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Profecia

Cuento de tradición Oral (5)

Carmen María Camacho Adarve

España



 Me lo dijeron las lenguas de doble filo, que te casaste hace un mes y me quedé tan tranquilo.
 Nada de pegarme golpes, ni de empezar a maldiciones, ni apedrear con suspiros los vidrios de tus balcones.
 Que te has casado, ¡buena suerte!, vive cien años tranquila y la hora de la muerte Dios no te lo tenga en cuenta, porque sin ser tu marido, ni tu novio, ni tu amante, soy quien más te ha querido y con eso ya tengo bastante.
 Decía mi padre a mi madre:  “¿Qué tiene el niño, Malena?”  Anda como trastornado, ya no juega a la trompa, ni tira piedras al río, ni se destroza la ropa subiéndose a coger nidos.
 ¿No te parece a ti extraño que un chaval de doce años, tenga tan triste la cara?  Mira que soy perro viejo y tú estás demasiado tranquila, ¿quieres que te dé un consejo?:  “vigila, mujer, vigila”.
 Y fueron dos centinelas los ojillos de mi madre y yo cuando salía de la escuela me fui a los olivares.
 ¿Y qué busca allí?  Alguna niña, ¿tendrá la misma edad que él?  José Miguel, no le riñas, que está empezando a querer.
 Aquella noche en tu ventana y envolviéndonos la luna, yo te pregunté:  ¿En qué piensas?,
 y tú dijiste:  en darte un beso.
 Y a mí me entró una vergüenza, que me caló hasta los huesos.
 Luego, en el campanario, cuando rompimos a hablar, dijo tu tía Rosario que la cigüeña es “sagrá” y el colorín en los montes y aquel torito valiente que bebe agua en el río.
 Todo es “sagrao” ¿pues no lo hizo Dios?  Con la pureza de un copo de nieve te comparé y te vestí de piropos de la cabeza a los pies, y a la vuelta te hice un ramo de pitiminí precioso y luego nos reflejamos en la agüitas del pozo.
  Aquella noche en tu ventana y envolviéndonos la luna, tú dijiste:  ¡calla, mi hermanito está en la cuna y le estoy cantando una nana!  Quítate de la esquina, Juanillo, loco, que mi madre no quiere, ni yo tampoco.
  Y mientras tú la cantabas, yo, inocente, pensé que la nana nos juntaba como marido y mujer.
 ¡Bah, pamplinas, figuraciones que se inventan los chavales!
 Después la vida se impone;
 tanto tienes, tanto vales; por lo demás,
 todo se olvida,
 verás como Dios te envía un hijo como una estrella
 y a mi me servirá de alegría cantarle la nana aquella;
 porque sin ser tu marido,
 ni tu esposo, ni tu amante,
soy quien más te ha querido;
 con eso tengo bastante.
 

 

Este artículo tiene © del autor.

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1 Mensaje

  • Profecia 21 de agosto de 2008 02:26

    Me parece extraño y triste encontrarme con este cuento plagiado. El Original pertenece a Rafael de León nacido en sevilla a principios del 1900. El poema se llama Profesía

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