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Palabra en combate: Los primeros carros de combate

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Desde antes de nuestra era, los asirios emplearon una especie de barreras móviles para proteger a sus arqueros. En los tiempos de la civilización griega, se construyeron grandes torres de asedio denominadas Helepolis y las fuerzas militares romanas –las legiones– usaban torres sobre ruedas revestidas con armaduras y armadas con catapultas. Incluso, en la Edad Media, algunos pueblos europeos –polacos y checos–fabricaron carromatos de guerra blindados con metal.

Durante el Renacimiento, el genial artista y científico florentino Leonardo da Vinci (1452-1519) diseñó un vehículo de ataque, con ruedas, impulsado por la fuerza humana.
Por lo general, estas ideas se basaban en el asedio –«cerco de un punto fortificado, para impedir que salgan quienes están en él o que reciban socorro de fuera»–; pero luego de la Revolución Industrial y los avances tecnológicos que la acompañaron, los enfrentamientos armados se convertirían en guerras de trincheras o de posiciones –«la que se desarrolla desde frentes móviles o fijos, en los que se hace uso de trincheras u obras de tierra».

Los ingleses los denominaron en un principio land shipsbuques terrestres–; pero, como para mantener el secreto militar, aunque estaban produciendo un vehículo de combate, les decían a los obreros que estaban construyendo depósitos de agua móviles para el ejército, así los trabajadores los llamaron tanques, palabra que procede del inglés tank.

Los tanques resultaron, de hecho, una solución al problema de continuar avanzando mientras se está bajo el fuego enemigo. Fueron precisamente los británicos quienes dieron solución a este problema y crearon un nuevo tipo de arma, utilizando para ello varias tecnologías: combinaron las orugas –«cadena articulada sin fin, que se aplica a las llantas de las ruedas de cada lado de un vehículo y permite a este avanzar por terrenos escabrosos»– con armas montadas en torretas –«en un buque de guerra o tanque, torre acorazada»– y con blindaje –«protección exterior con planchas metálicas con el fin de resguardar cosas o lugares contra los efectos de las balas, el fuego, etc.»–.

Aunque lo nombraron carro de combate, la denominación tanque sobrevivió.
El primer prototipo, el Mark I, tenía forma romboide y fue probado el 6 de septiembre de 1915 por el Ejército Británico, ya en plena guerra mundial. Muy pronto otras potencias europeas, como Francia y Alemania, se sumarían a la carrera de producir carros de combate o armas anticarros –«arma o artificio que se destina a destruir o neutralizar carros de combate o vehículos semejantes».

La carrera por producir una nueva y poderosa arma había comenzado.

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