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LA CREACIÓN

Encarnación Hernández Torregrosa

ESPAÑA



          En las últimas semanas he sido presa de una dulce embriaguez. He experimentado gran cantidad de sensaciones y deseos, escribiendo cientos de cuartillas y rompiendo otras tantas, mientras en mi interior crecían nuevas ideas que dejaban paso a otras, y éstas a otras distintas.

Hoy me siento preñada de ese algo vital y maduro que crece en mi interior y que pugna por salir. Y extrañada, me doy cuenta de algo en lo que no había reparado, junto a mí hay cientos de hojas en blanco, de pronto y a solas en la habitación, siento la necesidad de dejar salir, de lo más profundo de mi ser, esa idea que lucha por nacer. La preparación para el momento es sencilla. Varios bolígrafos, hojas en blanco, los objetos familiares, un cómodo sillón, algunos libros a manera de fieles amigos y una taza de humeante café. Todo está dispuesto  para ese  instante. De pronto un sentimiento de terror cruza mi mente: ¿Y si no se presenta? Me preocupa que se esfume  perdiendo la oportunidad de poder describir en las páginas quizás ese paisaje repleto de vida donde los amantes impetuoso, son atrapados por la  pasión...

Pero no es así, lo cierto es que la idea brota con fuerza en mi mente mientras ojeo  uno de los libros. Su deseo por salir no  impide  que me detenga un segundo para ordenar mis pensamientos. Tomo fuerzas, y con inquietud pero sin forzar demasiado el momento, le ofrezco la posibilidad de mostrarse al mundo tal y como es. Ella con gran serenidad y delicadeza va definiendo su tamaño, adquiriendo una forma determinada. Es necesario que sea ella quien plasme en el papel inmaculado cada uno de sus contornos. No puedo precisar cuantas horas han pasado, pero al fin se ha culminado la tarea. En este instante y tras la entrega más intima, me envuelve el silencio. Una vez acabado el proceso cojo entre mis manos el fruto de lo creado,  y sobre la primera página puedo leer:  


               Conclusión sobre la creación


Lo anteriormente descrito tan sólo es la imagen de lo que pudo ser y quedo relegado a un esbozo de lo que nunca será. La incapacidad de gran parte de la sociedad por comprender el pensamiento creativo, me lleva a dejar en líneas amputadas, lo que naciendo como una obra de contenido espiritual, queda en una reflexión que quizás también se esfume con la espuma al correr del agua.

Sé que semejante acto carece de importancia para los escépticos, que verán en ello, sólo palabrería envuelta en una bonita retórica. Pero aceptar que quienes poseen la facultad de crear tengan el derecho a actuar como cirujanos ante una idea, aunque esta les pertenezca, es dejar al mundo sin la posibilidad de esa visión tan particular como original de un pensamiento repleto de sensibilidad, convirtiéndose al mismo tiempo en asesinos de su propia opinión. Poco importa este asesinato, ya que si no existe la forma física de esa idea, no existe tal muerte, es decir: el pensamiento no posee la materia necesaria para poder catalogarlo dentro de este mundo al que llamamos real. Sin embargo para esos incrédulos me voy a permitir definirlo, con otros elementos tangibles como es la epidermis o la corriente sanguínea en el ser humano, y con tanta vida como ese cuerpo y esa sangre.
Al hablar del lenguaje, es sabido que este es fundamental para la comunicación, y como el hombre, él puede crecer, puede ser moldeado, llega a adquirir una importancia vital junto al hombre, y al igual que él, cae en la desidia cuando es relegado al olvido, como ocurre con la doctrina de la cultura o la disciplina de la educación. En cambio existe quien siente la necesidad confesable de la creatividad, trabajando en la idea de transmitir cuantos arquetipos surgen en la imaginación, con la sola aspiración de fomentar la relación directa entre generaciones -algo escaso en esta saciedad, volcada ante el egoísmo egocéntrico de los inadaptados que sólo intentan introducir sus desequilibrios en el mundo- de manera que la voz, cada vez más silenciosa, de la creación han llegado a confundirse con el sonido del aire.

Se que este documento, no ira a ninguna parte, ya que es un grito callado ante la desesperación. Pero a lo largo de los años he trabajado con el único bien que poseo: la imaginación y el deseo de crear. En cambio mostrar esta posición ante la vida frente a quienes se tienen por racionales, es correr el riesgo de quedar relegado al limbo de los olvidados, mientras este mismo mundo sigue caminando con su segura velocidad hacia la nada.
Pero volviendo a la esencia de este escrito, a lo largo del tiempo he visto como personas con una capacidad intelectual que raya la estupidez, alcanzan el poder de decidir sin ningún tipo de pudor, sobre conceptos tan complejos como la razón, el entendimiento, la verdad, el orden -y lo esencial para el hombre- la existencia. Lo más curioso es que hablan sobre tales conceptos utilizando las palabras, de una forma elemental, mientras enarbolan la bandera de la inteligencia.

¿Esto significa que su capacidad "intelectual" es lo bastante sólida como para hacerlos merecedores de ese honor? No creo necesario responder a ello. Admito estar poniendo en duda la intelectualidad de esas personas, pero ellos ignoran que sus actos y sus palabras no son suyos, como no son míos los relatos, las ideas que fluyen de mi interior para alcanzar al prójimo. Es necesario advertir a quienes tienen el poder de juzgar y decidir, que es necesario sentir, y ante todo, sentir antes que pensar, ya que al pensar y exponer sus pensamientos, disponen de esa comunicación que lo esclaviza a su prójimo, quien a su vez podrá juzgarlo. La palabra esta sujeta a una ley: necesita de la voz o de la escritura para llegar al mundo, tras lo cual deja de pertenecernos.

           Es sumamente complejo definir un pensamiento creador. La persona que llega a alcanzar ese conocimiento, como el enfermo contagioso,  en ocasiones se queda escondida en ese espacio donde la palabra toma la forma de lo escrito, alejándose de este mundo donde llegó a ser asesina de su idea. De esta manera el autor construye el verbo más perfecto, el que sin ser materia, se pierde entre los renglones y los signos, entre la síntesis y el simbolismo, formando parte de su propia creación, transformándose en ese algo que nunca llegó a imaginar... "ser" la esencia de lo creado.

Este artículo tiene © del autor.

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