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LA CASA DE LA TÍA

Antonio Nadal Pería

España



A Santiago, de quince años, le dejan sus padres un verano en casa de una tía en un pueblo pequeño porque ellos viajan unos días a Portugal por asuntos de trabajo. La tía es viuda pero vive con una hija de dieciséis años. Santiago no veía a su prima desde hacía cinco años. La casa del pueblo es grande y a Santiago le destinan una habitación grande en el primer piso, al lado de la de su prima. La tía viuda duerme en el piso de abajo. Durante la cena, los primos se miran con insistencia. Santiago considera que su prima Lucía es muy guapa y a ella le gusta la admiración que despierta en él, sabiendo que es tímido. Durante la primera noche, Santiago no puede dormir, inquieto sin saber por qué. A eso de la una de la mañana se oyen unos gritos estremecedores de una mujer. Al cabo de un rato largo, Santiago se levanta de la cama, sale de su habitación y llama suavemente en la puerta de la habitación de su prima. ¿Puedo pasar?. Sí, contesta ella. La noche es fresca, Ambos visten la chaqueta de un pijama. La habitación está levemente iluminada con una lamparita sobre la mesilla, sobre la que yacía un libro.¿Qué son esos gritos?, pregunta Santiago. ¿Tienes miedo?, pregunta ella. Sí. Ven, acuéstate en mi cama, le propone Lucía. Los gritos aterradores siguen oyéndose. Es una mujer que está trastornada. Su madre estaba loca y le pegaba todos los días, se murió hace un par de semanas, pero ella asegura que todas las noches se le aparece y le pega. Lo extraño es que suele llevar moratones en los brazos y en la cara, le informa la prima. Ahora tengo más miedo, dice Santiago. No te preocupes, que aquí no se aparecerá. Pero quédate hasta que se calle, no suele durar mucho tiempo. Santiago se acuesta boca arriba, rígido. Ella se inclina hacia él. ¿Te acuerdas cuando de pequeños jugábamos a médicos y nos miramos?. Claro que sí, contesta él. Lucía apaga la luz de la lámpara y dirige su mano derecha hacia el cuerpo de su primo. Él se estremece al contacto, pero no se mueve. Lucía introduce su mano bajo el calzoncillo del muchacho, le coge el miembro y se lo mueve, al principio despacio, después, al notarlo rígido, más de prisa. Santiago intenta acariciar a su prima, pero ella se aparta ligeramente. No, esto sólo lo hago yo, hoy, dice ella. El muchacho no tarda en eyacular emitiendo un prolongado gemido que ella oculta colocándole la otra mano sobre su boca.

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