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SEMANA ECUMÉNICA. UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Camilo Valverde Mudarra

España



Ephata: ábrete

La Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos (Mc 7,37) Está organizada por la Delegación Diocesana de Ecumenismo, el Grupo Ecuménico de Málaga y la Fundación Lux Mundi. Este año, invita, a las Iglesias y a los cristianos, a orar y trabajar por la unidad de los cristianos y, por otra parte, unir nuestras fuerzas para responder a los sufrimientos humanos.

Estas dos ideas están vinculadas a la curación del cuerpo de Cristo, sobre el texto elegido para la Semana de este año, que es una historia de curación, Mc 1, 31-37, que refiere cómo Jesús cura a un hombre sordo e incapaz de hablar. Jesús conduce al hombre lejos de la muchedumbre con el fin de estar solo con él. Pone sus dedos en los oídos del hombre, escupe y toca la lengua del hombre, y "le dice Ephata: ábrete", fórmula a veces utilizada en la liturgia del bautismo. La buena noticia proclamada aquí da a entender la respuesta total a la solicitud del Señor ante el sufrimiento y las necesidades, constituye un testimonio elocuente de la misericordia de Dios. Al dar al hombre el oído y la lengua, Jesús manifiesta el poder y el deseo de Dios de salvar a todo hombre, como indica Isaías: "Entonces, se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos del sordo se abrirán, brincará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo cantará” (35, 5-6). Así, el salir de la sordera puede comprender la buena noticia proclamada por Jesucristo; y al recuperar la palabra, anunciar a los otros lo que vio y oyó.

La iniciativa de esta semana está precedida de importantes jalones históricos, que no se deben olvidar; el que desconoce y desdeña su propia historia se queda sin asideros y, aún más, pierde su futuro. El deseo de unidad entre cristianos hunde sus raíces en el S. XVIII, en cuya primera mitad, nace, en Escocia, el movimiento pentecostal con vinculaciones en América del Norte, que, para la renovación de la fe, llamaba a orar por todas las Iglesias y con ellas. En 1820 el reverendo James Haldane Stewart publica "Consejos para la unión general de los cristianos con vistas a una efusión del Espíritu». Desde entonces se han sucedido las iniciativas, propuestas y publicaciones para conseguir la unidad. En 1964 Pablo VI y Atenágoras I recitan juntos en Jerusalén la oración de Cristo "que todos sean uno" y un año más tarde en 1965 el Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II subraya que la oración es el alma del movimiento ecuménico y anima a la práctica de la semana de oración. La Comisión "Fe y Constitución" y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de la Iglesia Católica, en 1966,deciden preparar un texto para la Semana de oración de cada año; y, en 2004, deciden que en lo sucesivo los textos de la Semana de oración por la unidad de los cristianos sean publicados conjuntamente y presentados en un mismo formato.

Como el sordo-mudo, curado por Jesús, todos los bautizados en Cristo han tenido los oídos abiertos al Evangelio. En su primera carta, San Juan nos habla de la fraternidad de los que recibieron esta buena noticia: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida» (1,1). El Señor deseaba (Jn 17) que sus discípulos, que habían acogido su mensaje, fueran una sola cosa, unidos los unos a los otros en una unidad arraigada en su comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Como cuerpo de Cristo, la Iglesia está llamada a ser una, a ser la comunidad que ha visto y oído las maravillas que Dios hizo, y que ha sido enviada para proclamarlas por todo el mundo; estamos llamados a ir unidos en la realización y el cumplimiento de la misión evangélica (Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales. Revista Diócesis, 2007).

Como Dios escuchó los gritos y vio los sufrimientos de su pueblo en Egipto (Ex 3, 7-9), como Jesús respondió con solicitud a los que lo imploraban, la Iglesia Cristiana Universal debe desechar la separación, comprender la voz de todos los hombres que piden sufrir y alegrarse juntos, rezar, evangelizar y amar unidos, todos en el distintivo esencial que Jesucristo impuso a todo el que se llame cristiano: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. En esto, distinguirán que sois mis discípulos” (Jn 13,34). Este es el distintivo; esta es la razón de la desunión, la causa, por la que el mundo no está incendiado en el amor de Cristo, porque no somos capaces de mostrar nuestro amor de auténticos cristianos, dejando lo que separa y yendo a lo que une. Jesús pide al Padre, que sus discípulos, como la Santísima Trinidad, sean todos una sola cosa; y, concluye: “Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad” (Jn 17, 11.17). Si seguimos divididos, si andamos en tantas siglas de iglesias, grupos y partidismos, motados en el orgullo de no ‘enmendalla’, no somos discípulos, ni cristianos, ni santos. El camino lo marcó Jesucristo, hemos de arder de amor y, permaneciendo en Él, dar mucho fruto, el fruto de la verdad, de la santidad, del amor.

Camilo Valverde Mudarra

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