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III. JESÚS, CRISTO HISTÓRICO

Camilo Valverde Mudarra

España



Judío que vivió a comienzos del s. I.

Jesús de Nazaret fue un judío que vivió a comienzos del s. I. en las regiones palestinenses de Galilea y Judea, predicó un mensaje singular y murió crucificado en Jerusalén hacia el año 30. La mayor parte de quienes profesan el cristianismo creen que fue y es el hijo de Dios, redimió con su muerte a la humanidad y resucitó al tercer día. El Islam lo considera uno de sus profetas más importantes y uno de los personajes de mayor influencia en la vida y cultura occidental.

Fuentes documentales

Los documentos transmitidos por la tradición cristiana que ofrecen información biográfica sobre Jesús de Nazaret son principalmente ciertos textos del Nuevo Testamento, los llamados evangelios. Los más tempranos, los cuatro canónicos y, tal vez, los apócrifos de Tomás y de Pedro, fueron redactados en la segunda mitad del siglo I o a comienzos del siglo II. Se conservan numerosos textos de los evangelios, que, teniendo primordialmente finalidad catequética, ofrecen, sin proponérselo, información biográfica muy fidedigna, dada la concordancia de los documentos. La existencia de Jesús es atestiguada por fuentes históricas clásicas, por las judías y por las cristianas.

No obstante, una minoría de autores, a pesar de la historiografía existente, duda o niega la historicidad de Jesús de Nazaret. Por el contrario, la mayoría de los historiadores y expertos bíblicos piensa que las documentación prueba su historicidad y los datos sobre su figura se pueden tomar por ciertos. Existe una amplia corriente que considera posible reconstruir las líneas esenciales de su vida y su mensaje. Los investigadores actuales afirman que se puede obtener mucha información acerca del Jesús histórico, aplicando con rigor el método hermenéutico.

Testimonio de los Evangelios

La fuente principal para probar la existencia real de Jesús de Nazaret es el Nuevo Testamento y, en particular, los evangelios canónicos. Su valor documental histórico queda demostrado en que son testimonio de la vida y de la doctrina de Jesucristo, pero no son unas biografías de Jesús. Los evangelistas narran las palabras y los hechos más importantes del Maestro, sin pretensión de escribir un tratado de Historia, como se entiende en la actualidad. No obstante, traslucen el contexto histórico y social en que transcurren los hechos.

No hay hoy ninguna disensión en el hecho de que Marcos es el más antiguo de los tres y el más cercano, por lo tanto, al Jesús histórico. No contiene ningún relato de la infancia de Jesús, pero documenta el nombre de la madre y la existencia de varios hermanos de Jesús (Mc 6,3). La infancia de Jesús se cuenta ampliamente, con una gran carga imaginativa y frecuentes anacronismos, por varios evangelios apócrifos, genéricamente conocidos como “apócrifos de la infancia”. Precisamente, existe una muy significativa unanimidad en no prestarles absolutamente ninguna fiabilidad histórica.

Posiblemente, los evangelios, escritos en griego, proceden de fuentes más antiguas en arameo, orales o escritas, aportadas por testigos directos; la semejanza que concurre entre ellos lo confirma. No se conserva, sin embargo, ningún texto en arameo sobre Jesús. Las indagaciones de su historicidad se han concretado sobre todo en el evangelio de San Marcos, datado entre el 65 y 75, y en el material común a San Lucas y San Mateo que no procede de Marcos y que se considera proveniente de un texto previo denominado Q -del alemán Quelle: fuente-, bastante más antiguo, que probablemente era una colección de dichos de Jesús, parecida al evangelio de Tomás que se conserva.

La crítica actual ha localizado en los evangelios seis fuentes distintas e independientes entre sí, cuyo origen está en la comunidad cristiana primitiva:

La fuente Q, material común a los evangelios de Mateo y Lucas.

El evangelio de Marcos.
El material propio de Mateo (M).
El material propio de Lucas (L).
El evangelio de Juan.
El evangelio de Tomás.

Las circunstancias históricas reflejadas por los Evangelios y por los historiadores, Tácito y F. Josefo vienen a coincidir. Así, San Lucas precisa los contornos históricos en que comienza la vida pública del Señor: «El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, y Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítide, y Lisania tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto» (Lc 3,1-2).

Todos estos personajes citados por el Evangelista han sido totalmente verificados por la crítica histórica. Jesús, pues, no es un producto imaginario de una época legendaria y perdida en el tiempo; existió y vivió entre nosotros, en un momento histórico muy conocido de la antigüedad.

Los investigadores han aportado algunas pruebas más: Los autores de los evangelios son personajes reales y muy comprobados. Mateo y Juan fueron discípulos, testigos presenciales en contacto directo con Jesús, durante tres años; su versión, pues, ofrece fiabilidad. Marcos y Lucas son discípulos directos de los Apóstoles; escribieron muy pocos años después de los sucesos, lo que imprime garantía de veracidad. Se conservan millares de copias en archivos muy distantes, todas coincidentes con los originales evangélicos, prueba fehaciente de la fidelidad de los textos que se conocen.

Las palabras de Jesús son muy sobrias; no presentan la verbosidad frecuente en los apócrifos. Incluso, sus milagros se cuentan con sencillez y gran naturalidad: no manifiestan un mesianismo ampuloso. Muestran su humanidad, come, duerme, se sienta cansado en el brocal del pozo, llora por el amigo Lázaro, etc. Los evangelistas describen a un hombre de tal grandeza sobrenatural y humana que no puede ser creación de un genio literario y, menos aún, de una colectividad cristiana anónima, como ha pretendido el racionalismo.

La conclusión de los datos evangélicos, rigurosamente analizados, es que Cristo es el Jesús Real, el que verdaderamente existió y fue confesado como verdadero Dios y verdadero hombre por los Apóstoles y por la primitiva comunidad creyente.

Camilo Valverde Mudarra

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Catedrático de Lengua y Literatura Españolas,

Diplomado en Ciencias Bíblicas y poeta.

Este artículo tiene © del autor.

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