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LEYENDA NEGRA Y LEYENDA ROSA (II)

Influencias religiosas en los países de habla hispana

César Rubio Aracil

España



Dadme, indios, vuestra nobleza para poderos amar.

No vamos a oponernos de manera sistemática a las opiniones contrarias a nuestros criterios. Como bien dice el señor Valverde Mudarra en su segundo artículo, relacionado con la leyenda negra que pesa sobre España, la actitud luterana respecto a la invasión de América, principalmente la del Norte, difiere de la católica, apostólica y romana en bastantes aspectos.

Los ingleses, en todo momento histórico asidos a su creencia de superioridad respecto a cualquier pueblo de la tierra, y especialmente a las etnias de origen hispano, imprimieron en el Nuevo Mundo el sello de su estirpe, llegando incluso a interpretaciones bíblicas cuya soberbia contrasta negativamente con el espíritu de los Evangelios. Sin embargo, ambas culturas religiosas –lcatólica y protestante- , si se quiere, de estilos opuestos, no dejaron de ejercer una influencia nefasta en los territorios de ultramar.

Dejando al margen los efectos colonizadores relacionados con la socioeconomía, el capcioso sincretismo de algunos credos ha modificado de manera sustancial un hermoso ramillete de culturas diversas, cuya casi completa extinción ha dejado huérfana a la humanidad de unos valores inapreciables, llegándose, incluso, a propiciar la variación de conductas biológicas basadas en el naturismo indígena.

¿Con qué derecho, medito, la vana pretensión de sustituir a Cristo por Quetzacoátl, pongamos como ejemplo, o a Inti y a su esposa Quilla, la Luna, diosa de la mujer y de los quehaceres domésticos, por otras advocaciones? ¿Se ha conseguido un mundo mejor imponiendo la cruz o, por el contrario, la invasión cristiana, en todas sus modalidades, no ha derramado más sangre, supongo, que la vertida en sacrificios humanos por los dioses de allende los mares en toda su larga historia? ¿Qué ha conseguido el monoteísmo sino la cruenta lucha religiosa, debida al anhelo de las diferentes culturas por apropiarse de Dios? ¿Creemos necesario que para adorar al Supremo Hacedor, si es que existe, necesitamos echar mano del dogmatismo y la intorencia?

Bastantes pueblos amerindios tenían sus dioses, a los que sacrificaban vidas humanas por pura convicción. Nosotros éramos siervos de Torquemada, como símbolo de la permisividad invertida. ¿Qué diferencia hay entre ambas circunstancias para justificar una colonización, como todas ellas, injusta? Simplemente la ambición imperialista, como sucede en estos momentos. A otras cosas.

¿Más genocidio que hubo en tiempo de la conquista de América, de haber sido los protestantes los invasores? Dígalo quien lo diga, no lo creo. Todo en esta vida tiene su punto crítico, del que nace una nueva vida o, a la inversa, la muerte.

Es cierto, y de ello me enorgullezco, que el mestizaje hispanoamericano ha prosperado, en buena medida, gracias a la permisividad clerical española. ¿Cuántos hijos de sacerdotes católicos, entroncados con indias, estarán gozando de su vida por esos mundos de Dios? No lo digo en sentido peyorativo, porque no soy partidario de la obligada castidad religiosa y, por lo tanto, vaya por delante mi aplauso en favor de los eclesiásticos progresistas. Los españoles, eso sí, somos dignos responsables de la mezcla de nuestra sangre con la de las hermosas indias. Ellas, portadoras de las virtudes ibéricas, que también las tenemos, han engrandecido la humanidad en algunos aspectos. En resumen, hemos fortalecido al ser humano al mezclar el crúor vital, diversificando la genética, y con la ayuda del tiempo –si somos conscientes de lo poco bueno que hemos hecho en América-, un tanto de perseverancia y una satisfactoria dosis de buena voluntad, seremos capaces de estrechar el lazo que nos une a unos pueblos dignos del respeto que merecen.

Ni leyenda negra, ni leyenda rosa: sentido común. Como habrían hecho los protestantes, hemos trastornado la vida de los indios. ¿Dónde están, que no las palpo, las lenguas: mixteca, chibcha, guajiro, tarahumara, paisa, otomí o las andinas: chayahuita, jabero, arabela, y la tehuelche de Patagonia? ¿Dónde, la penutie ecuatorial? ¿Quiénes contribuyeron a su casi total desaparición? No obstante, cierto es que el quechua, con cerca de seis millones de hablantes, todavía se escucha en Perú, Ecuador y Bolivia, como asimismo el guaraní, con más de dos millones de parlantes, en Paraguay. Y en Chile, el mapuche o araucano. No sucede lo mismo, por desgracia, con las lenguas de los navajos, inuís y otros grupos humanos de América del Norte, donde el exterminio lingüístico, cultural y étnico ha sido casi total.

Sin embargo, aun a pesar de las calamidades que hemos hecho pasar a los pueblos referenciados y a la valiosa acogida que nos dispensaron en momentos terribles de nuestra reciente historia, todavía hoy los brazos indios nos están ayudando a levantar España. A levantarla y a engrandecer nuestra nula demografía. ¿Debemos, pues, maldecir, como hacen no pocos españoles, el flujo inmigratorio que estamos recibiendo de América del Sur?

Insisto una vez más: ni leyenda negra ni leyenda rosa. Mea culpa y, en vez de tanto rezo, un abrazo que abarque a toda América latina. De este modo, quien crea en Dios se sentirá satisfecho de sus acciones, y quien siga creyendo en Xiuhtecahtli nos contemplará con mirada piadosa.

 

César Rubio (Augustus)

Este artículo tiene © del autor.

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