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Ganar de un gol o por un gol, pero seguir ganando

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Simeone ha cambiado el estribillo de ir «partido a partido» por ir «final a final». Si la primera muletilla ponía su foco en el trabajo diario, en la capacidad de disputar al máximo cada encuentro sin mirar más allá de la jornada en juego, esta segunda versión añade un matiz de urgencia, el vértigo de asumir que el triunfo liguero ya sí que está en la mano, está rozándose, se acaricia…, pero aún se puede escapar.

Según el momento de la temporada, un empate puede verse como un tropiezo o como un punto valioso. En este último tramo del campeonato, en cambio, no hay empates que valgan: como en las finales de las competiciones con eliminatorias, solo cabe ganar y ganar, que diría Luis Aragonés, no hay otra opción. De ahí que el entrenador rojiblanco airee ahora esta mentalidad de «final a final».

La cuestión, desde el punto de vista lingüístico, es precisar qué preposición acompaña al verbo ganar (lo mismo cabría decir de perder, pero no es cosa de ser cenizos): ¿ganar de ganar por?, ¿en qué quedamos?

Se trata de un debate con solera. Aunque no faltan sabios del lenguaje que defienden el uso exclusivo de ganar por, también existen defensores de ganar de desde hace décadas; por poner un referente ilustre, Fernando Lázaro Carreter, allá por 1987, escribió en uno de sus dardos que en baloncesto «“ganar (o perder) de doce” señala bien que ésa es la diferencia de tantos en aquel momento del partido, pues ese dato importa más que el número de encestes puntuados».

Lo mismo es extrapolable al fútbol, donde a menudo, más que el resultado en sí, importa ante todo la diferencia de goles: no en vano, si el Real Madrid necesita que el Atlético pinche dos veces es debido a que, en caso de empate a puntos, el golaveraje aún daría el título a los colchoneros. Importa y mucho, en definitiva, destacar tal diferencia.

Múltiples son las opciones, por tanto, a las que un periodista puede recurrir: ganar por se empleará tanto para indicar el resultado («En los últimos cuatro partidos disputados en casa ganó por 1-0 y terminó pidiendo la hora») como para expresar la diferencia de goles: «Está claro que lo mejor sería ganar por uno o dos goles para la vuelta», circunstancia esta última igualmente reflejada con ganar de: «Les vale con ganar de uno para ser líderes».

Cómo no, también es posible prescindir de toda preposición y limitarse a intercalar un guion entre dos cifras: «El Barcelona ganó 3-1 al Real Betis con dos goles de Lionel Messi».

Los atléticos, de momento, siguen dosificando los goles, exprimiendo al máximo cada tanto que anotan, sobre todo en casa. Cierto es que el viernes se dieron el lujo de ganar de dos o por dos al Elche, pero el segundo tanto llegó cuando ya acababa el encuentro. Una vez más, la sufridora hinchada del Manzanares permaneció al borde de infarto hasta casi el último segundo. Ser atlético es un sentimiento, qué duda cabe, pero el corazón no consiguen cuidarlo.

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