar un momento poético en la música, en el teatro, en la misma literatura. Pero, sí, la poesía, literariamente hablando,  es mi pasión, digamos, empírica, en la propia esencia de mi persona. Yo pienso, por lo general, poéticamente. Yo me conduzco en la vida, pienso, actúo lo más que puedo desde el punto de vista poético,  y por naturaleza. Soy así desde niño, fui creciendo en ese, para mí, mundo bello de la poesía, de la literatura, además de la música. En mi se fusiona todo eso y me dejo llevar, me dejo fluir en la poesía, aunque pienso no sea mi fuerte para exteriorizarlo ante un público.

P.-S.

DURANTE LOS MESES DE JULIO Y AGOSTO DE 2006 EL CONCERTISTA DE LAS TUNAS, CUBA, ARGIBALDO ACEBO PEREZ, HIZO VARIAS INTERVENCIONES EN TUNASVISION, CANAL TERRITORIAL DE SU PROVINCIA, EN LA REVISTA CULTURAL LA TERTULIA, CONDUCIDA POR JULIO GOMEZ MOLINET Y BAJO GUION Y DIRECCION DE CARLOS TELLEZ ESPINO. ESTA ENTREVISTA ES UN COMPENDIO DE AQUELLAS TRANSMITIDAS POR LA TV.

Este artículo tiene © del autor.

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