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NO DA FRUTO, CÓRTALA

Camilo Valverde Mudarra

España



Domingo III Cuaresma. Ciclo C: Ex 3, 1-8a.13-15; Sal 102, 1-11; 1Co 10, 1-6.10-12; Lc 13,1-9.

El Éxodo narra la vocación de Moisés. Dios le dijo: «"Soy el que soy"; esto dirás a los israelitas: "’Yo-soy’ me envía a vosotros"».

El Salmo responsorial nos habla de la bondad paternal de Dios: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles”.

San Pablo dice a los Corintios: “Nuestros padres bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo”.

Jesucristo en el Evangelio exhorta: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Si no os convertís, todos pereceréis”. El verbo convertir procede del latino cum – verto, que etimológicamente significa rodear y volverse, dar la vuelta. Este es el sentido con que lo usa el Señor; hay que detenerse y retroceder dejando el camino del pecado, hay que volver los ojos hacia la rectitud; dejar el hombre viejo, que dice el Apóstol, y revestirse del hombre nuevo, que es el que sabe oír la Buena Nueva que trae Jesús y, revistiéndose de ella, imponiéndola como norte de su vida, andar por la vida inundando el mundo de paz, justicia y amor. En la importantísima conversación teológica que mantiene con Nicodemo, Cristo le asegura que “el que no nace de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios” (3,3.5); ante las dudas que le plantea su interlocutor, le contesta que la cuestión consiste en renacer, no de la carne, sino de “agua y de Espíritu”; del “agua viva que yo le daré y fluirá en su interior como un manantial que salta hasta la vida eterna” (Jn 4,14); y de la fe que, con el agua del Bautismo, el Espíritu Santo deposita, como don y gracia, en el alma del cristiano, que, convertido, deja el mundo y sus halagos, para andar por el camino estrecho y difícil: “Toma tu cruz, y sígueme”, “ve y vende todo lo que tienes, y ven y sígueme”, pero glorioso y cierto, porque conduce al Reino, a la vida eterna.

La cuaresma es tiempo de conversión. Vender todo lo que se tiene, significa retrotraerse de las cosas materiales, renunciar a los reclamos mundanales, huir del consumismo, desechar los placeres vanos, domeñar los egoísmos imperantes, la nociva agresividad a flor de piel y la violencia y retomar los pasos del bien fructífero; pues, el sarmiento que no está unido a Jesucristo, se seca, no da fruto y se le arroja (Jn 15,6). Como la higuera que no daba fruto, se mandó cortar. Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto" (Lc 13,8). El cristiano ha de cavar y abonar su alma con la palabra de Cristo, para obtener una buena cosecha de amor a Dios y al prójimo e inundar todo su entorno de los frutos de paz y de justicia, porque “el que permanece en mí y yo en él, da mucho fruto; sin mí nada podéis hacer” (Jn 15,5).

Es la vida orientada hacia el Padre Dios, Abbá, pues los hombres viven como hijos suyos y se aman unos a otros como hermanos, con la confianza de hijos que nada esperan de sí, sino de Dios, pues "todo es posible para el que cree" (Mc 9,23).

Camilo Valverde Mudarra

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