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’EL TEMPRANILLO’

Camilo Valverde Mudarra



Vida generosa, romántica y valiente

Saltando por el tiempo y los años, José María ’El Tempranillo’ ha conseguido permanecer en la Historia. Sus andanzas, en una trayectoria de tan sólo once años, por los campos de Andalucía, cobraron fama duradera, adornada con el atractivo de vida generosa, romántica y valiente. Al cumplirse los 169 años de su muerte, ha aparecido una biografía con más de 500 documentos que, soslayando lo superficial y lo novelesco, describen el prototipo del bandolero romántico que enarboló y representó la rebeldía del pueblo sumido en ancestral miseria que corroía el campo andaluz en el reinado de Fernando VII. El libro ’José María E1 Tempranillo’ de J. A. Rodríguez Martín, presentado en el cortijo de San Benito de Alameda -cerca del lugar en que encontró la muerte el 22 de septiembre del 1833, aporta nuevos e interesantes datos biográficos del mítico bandolero, tras su trabajo de investigación.

El Tempránillo estableció los límites entre el bandido y el bandolero por su generosidad y por eludir la violencia. José María, niño expósito que adoptó siendo mayor los apellidos del matrimonio que lo acogió, Pelagio Hinojosa, nació en Lucena el año 1801; el alias vino más tarde, por la temprana edad a la que se echó al monte, a los 17 años. Y desde entonces desarrolló gran parte de su actividad en Badolatosa.

Su popularidad alimentada con entusiasmo por la tradición oral se cimenta en su talante de bandido generoso que robaba al rico para dar al pobre, lo que, en parte, corrige los abusos de aquella sociedad injusta; liberó a presos que iban conducidos a la cárcel por pequeños delitos; no mató nunca, según consta en la documentación recopilada, e incluso se mostraba siempre cortés con las mujeres, aunque ello no impedía que las robara. Este halo romántico se extendió por todo el mundo y atrajo a viajeros norteamericanos y a mujeres inglesas y francesas que recorrían a caballo los campos con la esperanza de encontrar al hombre que mostrase tal capacidad de seducción.

Su figura reviste un componente social y popular en un tiempo en el que «había muchos bandidos pero muy pocos bandoleros». Fue hombre de una personalidad compleja. Se distingue de los demás bandoleros de su época por su inteligencia, nobleza de carácter y grandes dotes de mando, para mantener a raya a las gentes de su banda. También destacan su entereza, sencillez y la «gran calma en los momentos de peligro». Ante el elogio del marqués de las Amarillas, calificándolo de valiente, responde: «Sólo soy un hombre que nunca se aturde».

Hacia 1820, mató a un hombre por motivos pasionales en la Romería de los Montes de San Miguel, huyó a la sierra y se hizo contrabandista. Dos años después, en la serranía de Cádiz, conoce a Maria Jerónima Francés, con quien contrajo matrimonio y tuvo dos hijos: Roque Expósito Francés, que muere con dos años y José María Hinojosa Francés. En el 1827, se publican los primeros bandos de persecución, tras haber consolidado una partida de hombres a los que somete a una dura disciplina y el capitán general de Andalucía Vicente Jenaro de Quesada, organiza partidas de persecución formadas por escopeteros voluntarios, voluntarios realistas y tropas del ejército que no consiguen su objetivo de capturarlo vivo o muerto. Por ese tiempo, se interesa por la política; de acuerdo con ’Las Botijas’ del reino de Jaén y otras partidas de las serranías de Ronda y Cádiz, recorre parte de Andalucía y La Mancha, sin duda con intenciones políticas. Colaboró con Manzanares y mantuvo contactos con Torrijos en sus respectivos y fracasados pronunciamientos, tras los que ambos fueron fusilados. Mientras tanto, en 1831, lleva a cabo varios y sonados asaltos en Antequera, Córdoba, Sevilla, Osuna y Ronda. En el 1832, sin dejar de actuar, solicita a través de las autoridades estepeñas el indulto real. La medida es rechazada tanto por el Consejo de Ministros, como por el capitán general de Sevilla, pero el rey se lo concedió. El monarca tomó esta decisión después de que durante varios años el Ejército y los Voluntarios Realistas no consiguieran, ni siquiera ofreciendo grandes recompensas, detener a El Tempranillo, aunque sí lograron, que a su esposa se le adelantara el parto a causa de un ataque y muriera de sobreparto en el cortijo de La Partala (Torre Alhaquime), rodeada de fuerzas militares. El 22 de septiembre de 1833 fue asesinado por unos ladrones en la casería de Mantilla, hoy Cortijo de Buenavista (Alameda). Su muerte se atribuye a El-Barberillo, pero se descarta una supuesta trama entre personajes influyentes. Ese mismo día, herido de muerte, testó, en la Posada de San Antonio, a favor de su único heredero, José María Hinojosa Francés, ante el escribano Jerónimo Orellana, a quien donó, moribundo, la pistola que portaba, así como su inseparable puñal.

Este es el hombre al que los documentos certifican como prototipo del bandolero romántico y al que algunos le otorgan el título de “andaluz universal”.

Camilo Valverde Mudarra

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Catedrático de Lengua y Literatura Españolas,

Diplomado en Ciencias Bíblicas y poeta.

Este artículo tiene © del autor.

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