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Tveir (2)

Nepomuk



Voy un poco al chimpún-alirón con lo de los apuntes del viaje, porque escribo por la mañana y publico por la noche, pero no me queda otra. Cuando en Madrid aún estáis merendando, aquí ya casi es de noche, así que tenemos que aprovechar las horas de luz a tope como cuatro saltamontes hiperactivos puestos de coca. Por eso, aquí me tienes. A las 6:30h. de la madrugada y comiendo pan con queso duchado, meado y perfectamente a punto (duchado y meado yo, no el queso). Hemos dormido en unas cabañas guais con un jacuzzi exterior que no hemos probado, porque llegamos a las mil y mil y con un bajo cero ambiental y lluvioso que propiciaba bien poquito lo de quedarse en pelotas al relente. A cambio, he hecho un poco el guarro en la ducha con Karlos Z. mientras Jokin y Gustavo daban un paseíto predesayuno. Mi primera cochinada islandesa.Tchks... québonitotodo.

Al tajo. Datos importantes de ayer:

- Conocimos a Narfi. No sabemos de dónde cojones sale Narfi, pero apareció en el camping, se abrazó mucho y fuerte con Karlos Z. y hablaron en inglaislandés durante 20 ó 30’ mientras el resto de nosotros contemplábamos la charla con cara de vaca de mirando al tren. Ya he hablado otras veces de los amigos de Karlos allende el mundo mundial, que aparecen en los lugares más recónditos contándome que han vivido con él intrépidas aventuras ¿no? pues este es uno de ellos. Y a pesar de llamarse Narfi, que tal parece nombre para un ninfo de agua grácil y delicado, es una bestia vikinga de casi dos metros y unos 110 kilos de peso que te da una palmadita y te descoloca los pulmones. Y no puedo decir más de Narfi, salvo que parece muy simpático y nos consigue cosas gratis porque se enrolla en islandés hasta con los piedros.

-Las carretera islandesas son FLIPANTES. Kilómetros interminables en línea recta rodeados de la nada más absoluta. Le pedí a Karlos que me dejara conducir el tanque, aprovechando que por allí no pasaba ni dios y salvo que te cayera un meteorito islandés, el peligro era de cero sobre cero. El trasto estaba lleno de palancas, así que me limité a pisar a tope y gritar MIRADME, SOY MAD MAX. Karlos tardó aproximadamente unos dos minutos en hacerme parar el coche para sacarme de una oreja y sentarme detrás otra vez, entre Gustavo y el vikingo gigante, que me miró todo sonriente y dijo "mucho bien conducir el coche pero no mucho rápido ¿ah?" Puse una sonrisita de conejo y le levanté los pulgares en plan Austin Powers. No conviene enemistarse con los lugareños. O al menos con los lugareños que pueden destriparte con dos movimientos de pulgar.

- Jokin y Karlos bucearon en la grieta de Silfra, justo donde se dividen las placas tectónicas de Eurasia y América. Por hacer el idiota me metí dentro de uno de los trajes de buceo seco y tardé cerca de 20’ de poder salir de ese infierno superbonito de estrangulamiento y válvulas. Estuvieron abajo unos veinte minutos, y salieron con cara de haber visto a la vírgen. Karlos lo ha filmado todo con su cámara de buceo y ha conseguido un minivídeo bastante espectacular y terrorífico. Me ha prometido llevarme a un cursillo de buceo seco cuando volvamos a Madrid. Espero que se le olvide cuando pisemos Barajas. Soy un Mad Max cobarde y ya le he cogido cariño a lo de seguir vivo.

-Hicimos una ruta de trekking bastante espectacular por el parque y subimos hasta la catarata Gullfoss. Había niebla y llovizna, pero igualmente Karlos me hizo unas 250.000 fotos con mi gorrito absurdo encasquetado hasta la nariz y mis greñas asomando en plan pitufo rastafari. Si Karlos no me saca en las fotos con pinta absurda, no es feliz. Esa es una constante absoluta en nuestras vacaciones de invierno. Para pasar unas horitas de buenas risas, nada como echar un ojo a nuestros álbumes de fotos. En serio. Me pasé toda la jornada cambiando el nombre a la catarata. Grundos, Guilford, Gerulos... hasta Murdor, llegué a llamarla. Narfi me corrigió las 17 ó 18 veces con una sonrisa, y yo le volví a poner los pulgares Austin Powers otras tantas, así que supongo que a estas alturas ya intuirá que soy imbécil.

-Falté a mi promesa de no comer animales simpáticos y me comí un hamburguesa de reno. En mi defensa, diré que llevaba triscando todo el santo día con un hambre brutal y la otra opción del menú (trucha nosequéjurgandershfoll sobre líquido blanco viscoso) no me apetecía una mierder. El pobre reno estaba buenísimo. Me zampé hasta lo verde de adorno. Que Rodolfo me perdone. Es el espíritu Mad Max islandés que me posee. Quién sabe lo que puedo comerme hoy, que subiremos al glaciar. Un pingüino... una aleta de foca... o un saliente rocoso, en el caso de que me dejen conducir a mí la moto.

Sí. Hoy MOTO DE NIEVEEEERRRGGLLLSSS... Soy feliz.

Tengo que contar lo de los jerseys islandeses con Gustavo, pero no me da tiempo. Mañana. Yeah.

Adiós.

Ver en línea : http://nepomundos.blogspot.com/2014...

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