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ADJETIVAR NO ES FÁCIL

La correcta utilización del adjetivo

César Rubio Aracil

España



Reconozco de antemano mi inadecuada utilización del adjetivo. Quiero dejar aquí constancia de ello en evitación de malentendidos.

El calificativo me seduce. El epíteto, cuando la sangre se me altera, me abre las carnes de gozo. El superlativo no, por razones de pudor cuando se trata de halagar a personas o de magnificar situaciones, y mucho menos el superlativo abundancial. Uno de los adjetivos por mí odiado en ocasiones, es el posesivo en términos de propiedad. No lo soporto, por inducirnos en sentido directo a la competencia y al egoísmo. Los “numerales”, “ordinales” y “relacionales” los considero de menor riesgo, aunque evitables muchas veces si se sabe utilizar el lenguaje. Sin embargo, aun deseándolo, no siempre puedo prescindir de la adjetivación. Pongamos algunos ejemplos:

“¡Jo, vaya mujer hermosa!”. También el epíteto, “¡Marcelo es un cabrón!”, empleado en circunstancias varias imaginables, lo considero necesario en determinados momentos. De igual manera si trato de referirme al cielo o al orto y al ocaso, cuyos colores conviene destacar en ciertos pasajes si no existe otro remedio.

A mi entender, el uso del adjetivo debe ser preciso y en condiciones inevitables. Cuando se abusa de él, cansa y deja fuera de lugar las imágenes de posibles relieves literarios, sean éstas poéticas o prosísticas, quedando la obra demasiado almibarada. Mejor el estilo sugerente, dejando al lector la libertad de calificar o de manejar la palabra a su gusto. No obstante, un texto lírico desprovisto de adjetivación puede limitar el atractivo del lector.

A mi corto entender (lejos de ser filólogo apenas he estudiado nuestra gramática), quienes carecemos de los imprescindibles conocimientos para escribir bien, deberíamos diseccionar cada adjetivo antes de escribirlo. Conocer su etimología y semántica lo considero de urgente cumplimiento por parte de quienes aspiramos a ser escritores/as, sin dejarnos guiar por la nefasta influencia de determinados autores comerciales de fuerte tirón literario. Éstos sólo se fijan en los valores crematísticos y no en su ejemplaridad en el momento de escribir. Azorín ha sido y sigue siendo uno de mis maestros en éste y otros aspectos literarios. De igual manera, Diana Gioia y Ricard Monforte, especialistas gramaticales y literarios de Metáfora, me han ayudado y me ayudan a utilizar correctamente las palabras. Sin ir más lejos, en cuanto afecta a la posición del adjetivo, antes o después del núcleo al cual se refiere.

Hace algún tiempo me daba lo mismo adjetivar de cualquier forma, pero no es correcto en todos los casos porque existen cuatro modalidades, a saber: (1)

En la APLICACIÓN LÓGICA, si el adjetivo especifica se sitúa después del núcleo. Verbigracia: “árbol enano”. Si explica ("fuerte viento"), antes.

Respecto a la APLICACIÓN PSICOLÓGICA, el adjetivo deberá situarse antes del núcleo en el caso de ser subjetivo; quiero decir, si el escritor/ra emite su opinión. Ejem. “buena respuesta”.

En cuanto a la APLICACIÓN RÍTMICA, debemos ir con tiento. Si el adjetivo supera en longitud al núcleo, se coloca detrás de éste: "mujer destemplada", "hombre dolorido".

APLICACIÓN DISTRIBUTIVA. En caso de tratarse de un adjetivo con escasa información, se escribe con anterioridad al núcleo: “mala cosa”. Si al contrario, se sitúa detrás del núcleo: “calor solar” y no “solar calor.

Debe tenerse cuidado con los adjetivos susceptibles de modificar la oración, como en el caso de los SIGNIFICATIVOS: “pobre hombre” y “hombre pobre” no significan lo mismo.

(1) Datos obtenidos en Google, de Wikipedia, la enciclopedia libre.

A la luz de los ejemplos vertidos en este trabajo, se deducen las dificultades existentes al tratar sobre la adjetivación. Queda aún bastante por decir en este limitado estudio, sin olvidar la función simultánea, sustantiva y adjetiva, de muchas palabras de nuestro idioma, el estudio de los "relacionales", referidos a un conjunto de propiedades: "puerto marítimo". No diríamos "puerto que es marítimo". (Los adjetivos relacionales son los llamados "cuasinominales" porque no denotan cualidades o propiedades de los sustantivos; simplemente, establecen conexiones.)

También cabe la posibilidad de utilizar el adjetivo con fines fonéticos para armonizar el sonido literario. ¿Creemos preferible, por ejemplo, dotar la prosa de cierta musicalidad implícita; es decir, de manera armoniosa, huyendo de las cacofonías, sonidos aliterados, asonancias y consonancias? Por mi parte, decididamente, sí. Hay autores/as, en cambio, opuestos/as a semejante estilo. De todos modos, deberíamos tener en cuenta la imprudencia consistente en suplir el valor semántico por el musical, incluso al versificar. Asimismo, supondría un recurso de escaso provecho tratar de encajar los adjetivos para contabilizar las sílabas necesarias en un poema.

En mi criterio (no quiero decir, "modesto" por evitar un adjetivo más), la adjetivación adecuada da vida a los textos. Me imagino una creación poética/amorosa exenta de halagos, lisonjas, alabanzas e, incluso, vituperios si la vertiente léxica desagua en el desamor. Tanta frialdad dejaría al lector sin fuerzas emotivas para seguir con su lectura.

Huidobro, en su Arte Poética, afirma: “El adjetivo, cuando no da vida, mata”. Lo mismo sucede, según creo, en el supuesto de negarle su valor literario. La dificultad estriba en usarlo de manera correcta, en no dejar endeble la expresión. La afinidad entre ritmo y palabra, sea adjetivo, verbo o sustantivo, vitaliza la creación. No considero la estética literaria enemiga del adjetivo.

Si al principio de este escrito he puesto algunos reparos al adjetivo, no ha sido por negarle su autoridad en cualquier texto literario, sino por mi incapacidad para utilizarlo con auténtico arte. Vaya por delante la sinceridad.

Augustus

César Rubio (Augustus)

Miembro del grupo
Escritores Castellano-manchegos y de La Mediterranía
y colaborador de Metáfora.

Este artículo tiene © del autor.

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