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Y... Pedro

Nepomuk



He escrito este post ocho veces y las ocho me ha quedado una cursilada. Los he mandado todos a la papelera. Voy a intentar escribirlo a vuelapluma (o vuelatecla) porque si no, veo que me dan las ocho y aquí sigo como un ceporro.

Primero estuvimos un buen rato hablando de él con su cuidadora. Nos estuvo contando y advirtiendo sobre lo que iba a pasar. "Pedro tiene su burbuja emocional que le aisla del exterior. Os va a asumir como quien está en un cuarto con la televisión puesta. Sabrá que estáis aquí, pero no contaréis para él. No os sintáis mal. No es un desprecio. Para él es algo normal y carece de todo tipo de sentimiento anexo." Vale. Nos preparamos. Fue como dijo. Pedro entró, y se sentó. No nos miró. No miró a nadie. Sólo a su cuidadora durante apenas dos minutos, para "escuchar" en lenguaje de signos, quiénes éramos y qué hacíamos allí. Una vez que lo hubo sabido, pasó a mirar la mesa y allí se quedo. Completamente ausente. La cuidadora le tocó para que nos hiciera caso, porque tenía que mirarnos para saber que le estábamos hablando, pero fué en vano. La mesa y Pedro. Pedro y la mesa. Seguimos hablando con su cuidadora y de pronto, él se levantó, cogió un tebeo y se sentó en el sofá. Karlos dijo "mejor que hoy nos conformemos con esto ¿no?" y la cuidadora dijo "sí, sí. Esto es más que suficiente para una primera vez." Miré los tebeos. Dora la Exploradora, La Sirenita, El Pato Donald... Mierda de presupuestos. Cogí un Don Miki, me levanté y me senté en el sofá a su lado. Noté que la cuidadora se ponía alerta. Pedro miró de reojo mis zapatillas apenas un segundo y siguió a lo suyo. Estuvimos un buen rato allí los dos, leyendo aquella mierda de tebeos. Pegué mi rodilla a la suya. No sé por qué. Para que me sintiera. Porque no podía oírme y quería expresarle que a su edad yo también estuve en veintemil cuartos con quien no quería estar. Se retiró de inmediato, como si le hubiera dado calambre. Esperé un poco y volví a pegar mi pierna a la suya, pero ya no se apartó. Dejé el tebeo y estuve un rato mirándole. Él a mí no. Le dí golpecitos con la rodilla y él frunció el ceño. Karlos dijo "Ari, déjale..." así que me levanté, y entonces ocurrió. Me cogió del pantalón y tiró hacia abajo. Ví a la cuidadora que se tapaba la boca. Como un gilipollas, olvidé que no puede contestarme el que no me puede oír, y le dije "¿qué? ¿qué quieres?". Él volvió a tirar de mi pantalón hacia abajo. Quería que me sentara. A su lado. Volví a sentarme. Pedro cogió de la mesa el Don Miki que yo había soltado, y lo puso en mis rodillas. Luego volvió a hundirse en su tebeo. La cuidadora me miró con los ojos húmedos y dijo "diosmíodiosmío muybienmuybien..." Karlos soltó una carcajada y dijo "Lo tienes, mosquito."
 

Lo tengo. Lo tenemos. No importa que no pudiera oírme. Pedro me escuchó.

Ver en línea : http://nepomundos.blogspot.com/2014...

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