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El macarra que amo

Nepomuk



Llevamos un par de días tontoamorosos. Eso es subida de líbido. A veces la vadeamos comiéndonos por las esquinas como dos macacos en celo y otras veces nos da en plan pavo prepúber y empezamos con los besitos, los quéguapoeres, los jijí-jajá, las miraditas y el rosario completo de amapolas y unicornios. Esta vez estamos en lo segundo. Por una parte, me avergüenzo un poco de ser tan ñoño, y por el otro me fascino de sentir aún este tipo de cosas. Hoy libraba la tarde, así que ha venido a buscarme con la moto, a la salida de mi clase de danza. Contaba con que me esperara abajo, como haría toda persona temerosa de espacios nuevos, pero no. Jon no es temeroso, ni de nuevos, ni de viejos, ni venidos, ni de por venir. Directamente le ha soltado una sonrisa canalla a la de recepción y se ha metido en mi clase. Doce niños estupefactos mirando con atención al macarra tatuado con gafas de John Cobretti sonriéndome desde la puerta, balanceando un casco de moto. Yo me he limitado a hacer un Rajoy. “Bueno pues… yo ya… me voy y tal… con él, que es… que ha venido a… ale, hasta mañana.” En la calle, mientras me abrochaba el casco bajo la barbilla, he mirado hacia arriba por el rabillo del ojo y ahí seguían los doce, como doce suricatas, asomados al ventanal y mirándonos como si fuéramos dos aliens cogiendo un platillo a Saturno. “Qué majos tus críos. El jueves que vuelvo, me los presentas.”

Macarra que amo, estos son mis alumnos; alumnos, este es el macarra que amo.

Cuando ya estaba subido en la moto, ha salido el profesor de teatro. Ha venido directo con su sonrisa catequista. “Qué bonita moto…” Jon se ha levantado la visera del casco con un clac “Gracias, hombre. Cuando quiera le doy una vuelta.” “Uy no… jejeje… a mí me dan un miedo…”

Profesor cucharilla, este es el macarra que amo; macarra que amo, este es el profesor cucharilla.

Detrás del profesor de teatro, ha aparecido la de música. “Hola Arielllllll ¿ya te vasssssssshhh?” Una mujer fascinante, la de música. Tiene cadencia hasta cuando habla. Yo he seguido de Rajoy. “Sí, no, nosotros ya… tal…” “¡Qué bonita moto! ¡una Harrrrrrrleyyyyy!” Visera p’arriba ¡clac! “Perdóname, niña que he entrado directamente y ni me he presentado, pero es que llevamos prisa, que hemos dejado a la niña con la canguro y bla-blablá-blablá”

Macarra que amo, deja de contar nuestra vida, por favor, arranca la moto o empiezo a buscar el bonometro.

Macarra que amo… no podemos ser más diferentes. Igual el secreto es justo ese.

Ver en línea : https://nepomundos.com/2017/05/29/e...

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