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EL ESCRITOR DEBE SER UNA BESTIA SOLITARIA

Carlos Téllez Espino

Cuba



¿Un hombre contemporáneo que escribe desde casi una brutalidad permanente? El discurso poético de Osmany Oduardo pareciera ser el del antihéroe, el de un ser humano que, él mismo lo ha dicho, está encima de un puente gritándole al mundo sus hosquedades. Desde Cuba un hombre, un poeta, se desgarra, y hay que escucharlo, porque puede ser el dolor de todos, también.

No había mirado lo que escribo desde el punto de vista de la brutalidad, pero es un buen punto. Creo que en lo que escribo, independientemente de si es poesía o narrativa, hay una mezcla de brutalidad y ternura. Pero, por supuesto, que lo brutal pesa más y es lo que más llama la atención de quien me lee, de quien me llama para decirme que le gustó mi libro, pero le molestaron ciertas imágenes precisamente por ser demasiado brutales, y quien me dice que no le gustó mi libro por la misma razón. Y es que este mundo es brutal y yo debo ser pesimista o tengo una manera pesimista de afrontar la realidad.

Hace muchos años escribí un ensayo (no sé si llamarlo ensayo, tenía apenas veinte años) llamado "La brutalidad y el fenómeno religioso en Los heraldos negros". Podría ser una coincidencia, porque en ese texto trataba de acercarme a estas dos características en el libro de Vallejo, uno de mis poetas preferidos. Analicé hasta qué punto las imágenes usadas por el poeta peruano eran brutales y hasta qué punto eran, creo que las llamé, sublimes. Lo de analizar esta característica "brutal" de los poemas que integran el primer libro de Vallejo me vino después de leer el prólogo de Roberto Fernández Retamar a una de las ediciones completas del autor, publicada por el Fondo Editorial Casa de las Américas. Él escribió que Vallejo buscaba "... una nueva manera de entrar en contacto, a menudo un contacto brutal con las cosas" y eso me llamó la atención. Puede ser que el hecho de haberme metido tanto en el análisis de Los heraldos negros haya influido de algún modo en el hecho de que yo asumiera también esa manera brutal de encarar el acto de escritura. Quizás no tuvo nada que ver. Quizás simplemente es esta forma nada triunfalista que tengo de asumir la vida, saberme un antihéroe en medio de la muchedumbre.

Tus dos primeros poemarios, Cantigas de Escarnio y Poema Consciente, están escritos desde la décima, esa forma poética tan resucitada en Cuba en los últimos 20 años. Las tuyas están escritas, formalmente, de una manera cortante, retadora de lo formal mismo, provocando un discurso asfixiante por momentos, duros siempre.

La décima llegó a mí casi sin quererlo. Veía la estrofa con cierto resentimiento hasta que me encontré con mi amigo Frank Castell que la escribía con fervor. Luego choqué con los libros de Daniel Laguna, el tuyo y otros que se habían publicado en Las Tunas y que asumían una manera diferente de tratar la décima, una forma poética que las personas tanto del mundillo intelectual como fuera de este la tratan de denigrar endilgándole calificativos como "campesina", como si lo campesino fuera denigrante. Sucedió que escribí las primeras para bromear con Frank y luego la asumí como soporte para un libro. Confieso que quería experimentar y desde la distancia, ahora, leo Cantigas de escarnio y me parece que a ratos exageré. Era joven y eso se paga caro. Guillermo Vidal nos decía (a mí y a Frank) que no nos apuráramos por publicar pero a esa edad uno se cree (usando una de sus frases favoritas) "el caballo de Atila" y esos deslices se pagan al final. No quiero decir con esto que esté del todo inconforme con ese libro. Lo que quiero decir es que luego de escribirlo aprendí, o interioricé, que el objetivo esencial de la literatura es decir cosas. Luego escribí Poema consciente, que es un cuaderno en el que hay un solo poema de veinte décimas. Lo dediqué a ese excelente poeta y trovador que es Freddy Lafitta porque él había creado su Poema inconsciente y el mío era una suerte de respuesta. Este es un poema más mesurado y más íntimo. Aunque no deja de ser brutal y áspero. Lo de escribir décimas también tiene que ver con el hecho de vivir en Las Tunas. Allí se da bien esa estrofa. Y aunque ya no escribo décimas, el último poema de mi libro Poeta en La Habana es un poema escrito en esta estrofa, una suerte de homenaje.

También en tus dos primeros libros apelas al recurso de la recontextualización, sobre todo del referente bíblico. Sin embargo, el trabajo con el lenguaje no llega a un barroquismo poético donde la búsqueda de la metáfora sea lo fundamental, ¿intentabas más gritarle al mundo sus hosquedades?

Sí, eso ocurre sobre todo en el primer libro, en Cantigas... Yo quería, desde la Biblia, desde los evangelios, desde las parábolas bíblicas, desde sus personajes, expresar mi mundo. Quería fundir al mismo tiempo lo universal (ecuménico) que hay en la Biblia, lo cubano (tradicional) que supone la décima y algo más cercano, o sea, mis vivencias, mis temores, mis encontronazos. Si lo logré o no, ya no importa demasiado. Esa era una época en la que yo era más rebelde de lo que soy ahora (si es que eso es posible) y quería gritar, y lo hice.

Quien te haya leído puede imaginarse, al menos, a un poeta encima de un muro gritándole a la ciudad, al país, al mundo. ¿Es así como piensas al poeta, al menos hasta hoy?

Esa es una buena descripción de un poeta, o al menos en lo que a mí respecta, aunque cambiaría el muro por un puente. Algo así como el cuadro de Munch. Yo asumo la poesía como un grito, como un arma, como una bandera.

¿Cuál es, en realidad, el Osmany diario que está detrás de todos sus poemas?

El Osmany diario es un tipo egoísta. Demasiado egoísta para mi gusto. Es vago incluso para leer y escribir. Creo que lo único que puede hacer sin cansarse es escuchar música, en eso puede pasar horas y horas. Le gusta el cine pero no le gusta ir al cine. Le gusta ir a conciertos de música clásica. Detesta el ruido y las personas hablando alto a su lado. Es intolerante, descuidado, olvidadizo. En fin, un tipo lleno de defectos cuyo único mérito es el tener dos familias maravillosas y amigos incondicionales que pueden soportar todos sus defectos.

Aunque Poeta en la Habana, tu tercer poemario publicado, termina con una décima, está escrito mayormente en versos libres. Sin embargo sigue el discurso del desamor, por decirlo de alguna manera. La crudeza, el hastío y el desencanto se acentúan incluso más en él, ¿qué paso entre Las Tunas y Ciudad de La Habana? ¿Qué pasó con el poeta? ¿A qué se debe tanta desgarradura?

Soy un hombre acechado por las ciudades. No les temo, pero las ciudades ejercen en mí una suerte de maldición (no encantamiento). Las Tunas, comparada con Amancio, ese pequeño pueblo, es una gran ciudad. Sufría en Las Tunas lo mismo que en La Habana. No soy ese que va por la ciudad contemplando su belleza, su arquitectura. Me detengo más bien en las partes más sórdidas. Ya sabemos que soy brutal, me alimento de miserias, mezquindades. Voy por la ciudad como un poseso y me detengo en los rostros de sus gentes, esos rostros sucios, descascarados, agrietados, casi en ruinas, que contrastan con otros más diáfanos. Entre Las Tunas y La Habana hay un gran salto, aunque nada que ver con un salto dentro de mí, un cambio. Digamos que un cambio de locación. El hecho de vivir en la capital no presupone que yo sea un tipo diferente. No ando en tertulias de escritores. A veces por mi trabajo voy a alguna presentación de libros, pero no ando congregándome con escritores. No pertenezco a ningún grupo, nadie puede ubicarme en ningún grupo. El último consejo que me dio el Guille antes de salir de Las Tunas fue que me cuidara de eso. Un escritor debe ser una bestia solitaria.

¿Qué diferencia marca entonces a Poeta en La Habana con respecto de tus dos poemarios anteriores?

Madurez. Y repito que no tiene nada que ver con lo del cambio de locación. Ese libro, ya dije en otras entrevistas, lo comencé a escribir en Las Tunas. La mayor parte se cocinó aquí, pero la idea de lo que sería el libro surgió en Las Tunas luego de haber escrito varios poemas después de mi regreso de viajes a La Habana. Es un libro más maduro y menos brutal, aunque no deja de ser brutal. Está bien armado, bien organizado. Trabajé seriamente en él, no como los libros anteriores. He adquirido una disciplina para hacer este tipo de trabajo de edición, de ser un verdadero verdugo con mis libros e incluso con mis traducciones. En eso me ayudó el haber estado casado con una editora, excelente si las hay. Todavía me sigue ayudando, porque no hay nada peor que ser el editor de tus propios libros, dejas escapar cientos de detalles que sólo un editor experimentado puede detectar. Entonces Poeta en La Habana es eso, un libro más maduro y muy sincero que a muchos les ha molestado por la forma violenta y desencantada en que le canto a la ciudad.

/.../Alguna vez tuve la razón

pero fui despojado de esa desnudez /.../

/.../ En realidad

no tuve la razón pero estuve tan cerca /.../

/.../ Nunca tendré la razón,

pero qué importa /.../

Pareciera que estos versos de Poeta en la Habana resumieran de alguna manera tus respuestas a la vida, a la realidad, tu resumen de todo hasta ese momento...

Será esa rara condición de sentirme un antihéroe, de nadar contra la corriente, de ser un rebelde. Uno siempre trata de defender su verdad a toda costa. De hecho, uno la defiende porque cree firmemente que es verdad, aunque al final resulte que estás equivocado. Por eso una de las partes de Poeta en La Habana que más me complace es "Mi verdad". Allí expongo lo que yo considero quizás mi credo como hombre, como ser humano. A ratos podría parecer un poco pesimista, pero eso, también, es parte de mi verdad.

La noche sin perros es tu primer libro de cuentos. Desde el título ya se insinúa que no hay benevolencia...

Ese es un libro infeliz. Premiado en un concurso en Cienfuegos desde el año 2001, todavía no se le ha hecho una presentación oficial por problemas ajenos a mi voluntad. Es un libro que ha tenido mala suerte y verá la luz en un momento muy lejano a la fecha en que lo escribí. Reúne ocho historias y de ellas sólo dos tienen algo que ver, o sea, son la misma historia narrada desde diferentes puntos de vista. Por este libro se pasean personajes infelices, sufridos. Creo que estoy demasiado influido por lo que dice Vargas Llosa de que la literatura tiene que alarmar. No sabría cómo escribir la historia de un tipo feliz, no creo que alguien sabría. Uno no crea los conflictos, sino que los absorbe. El escritor debe ser como una esponja que va absorbiendo todos los conflictos de la gente, sus historias, para luego disfrazarlos, ponerles unos trapos, unos colgajos y de este modo esas mismas historias adquieren vida propia.

Las mil y una poses, tu novela inédita, cuenta una historia sobre personajes de los cuales siempre quisiste escribir...

Las mil y una poses es una historia que siempre quise escribir. No es la historia de nadie, o debe ser la historia de muchas personas que conozco, incluyéndome. Una relación entre dos hermanos, uno parapléjico y otro pintor, cómo estos interactúan con otros personajes. Pero el centro de la novela es la relación entre ellos y quizás el mundo interior de una persona con estas características. Siempre me ha llamado la atención una persona con limitaciones físicas. Sufro por y con ellos. Me pregunto qué diría el mudo, que querría ver el ciego, qué le gustaría escuchar al sordo. Es una novela narrada desde el punto de vista de estos dos hermanos y la prostituta que le sirve de modelo al pintor. Hay sueños, casi pesadillas, conversaciones de viejas chismosas.

De tus traducciones, ¿escoges tú los libros, los autores o son encargos institucionales, editoriales?

La traducción es un ejercicio de reescritura muy complejo. Hay que tener sensibilidad literaria, aparte de conocer otra lengua. He tenido la suerte de que alguna institución como Casa de las Américas me haya concedido la posibilidad de traducir una novela, y que me hayan encargado algunas traducciones para revistas. Los encargos son peligrosos y no debes aceptarlos si el texto no te complace, incluso si te lo fueran a pagar bien. Pero por lo general yo escojo lo que voy a traducir. Claro, lo asumo como un ejercicio, porque luego quizás nadie te quiere publicar ese texto al que le dedicaste mucho tiempo y dolores de cabeza. Para mí lo principal es el ejercicio, disfrutarlo. He tenido la suerte de publicar traducciones, cosa que había soñado desde que estaba estudiando Lengua y Literatura Inglesas en la carrera. Por suerte en aquella época en el Pedagógico de Las Tunas enseñaban el idioma a la par de las demás materias que tienen que ver con el proceso de enseñanza. Tuve excelentes profesores allí. He tenido la suerte, además, de ingresar en la Sección de Traductores de la UNEAC y de ser jurado del Premio Nacional de Traducción Literaria "José Rodríguez Feo" y actualmente coordino una sección de traducción literaria en www.CubaLiteraria.cu, portal donde trabajo desde hace más de cuatro años. Entonces tengo que agregar que a veces disfruto más la traducción que la escritura propiamente dicha, aunque las dos embargan una responsabilidad tremenda.

El hombre, ante los cambios, de cualquier tipo, también los sociales, se angustia. Vivimos tiempos donde nada parece ser. Hay como una dislocación, un desfasaje que, para mí, preconiza nuevos ajustes, nuevas readecuaciones en todos los órdenes humanos. ¿Cuál debería ser entonces la misión del poeta hoy, su razón de ser?

No estoy demasiado seguro de que el poeta tenga una misión. El poeta está consciente de todos los cambios a su alrededor. Los nota, quizás, más rápido que el sociólogo y el historiador. Los analiza con más agudeza. Pero el poeta no creo que se sienta responsable de que los demás se percaten de estos cambios. Y si se sintiera responsable se autocensura porque la condición de poeta presupone una suerte de invisibilidad. El poeta, la poesía, es la última carta de la baraja. Todavía hay unas cuantas personas en el mundo que leen poesía y otros tantos que la escriben. Pero cada día las personas se dejan arrastrar por las formas más banales y mediocres de entretenimiento. Es triste, porque lo ves en todas partes, en tu misma casa. Los medios de comunicación se hacen eco de estas formas banales y mediocres porque no hay nada más sencillo que mantener a una muchedumbre enajenada y no hay nada que enajene más que el seudo-arte. El arte genuino, auténtico se va relegando cada día más a círculos de elite y responde a mecanismos institucionales. El poeta es un ser egoísta. Escribe por una necesidad espiritual y no le interesa para nada que los demás se vean reflejados y sufran con sus poemas. No estoy demasiado seguro de que un poema pueda ayudar a sanar el alma de una persona, si puede evitar que el mundo colapse, pero sería genial que fuera así. Sería maravilloso que el poeta fuera uno de esos personajes de cómics con manta y antifaz sobrevolando la ciudad para salvar la humanidad.

Si te dieran la posibilidad de hablar ante una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¿qué dirías?

No creo que me darían la posibilidad. Esa es una institución podrida y no le veo demasiado sentido. Otro nido de ratas. Es gracioso, porque Jorgito (Jorge Luis Peña) dijo que les pediría que prohibieran el reguetón. Es tentador eso, aunque a ellos qué les importa. Yo no creo que me darían la posibilidad de hablar en la ONU (no sería mala idea darles un recital de poesía) pero si les fuera a decir o pedir algo es que no me jodan, que me dejen tranquilo.

P.-S.

OSMANY ODUARDO GUERRA
(Colombia, Las Tunas, 1975).
Poeta, narrador y traductor.
Licenciado en Inglés.
Miembro de la Asociación “Hermanos Saíz”, de la Asociación de Traductores de la UNEAC y de la ACDAM (Asociación Cubana del Derecho de Autor Musical).
-  Premio en el Festival Provincial de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), 1997 y 1998 (poesía y décima)
-  Premio Nacional “Décima Joven de Cuba”, 1998 y 2000
-  Premio Beca de Creación “Poesía del Sur”, 1999 (proyecto de libro)
-  Premio “Portus Patris”, 1998 y 1999 (cuento y poesía respectivamente)
-  Premio Nacional de la Narrativa Joven Reyna del Mar Editores, 2001 (cuento)
-  Mención David 2002 (poesía)
-  Mención Casa de las Américas, 2004 (poesía)

Ha ofrecido lecturas, impartido conferencias y oficiado como jurado en varias ciudades del país.

Varios poemas suyos han sido musicalizados.

Sus trabajos aparecen publicados en
El Vendedor de Pararrayos (España),
El Heraldo (Ecuador), Quehacer (Las Tunas),
26 (semanario de Las Tunas),
Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo (Catálogo de nuevos poetas cubanos; Editorial Letras Cubanas, 2000),
Los parques (Antología. Jóvenes poetas cubanos;
Editoriales Reyna del Mar y Mecenas, 2002),
Anales del Caribe, Casa de las Américas,
CubaLiteraria, La Jiribilla, La Letra del Escriba, Rebelión.
La Editorial Sanlope publicó en el año 2000 el libro de décimas Cantigas de escarnio y en 2001 el cuaderno Poema consciente (Premio Nacional “Décima Joven de Cuba”, 2000)
Ha publicado además La noche sin perros (Premio Nacional de la Narrativa Joven) por Reina del Mar Editores, Cienfuegos y
Poeta en La Habana (poesía, Mención Casa de las América, 2004; Editorial Letras Cubanas 2005).

Tiene inéditos los libros
Animal de feria (poesía, Mención David 2002),
La clemencia de los estúpidos (cuento)
y Las mil y una poses (novela).
Así como varias traducciones y ensayos acerca de la poesía, entre los que figuran “Ángel Escobar: un poco de antipoesía (en tres tiempos)”
“La brutalidad y el fenómeno religioso en Los heraldos negros”.

Fue el traductor de la novela Mar de fondo (Tide Running en el original), Premio Casa de las Américas 2002 en el género de Literatura Caribeña en inglés o Creole, de la escritora guyanesa Oonya Kempadoo.
Durante dos años se desempeñó como Vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en Las Tunas.

Actualmente trabaja como periodista y editor en CubaLiteraria, editorial electrónica y portal de la literatura cubana en Internet donde, además, coordina la sección “Traduttore/traditore”.

Este artículo tiene © del autor.

1968

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