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Cuatro poemas de Oscar Portela

Epílogo de Abel Posse

Oscar Portela

Argentina



"Pensé que Portela era un portador de una palabra iluminada, de profeta en tiempos de dioses huídos".

Novelista, ensayísta y diplomático ( ex- Embajador Argentino en España)
Abel Posse.

Cuatro poemas de Oscar Portela
y un épilogo de Abel Posse


Escombros
por Oscar Portela

El mas inhóspito de los huespedes

habita ahora mi corazón;

escombros y más escombros

sobre el norte de la soledad

donde se incuba el huevo de la

serpiente que engendró fuera de

tiempo mi alma. ¿ Mas que hacer?

Horror es todo que llenó de infantil

alegría el podre que ven ahora

mis ojos. Vacuí el amor que llenaba

las horas que se hicieron

presas del vampiro de los sueños.

¡Ay! Vivir eternamente para ver

la esteril repetición de las horas

y la degradación inutil de las formas.

Dormir, dormir

bajo el peso de la soledad y los

escombros del tiempo,

el veneno que la vil espada

pone en el corazón ya sin asombro

de traiciones y humillaciones

maldecidas. Demasiada soledad

sobre mi soledad, demasiados espectros

sobre los espectros, demasiados duelos

sobre los duelos, demasiada intemperie,

sobre la intemperie,

que allá en Elzinhor

fué un tiempo el azur y la alucema.

Sobre el horror lo informe.

Dormir, dormir, rodeado de serpientes

cuando el mundo no es ya mundo

sino silueta fulminada

de quien no ha salido todavía

de la caverna. No me digais más adios.

Demasiada soledad sobre mi soledad,

demasiados espectros sobre mis espectros,

demasiados escombros sobre los escombros

que no hacen sino derrumbar escombros.

 

Espera
por Oscar Portela

Toda la música

que afluía a mi boca

el lago de mi boca

los peces de mi boca

la gran mar estrellada

de mi boca

el infinito azul

perfumado de mi boca

perdidos ya

ya perdidos

el mismo ceto,

la misma esquina,

la misma desazón

la misma culebra

sibilante de la noche,

la misma noche perdida,

con notas disonantes

y el recuerdo como el piano

de Holderlin con las

cuerdas cortadas. Eso es todo.

Cuerpos asesinados

por la pasión,

manos entregadas al vacío

de la caricia,

piel exaltada por el azufre,

todo aquí, todo enterrado

en un ahora eterno,

y yo esperando

la muerte y yo esperando.

 

Misterios
por Oscar Portela

Misteriosos son los caminos de la vida.

Tortuosas derivas, violentas cascadas,

vientos huracanados,crepúsculos que reflejan

el vertigo el mundo y la otredad del projimo.

Y todo está enlas manos, ojos labios y música

que pone melodía al corazón y a los misterios.

en las manos los daimones y angeles

que presiden los sueños de los que estamos

hechos,

de las sombras de las que estamos hechos,

auras que no disipara el azar,

ni demonios ni angeles, aunque el Dios

que preside nuestra mesa

quiera bajar de los espejos,

los espectros que viven en las aguas.

 

El Día
por Oscar Portela

Llegó un día a mi puerta con un claro

silencio sobre la frente.

Era solo

respuesta tras el dintel vacío,

pura interrogación su boca

sin ninguna pregunta,

que guiara sus pasos.

Serené entonces mi corazón

agobiado

por el recuerdo innúmero

de lo que fué combate provocación,

y éxtasis.

Ay, lucha y cortejo, agua y ceniza

derramadas

sobre el cruel arabesco

de lo que hizo destino.

Yo fuí de nuevo el ánfora

donde mezclar las horas

melodías

y acentos.

Fingí ignorarlo todo

pues de ignorancia vive,

la llama que ilumina

y dá forma

a las sombras.

Y tú eras la sombra.

Al mar dejó mis pasos

y quede en el escrito

de la nada y la boda,

nombres que alumbran

huellas

cuando pena la noche.

Mi corazón gentil

diciendo

el naufragio primero

sucumbendo a la estela

del número

y la estrofa:

para dejar estar,

el vivo sol que entonces

tu mano

librerara a la entrega

primera de lo que fue

llamado,

sin endecha ni queja

y en silencio cantado

sobre la carne muda

y el perfume de un huerto.

Carne de las palabras

entregadas

al deseo primero,

así fueste volcado -

pués en la muerte sola

y los días que hasta el poeta

llegan

claramente retorna

furtivo como toda

pregunta

que repite insaciada

el origen del verbo,

la memoria encendida

y el aura de tu pelo.

 

Epílogo de Abel Posse

UN POETA MAYOR EN TIEMPOS DE SILENCIO: OSCAR PORTELA
Por Abel Posse

Hace ya varios lustros recibí el primer libro de Oscar Portela con un título heideggeriano: "Senderos en el bosque". Llegaba con un poema-prólogo del admirado Francisco Madariaga, poeta de tierras, aguas, aguardientes y paisajes.

El libro de Portela, en una cuidada edición de Torres Agüero fue una de esas espaciadas sorpresas que suelen darnos los hechos literarios mayores. Cuando esto pasa uno siente que la obra leída pasa a formar parte de esa inexorable antología interior, antología de fondo que llevamos para siempre.

Por sus temas, por su fuerza expresiva y por su despliegue de lenguaje, Oscar Portela se instalaba en una dimensión distinta a las de las tradiciones de la poética de su tiempo. Recogía la fuerza celebrativa y la voz grande de los mayores poetas americanos. Sin timidez de poeta joven, pensé que Portela era un portador de una palabra iluminada, de profeta en tiempos de dioses huídos.

En ese libro citado, el poema Los asilos, superaba a los poetas como Enrique Ramponi en su "Piedra Infinita" y se ponía a la altura del Neruda de "Alturas de Machu Pichu" o del Lugones de "Las Montañas de Oro", cuando el poeta se atreve a ser un testigo cósmico y osa “El canto grave que entonan las mareas/ Respondiendo a los ritmos de mundos lejanos.../ El poeta es el astro de su propio destierro...” Y Portela parece responderle a este Lugones fundacional: “Nunca sabrás el origen del canto/ pero hallarás el canto del origen.”

Hace ya tres meses la cámara de diputados honró a Oscar Portela con la entrega de una plaqueta de homenaje. El poeta presentó su libro más reciente, "Claroscuro" en una recepción en el Club del Progreso.

Nos reencontramos después de años. Y tuve la oportunidad de destacar ante escritores y críticos lo que más o menos expreso en esta nota: admiración por haber ubicado la palabra en la altura de su máxima posibilidad temática, la pregunta sobre El puesto del hombre en el Cosmos, como escribiera Max Scheler.

Mientras esperaba mi turno para hablar, hojeé el libro que se presentaba y encontré como acápite del último poema del mismo estas líneas que Portela tomó de las cartas de la locura de Nietzsche: “Después que me hubiereis descubierto, imposible sería ya perderme.”

Nietzsche escribió esa verdad cuando nadie lo leía ni respetaba, salvo un grupo de iniciados como Rilke, Lou Andrea Salomé, George Brandes o Jacob Burckhardt.

Nada más aplicable a Oscar Portela en la despoetizada Argentina de hoy.

Días después de ese reencuentro, Portela envió a varios amigos el poema que se publica en esta página, donde reencuentra aquella voz que tanto me impresionó en Senderos en el Bosque, casi tres décadas atrás.

Este Ofertorio de Brumas se inscribe entre sus obras mayores. Es una “celebración” existencial que tiene la grandeza, la profundidad neobíblica del profeta angustiado ante la insoportable decadencia del mundo. Mundo de “la ceguera de la Imágen y la sordera de la acústica”. “Invoco las Horas de una noche sin términos.” “Ignoramos si las plegarias devolverán el Mar al Mar.”

Abel Posse
Buenos Aires- Argentina

Ver en línea : Cuatro poemas de Oscar Portela

Este artículo tiene © del autor.

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1 Mensaje

  • Oscar Portela en la Memoria por Ana Emilia Lahitte 22 de mayo de 2007 06:05, por Ana Emilia Lahitte

    Oscar Portela en la Memoria
    por Ana Emilia Lahitthe

    y un Poema Olvidado
    de Oscar Portela

    Queridísimo, no podés tener idea aproximada de la alegría que me dió el artículo de Abel Posse en La Gaceta. Te consta que desde un comienzo, cuando eras sólo un adolescente insoportablemente genial y desvelado, tuve la alegría de contarle a tu madre lo que estaba segura que tendría que ocurrir con su hijo escritor y de su ya excepcional, memorable Poesía.

    También tenemos recuerdos sin duda intacto, de cuanto nos regalaste con la deslumbrante invitación abierta para vivir tu Corrientes natal, nuestro Corrientes (y en ésto va el indestructible abrazo con nuestro Madariaga).

    Todo cuanto Posse ahonda y certifica desde su alto juicio actual, ha sido vivido por mí, no en lejanía, sino en distancia no buscada, por esa lealtad natural de nuestra extraña relación interior, que no en vano abarca las décadas transcurridas....

    Por eso, ahora me limito a abrazarte así, esperándote siempre.

    Por lo mismo, te pido que si te es posible todavía, me dés la inmensa alegría de llegarte hasta La Plata, tal cómo yo desearía hacerlo regresando a aquellas playas doradas de Empedrado...

    Un inmenso abrazo.

    Ana Emilia Lahitte

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