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Ya no más maxiposteos, de verdad

Nepomuk



Tengo que volver a los minipost frecuentes. En cuanto me densifico, me bloqueo y esto se para. Y luego pasarán los días y ya no recordaré lo que quería recordar. Creo que nací con el cerebro en permanente estado de telegrama.

Ayer Pedro se llevó la chinchilla a clase. Metida en una bolsa de plástico y sin avisar, como si el pobre animal fuera un bocadillo de tortilla. No me enteré hasta que fuí a darle de comer y me encontré la jaula vacía. Para Pedro fue algo absolutamente normal porque una semana antes habían tenido un día de mascotas y los niños habían llevado peces, hamsters... y en su cerebro se registró el dato y se almacenó sin más. Sintió satisfacción al ver aquellos animales y pensó que él también tenía que llevar uno. Que no fuera ya el momento, no fué un dato para almacenar ni tener en cuenta. No nos pispamos de nada. Las mañanas en nuestra casa son muy caóticas. Karlos y yo nos alternamos para que cada semana le toque a uno levantarse el primero y encargarse de desayuno, cama, levantar niños, almuerzos, etc. Cuando le toca a él no hay ningún problema, pero cuando me toca a mí, fiel a mi cofradía del "cinco minutos más, mamá" siempre llegamos a la hora corriendo, a medio desayunar, a medio lavar y a veces hasta a medio mear. Así que fue absolutamente normal que ayer ni nos diéramos cuenta de que Pedro salía con una bolsa de plástico viviente. Es más...puede hasta que nos lo dijera y respondiéramos "vale sí, sí..." Lo malo: tenemos que asumir que somos unos cenutrios. Lo bueno: no dejaremos que vuelva a ocurrir.

Una vez descubierto el pastel, Karlos fue hasta el colegio a recoger a Exterminio. La habían metido en una pecera, sana y salva. Su entrenamiento de chinchilla budista para sobrevivir entre tres gatos y tres perros, al final le vino bien. Karlos aprovechó la coyuntura. Nos habían informado de que a Pedro le pegaban en el colegio, sistemáticamente, desde hacía años. Empujones, tortas, robadas de merienda y humillaciones varias. Teníamos previsto ir el lunes a hablar con el director, pero sin esperanzas de que la cosa fuera a mejorar. Treinta niños por clase, mitad sordos, mitad oyentes, y un niño que no se quiere poner el implante y se lo esconde en el bolsillo. Ya es un milagro que apruebe, considerando que se pasa las horas de clase a la luna de Valencia. Karlos, consciente de que era un momento perfecto para atajar el problema, fué de uniforme. Cuando recogió la chinchilla del laboratorio de ciencias, los niños de la clase se arremolinaron en la puerta. No hay nada que impresione más a un niño que un uniforme, y él sacó provecho de los galones. "Señálame quiénes son los que te pegan." Pedro no reaccionó, pero Karlos se lo esperaba. "Soy el padre de Pedro. " Saltaron como pulgas. "¡Mentira, Pedro no tiene padres!" "Pues ahora sí tiene y soy yo. A ver. ¿Quiénes sois los que le habéis pegado? ." Hubo silencio sepulcral. "¿Nadie? Ah, muy bien, o sea que sois hombres para pegar, pero niñas para confesarlo." Empezaron a levantarse algunas manos. "¡Yo soy su amigo, estoy con él en el patio!" "¡Yo le dí un chicle una vez de mi bolsa!" "¡Yo no soy, yo hablo con él en gimnasia!" Los matones callados, claro. "Bueno, os lo digo a todos. El que tiene problemas con Pedro, tiene problemas conmigo. Y conmigo no os conviene tener problemas." El profesor intentó interrumpir la conversación. "Oiga, no me parece momento de..." y Karlos, fiel a sí mismo, se lo pasó por el forro de los huevos. "Lo repito. El que pegue a Pedro va a tener problemas conmigo. ¿Lo habéis entendido todos? A ver ¿sí o no? levantad las manos." Levantaron las manos. Todos menos los tres o cuatro. Karlos los señaló. "A vosotros os voy a estar vigilando de cerca. Así que cuidadito."

Me imagino a Karlos, tan grande, de uniforme, y asustando niños de nueve años ante un profesor desconcertado y me río. Ya, ya sé. Fernando me lo reprochaba ayer y me decía que no era forma de solucionar un problema. Pero no soy imparcial, lo siento. Me han pegado toda mi puta vida. Toda. Desde los siete hasta los catorce, sistemáticamente. ¿Quieres saber lo que opino ahora mismo sobre la postura macarra de Karlos? ¿lo que me hace sentir? es muy simple. Agradecimiento. Y le quiero por defender a su tribu. ¿Qué? ¿que sólo son niños? ¿que hay que educarles? Muy bien. Cuando sean nuestros hijos los que peguen, eduquémoslos para que no lo hagan. Pero mientras sean los que reciben...que nadie me venga con la mierda cristiana de la otra mejilla, porque pelearé a muerte y con todo lo que pueda usar. Uñas, dientes, macarreo y vasco gigante.


Y te lo digo. Te lo digo de verdad. A Pedro no van a volverle a pegar. Nunca. Ya no.

Ver en línea : http://nepomundos.blogspot.com/2014...

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