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PYONGYANG, GUERRA NUCLEAR

Camilo Valverde Mudarra



La humanidad no gana para sobresaltos. Cada día, la tenaza de la destrucción aprieta, un tanto más, sus negros dedos alrededor del cuello. No bastaba, en este sin vivir, la amenaza del enriquecimiento de uranio en manos árabes, normalmente protectoras y nutricias de terroristas. Ahora, nos viene el régimen comunista norcoreano con sus pruebas nucleares, que, según la agencia Yonhap, son la respuesta a la presión de Estados Unidos: diálogo o guerra nuclear.

Corea ha indicado que las pruebas tienen la finalidad de incrementar su poder de disuasión ante Estados Unidos, al subrayar su voluntad de volver al diálogo, si Washington modifica su política de «hostilidad» hacia su régimen. Pyongyang demanda garantías de seguridad y pide un diálogo directo con Washington, para obtener el compromiso de que no tratará de derrocar a Kim Jong Il. Corea propone a EEUU el diálogo directo, para volver a la mesa multipartitos, y le advierte que seguirá con los ensayos, mientras no adopte una actitud y un tratamiento favorables al litigio. Pyongyang asegura que, por el momento, Washington ha desestimado todas sus «llamadas a la negociación». El Consejo de Seguridad de la ONU ultima un borrador de sanciones apoyado incluso por China; por su parte, Corea considerará una declaración de guerra la imposición de un «embargo total»

Sin previsión, Bush encara la crisis con la vieja planificación y medidas de hace 50 años; ha intentado amonestar, corregir, cautivar y fascinar a Corea del Norte. Ha empleado todos los útiles al alcance de la diplomacia, sin éxito alguno; no le han servido el garrote más contundente ni el dulce más sabroso, para domeñar y convencer a Pyongyang a que salga de su aislamiento. El debate ha vuelto a mostrar su férrea retórica; se negocia una dura resolución, pero, en opinión de los expertos, el régimen norcoreano parece dispuesto a afrontar la fuerte y amplia tormenta, impertérrito, a fin de conseguir el trato y prestigio de potencia nuclear.

Cualquier decisión que se tome contra esta Corea es mala y peligrosa. Una ofensiva militar de Estados Unidos acarrearía un contraataque sobre su vecina Seúl y terribles consecuencias para la región y el mundo entero, incluidos los 28.000 soldados estadounidenses en Corea del Sur. El Ejército Norteamericano hace tiempo que cavila y planea actualizar la guerra en aquella península, pero sus fuerzas, hoy constreñidas y domeñadas por la dureza y reveses en Irak y Afganistán, no están para nuevas aventuras; y menos, ante el millón de soldados que mantiene el norcoreano con el 90% del presupuesto dedicado al armamento.

Y nosotros a esperar en vilo; a sufrir el miedo que corroe y aturde. Se impone la zafiedad y la incuria, se extiende el terror y la guerra y no hay ni un resquicio para el amor y la misericordia, ni un hálito para la paz y la justicia.

Camilo Valverde Mudarra

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