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El Tango de las hormigas (Armando José Ramos)

Oscar Deigonet López Posas



Pedrito Gualcinse
El poeta Armando José Ramos; Pedrito, como sus amigos le decimos de cariño, ha vivido siempre en lo alto de las estaturas. Tuvo una suerte de artilugio mágico, que puso todo a su disposición.

Su pueblo amado; Gualcinse, está siempre al alcance de un tiro de escopeta. Lo elemental para inspirarse está en cada espacio que respira. La policromía, en lugares tan distantes hacen la diferencia, y el sabor del pueblo lo lleva en sus genes. Pedrito ___como dice Israel__ es así: pintoresco, añil, con claros tintes de criollo propio. Es justo creer que el fruto de su arte nace en las entrañas de aquellos lugares sin duda alguna; mágicos. Hoy nos ha regalado de ''El tango de las hormigas''  esta sección de poemas, que según nos cuenta, pronto publicará...

 

Atardecer para un poema
El sol se sumergía lánguidamente entre los celajes magentas; era una enorme esfera púrpura, como un ojo colmado de fuego que se comía los cerros. Creo que era el enardecido ojo de Dios.
Más tarde se ocultó y sólo quedaron los nubarrones saturados de un color sepia escarlata, en seguida la tarde se puso su antifaz y se hizo desentendida. Como que no miraba.
El aire acarreó de los alcores los olores de la noche, de los liquidámbares los pinos y robles y la canción de los cucúes.
Aquí, así es, el céfiro lleva y trae y el pueblo no se mueve, se queda quieto como un animal que sestea bajo un árbol. Es como un pájaro que canta en las ramas de un ciprés; a veces retoza con la brisa, a veces con la neblina, a veces traviesea solo, medio arisco a ratos, a veces manso y otros días no se deja ver.
Al amanecer huele a café recién molido, al atardecer a ocote viejo recién cortado.
Es nostálgico como una estación de tren abandonada a la seis de la tarde; tiene el trajinar del camino viejo y la balada de la garúa naciente. Susurro de pino que coquetea con el viento.

El verano esta zurcido de silencios

 cantar de cigarras
llantos de trapiches de sombras y figuras

el día se desvanece en los matices 
sepias que colorean la tierra
es una herida que lacera el corazón del árbol

 
Insectos bebiéndose el sopor del mediodía
pájaros que al atardecer desertan con su canto

las abejas continúan con su sempiterno 
hábito de trabajar.
Una urraca esboza su trova
de un árbol a otro

y las flores de San Juan 
hacen su arribo en plena feria
el sol sosegado en su butaca 
quiebra una aceituna

ojos y labios de árbol descienden
a poblar el fuego,
es tiempo del estío
y el paseo del los grajos

la flor del amate vive el enigma de la luz
flor del tiempo 
escondida en sombríos laberintos

entonces hace falta el serpenteo 
 de una mariposa
el tango de las hormigas 
sobre la humedecida tierra
y la gracia 
que asumen los tordos al volar

y en la oquedad de la noche
el lamento del cucuy
la soltería del árbol

todo eso hace falta 
en esta casa amor mío
el camino hacia tu cama

en ese instante te descubro te busco
y tú estás en el descanso 
de la piedra que jamás fenece
en la timidez de la flor del carao
en la culta sombra del amate
en el muelle y sus desdichas
en ese breve rito de la siembra

eres la dulce forma que se agota 
en el límite de mi estancia
oh mi Antares tan distante mi Aldebarán
en qué sitio habrá ido a refugiase
la luz de tus ojos amor mío
¿ en qué sitio?

El mar es escultor de soledades

que arden en la memoria de los pájaros 

algo queda de ti en el silencio de la arena
en el viento que trae el mar

en esa mesura de arquitecto
que posee el horizonte existes tú

en las sombras de la nubes que danzan
en la humedad de la tierra

los zompopos suben y descienden 
de los árboles
cargando en sus cuerpos
diminutos trozos de hojas verdes

las campanas traducen
la memoria del olvido
 la humedad de las reliquias
 
y la palidez de las montañas dibujada
en el rostro de los muertos

el dolor de las huellas
el cansancio de las tumbas.

y digo entonces

que sobre estas piedras amor mío
edificaré la memoria de mis hijos.

En la casa de mi abuela 
carecíamos de un reloj
de no ser por los pájaros y las maravillas
nunca hubiéramos sabido la hora

 cuando el viento se quedaba quieto
y no agitaba ni siquiera una rama una flor
mi abuelo empezaba a silbar
y el viento surgía ligero

 la lluvia es sediciosa
 el viento llega solo 
la lluvia la acarrea el viento

la hamaca siempre estuvo tendida 
en el corredor de la casa
aferrada como un escapulario
en los horcones

al anochecer jugábamos a escondernos
en el interior de la habitación
 la oscuridad permitía volvernos invisibles

entonces uno piensa en las estrellas
en el color de las cosas
 en la forma que poseen
y el lugar donde reposan los retratos

mil disfraces vigilan 
el semblante de la noche
ocultan el silencio
profanan el paisaje
que adormece en un mar de sombras.

En el surco y el arado disuelvo mi palabra
Dijiste un día
que te gustaba el mar 
 y cuando las locomotoras
silbaban y arremetían 
contra el bullicio de los campos

que te hubiera gustado plantar
un huerto para que los cuervos
urdieran su vuelo en medio de las flores
y los colibríes pudieran
reposar sin preocuparse

que tenías un viaje y no podías llevarme
que era cosa de hombres y no de niños

 era un viaje indisoluble

que a solas conversamos un día
cuando descansábamos
bajo los bambúes

debe ser cansado estar allí donde estás
hasta cierto punto aburrido
por no hablar con nadie

no debe ser tan fácil 
acostumbrarse a la soledad
y a lugares tan sombríos como esos

todavía poseo la honda 
que me diste de recuerdo
para cuidar la milpa de los cuervos

pero a los cuervos  
no los apedreo porque me encantan 
más que los conejos

los tecolotes son mejores
miran de noche
 se comen a los conejos

odio los conejos que se dejan atrapar.

Ver en línea : http://alaselchingoliteraria.blogsp...

Este artículo tiene © del autor.

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