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A ver...¿cómo empiezo esto?

Nepomuk



Todo fue un éxito. Funcionó el instinto y Simón y Pedro se entendieron. Y si no se entendieron, desde luego se aceptaron perfectamente. La actitud de Simón fue la de siempre. No habíamos pasado la puerta, y ya el celador sabía hasta de qué color me había puesto yo los calzoncillos ese día. Y es que todo lo cuenta. TODO y a TODOS. Es como un coro de pitufos anfetamínicos. En lugar de decir "Hola" como harían los niños normales, él dice "Hola, yo soy Simón y vengo a ver a Pedro porque se va a venir con nosotros a la tribu y le vamos a dar un perro porque Matraka duerme conmigo y Asesino está con Ariel porque le ha dicho Karlos que no coja el monopatín porque han salido rayas en el suelo y Karlos dice ¡Ari que no patines en el suelo de la salaaaaa!" Así. Sin comas y sin pausas de respiración. Y no. Por mucho que cueste creerlo, no estoy exagerando. Solo transcribiendo.

Durante todo el camino le estuve explicando que Pedro no podía oír, que tenía que ponerse frente a él y hablarle solo en lengua de signos, y durante todo el camino pareció entenderlo perfectamente. "¿Seguro que te acordarás?" "Sí" "¿Seguro, seguro?" "Me acordaré SUPERBIEN." Por supuesto, en cuanto entró, empezó a hablarle a gritos. De nuevo la noche y el día. Pedro no olvida una hora de cita y Simón disfruta tranquilamente de su memoria de pez, porque para él el universo sigue girando igual. Le cogí en un aparte, un poco cabreado de que me hiciera tan poco caso. "Simón...¿qué te he dicho? no puede oírte. Tienes que ponerte frente a él, porque no lleva implante..." Él me miró, miró a Pedro, y luego se señaló el suyo y dijo "No pasa nada, le ponemos este" Y ahí, en esa décima de segundo, entendí que Simón, con toda su falta de adultez y de racionalidad, manejaba el mundo mil veces mejor que yo. Y de verdad que casi sentí deseos de llorar.

Pedro no mostró ningún rechazo. Ambos estuvieron cómodos desde sus propios espacios y comportamientos. No hubo cortocircuitos. Ninguno. Simón le concedió sin dudar el usufructo de la chinchilla, y le expuso su vida y milagros durante dos horas, mitad parloteo, mitad signos, en las que Pedro se mantuvo concentrado y tranquilo acariciando a Exterminio sobre sus rodillas. Tres veces miró a Simón y tres frases le dedicó. La última de ellas, muy significativa: "El viernes no hay colegio y puedo bajar también por la mañana."

Una vez estuve jugando a un videojuego en el que tenías que cruzar un abismo terrible, para llegar al otro lado de una montaña. Y justo cuando dabas el primer paso, seguro de que te ibas a despeñar contra el fondo, empezaban a aparecer por arte de magia pequeñas piedras flotantes bajo tus pies. Y así, piedra tras piedra, lograbas salvar lo que en principio parecía una muerte segura.

Te juro que vuelvo a tener exactamente la misma sensación.

Ver en línea : http://nepomundos.blogspot.com/2014...

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