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RIGA, LA BELLA DESCONOCIDA

Valentín Justel Tejedor

España



RIGA, LA BELLA DESCONOCIDA

La temperatura era gélida a primeras horas de la mañana en la ciudad Báltica de Riga.La panorámica desde el vanguardista puente Vansu, con una estructura muy similar al hispalense puente del Alamillo, era realmente cautivadora.En el margen izquierdo del río Daugava se vislumbraban las elevadas cúpulas y agujas del Domo, y de otras construcciones civiles y religiosas, que audazmente despuntaban con procacidad, entre las edificaciones exornadas por los más variados estilos arquitectónicos, y entre las densas forestas, que batían sus verdinos atavíos al son de un precoz y frío céfiro matinal.En la orilla opuesta del río, hacia el Sur, erguida sobre la isla de Zaku Salu destaca la imponente torre de telecomunicaciones, que parece emular un cohete espacial instantes antes de su vertiginoso despegue. Así, después de cruzar el último tramo del puente Vansu accedimos a las laberínticas e intrincadas callejuelas que forman el entramado de la ciudad antigua, conocida popularmente con el nombre de Vecriga.La visita se inició en el Castillo de Riga una construcción cargada de historia, destacando en su estructura y perímetro cuadriforme una ictérica torre circular, coronada por la enseña del país, y otro bastión circular posterior en color albar, que ofrece sus vistas a una plaza realmente encantadora como es la Pils, ágora con pavimento adoquinado, y sus edificios con techumbres superpuestas, con pequeñas buhardillas, y fronstipicios en “V” invertida.En uno de sus extremos se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro, bella construcción en color níveo con cúpula azulada de aguja que parece acariciar el apacible cielo Letón, dejándonos llevar por la magia del tiempo, pues pasear por estas calles es como hacerlo en la misma Edad Media, llegamos a la fuente del león en nuestro caminar hacia la Catedral del Domo, desde esta fuente en chaflán ya se puede ver la majestuosa torre del templo, con sus orbiculares relojes negros, y su cúpula en verdemar herrumbroso, desde donde se aprecian unas magníficas panorámicas. La plaza donde se ubica constituye el verdadero corazón de la ciudad, donde sus numerosas terrazas albergan un agradable ambiente a cualquier hora del día o de la noche.En nuestro recorrido llegamos a la plaza del Ayuntamiento, un lugar con una gran semejanza al Romenbert de Frankfurt am Main, con sus construcciones de ladrillo rojizo, y dispuestas de forma escalonada, sus numerosas veletas, y agujas brillan con intensidad emitiendo deslumbrantes destellos, así unas decenas de metros más abajo asomarse al bucólico puente de piedra resulta maravilloso, sus fanales de época, sus barandillas con intrincadas tramas, y sus excepcionales vistas son inolvidables: a un lado el puente de hierro con sus cinco sinuosos arcos, al fondo la afilada silueta de la torre de la Televisión, y al otro lado el moderno puente Vansu, todo ello en un marco de azules que sencillamente resulta cautivador.Avanzando hacia la zona Sur de la ciudad nos encontramos en unos viejos hangares de Zepelines el mercado Central de la ciudad, cada uno de ellos alberga géneros de productos distintos, si bien lo más llamativo del lugar es transitar entre aquel variopinto paisaje humano; varias manzanas más abajo llegamos al mastodóntico edificio de la Academia de las Ciencias, de inconfundible estilo Stalin, idéntico en su estructura al que se encuentra enclavado en pleno corazón de Varsovia, desde allí la torre de comunicaciones se veía muy cercana.De regreso al casco histórico, y tras pasar nuevamente por la plaza del Ayuntamiento nos dirigimos hacia la Iglesia de San Pedro, el mejor ejemplo de arte gótico del Báltico, allí justo detrás de esta joya arquitectónica se encuentra uno de los rincones más bellos de la ciudad: la calle Skarnu, con sus caracteristicas farolas de cuatro brazos, y su colorido enardecido por flores de intensas y vivas tonalidades, la escultura de los músicos de Bremen resulta un inesperado atractivo en este escondido lugar.Desde allí por la arteria Kalku, nos dirigimos hacia el parque donde se encuentra el edificio de la Opera, una bella construcción de estilo neoclásico rodeada de jardines, estanques, y fontanas.Desde allí siguiendo la calle Kalku, accedemos al emblemático monumento a la Libertad siempre ornamentado con cirios y flores, custodiado por impávidos militares; en su extremo superior se encuentra la estatua de Milda, que sostiene en sus manos unidas tres estrellas, que representan las tres regiones de Letonia.Desde allí recorremos la arboleda cercana donde se ubica la antigua barbacana, para desembocar nuevamente en el estuario del río Daugava. Así tras cruzar el puente Vansu, cerca de los muelles, ya en la ribera de la Riga moderna, el premioso crepúsculo mostraba una perspectiva de la ciudad Báltica verdaderamente encantadora y fascinante.Las luces que iluminaban calles, monumentos, e iglesias, se reflejaban difuminadas y trémulas sobre la encalmada y sedosa superficie del curso fluvial, proporcionando una admirable imagen de misteriosidad, magia, y belleza a una de las capitales europeas más hermosas, y a la vez más desconocidas.

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