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¡Ave María, pues!

sobre "La Virgen de los Sicarios"

Willo Cucufate

El Salvador



Si usted es un inmoral, ésta nóvela le va á encantar, aunque a lo mejor no la entienda. Si usted es amoral a lo mejor no le guste, aunque la entienda a la perfección. Si usted es una persona ética, a lo mejor deja de serlo (y le da por crear su propio decálogo). ¡Ah, y si usted es un moralista, segurito, que después de recorrer este periplo de la muerte, en compañía del "Ángel exterminador" y del "Ángel vengador", usted con una fe ciega (valga la redundancia), comenzara a usar tres escapularios protectores!
Esta novela nos presenta una violenta historia de amor, entre un hombre, académico de la lengua, de avanzada edad y un sicario adolescente, de profundos ojos verdes, que a donde pone el ojo, pone la bala a modo de cruz de miércoles de ceniza, en una ciudad que se canibaliza.
Femando es un hombre exitoso, que vive la recta final de sus días, por eso ha regresado a su natal Medellín, que ya no es Medellín, si no "Medallo". En la casa de un viejo amigo, en el "cuarto de las mariposas", conoce a Alexis. Después de una noche de sexo. Femando, queda profundamente enamorado del sicario, al que le da por llamar "El ángel exterminador".
Al día siguiente deciden ir en romería hasta Sabaneta, el barrio de la infancia de Femando, su objetivo es como el de muchos otros: ir a rezarle a María Auxiliadora, "La virgen de los sicarios” (y de los Salesianos); en el camino Fernando, recuerda retazos de su niñez y al ver el paisaje medita en tomo a como algunas cosas no han cambiado a pesar, de que ya nada es igual.
Cuando llegan a la iglesia, Femando se sorprende por la enorme cantidad de jóvenes, que abarrotan el templo. Mientras las calles de Medellín se pueblan de cadáveres, las iglesias se vacían de gente buena y son tomadas por adolescentes que le piden a la virgen que los proteja, para que siempre les den contratos, para que no les falle la puntería y para que no les dejen de pagar. Para eso sus tres escapularios, uno en el pecho, otro en el antebrazo y otro en el tobillo.
Femando es un ser egocéntrico, resentido, poseedor de su propia fe, de su propia religión, de su propio concepto del amor de pareja, de su propio código moral y de sus bien particulares principios éticos. Para él. Dios es el mismo Diablo y un gran "gonorrea", JHS un hipócrita, consentidor, el papa un mismo capo de la mafia, el gobierno un ladronazo incorregible, los curas unos mendigos limosneros y afeminados, los narcotrafícantes unos empresarios generadores de empleos y los pobres la peor peste sobre la tierra; solo sirven para haraganear, comer, defecar y parir más pobreza.
Sabaneta es una comuna, de las tantas que pueblan las faldas de los cerros cercanos a Medellín, Allí es tierra de nadie, las pandillas de sicarios son los que gobiernan, ellos son los ángeles exterminadores, la mayoría son descendientes de campesinos que invadieron esas tierras y que cuando llegaron solo poseían su machete, después se hicieron de trabucos y changotes; ahora poseen pistolas, revólveres, ametralladoras y hasta en expertos zapadores, se han convertido.
Las comunas siempre están en lo alto, tienen muy buena vista, pero por más que se suba, siempre se baja cada vez más a las profundidades del infierno, un letrero en un platanar nos lo aclara: "Prohibido tirar cadáveres". Los gallinazos, los reyes de los cielos de Medallo, con su rítmico vuelo concéntrico, silenciosos muestran los tiraderos de cadáveres, en donde a picotazo limpio se disputan la carroña con los gusanos, que frenéticos le disputan un vuelo postumo a los "cascados".
Fernando Vallejo es el autor de la novela corta "La virgen de los sicarios", una historia ambientada en el/la Medellín (¿tendrá genero?), de finales del siglo veinte. Una época cargada de violencia, corrupción y demagogia, en una Colombia azotada, además por el narcotráfico y una guerra civil, que marca con sangre a toda la sociedad colombiana.
De la manera como se nos cuenta, se trata pues de una historia, escalofriante, macabra, ilógica, irreverente, genofobica, fascista, inhumana, depravada y religiosamente atea y supersticiosa ("El ser humano necesita de mitos y de promesas para existir"). El hombre es el sicario de Dios, comenta Femando, convencido de la maldad divina, ante la impunidad del libre albedrío de una raza que se empecina en autodestruirse sin compasión.
Esta es una historia contada por un narrador protagonista, en donde se hace uso indistintamente de la primera y de la tercera persona, con el uso de un lenguaje más que coloquial se nos sumerge en un sub-mundo resemantizado; con referencias directas al lector se le incluye como un testigo más dentro de ese vía crucis macabro, propenso a recibir un tiro en la frente, si se resistiera a continuar la lectura y si se atreviera a mirar directamente a los ojos "gotas de aceite", de Alexis o de ¿Wilmar?.

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