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IV. ANIMADVERSIÓN A ESPAÑA. «LEYENDA NEGRA»

Camilo Valverde Mudarra

España



"Los indios son hombres libres, sometidos como los demás a la Corona"

 Jurídicamente, en España, y en todos los reinos de aquella época, los judíos eran considerados extranjeros y se les daba cobijo temporalmente sin derecho a ciudadanía. Los judíos eran perfectamente conscientes de su situación: su permanencia era posible, mientras no pusieran en peligro al Estado. Cosa que, según los soberanos, el pueblo mismo y de sus representantes, se produjo con el tiempo, a raíz de las violaciones de la legalidad por parte de los judíos no conversos, y de los formalmente convertidos, por los cuales la Reina Isabel sentía una «ternura especial», tal que puso en sus manos casi toda la administración financiera, militar e incluso eclesiástica. Y, con todo, los casos de «traición» llegaron a ser tantos y tan graves, que hubo que atajar el asunto de plano. La alternativa propuesta durante los muchos años de violaciones políticas de la estabilidad del Reino fue: "O cesáis en vuestros crímenes o deberéis abandonar el Reino"

 

 Es significativo que la expulsión fuera particularmente aconsejada por el confesor real, el muy difamado Tomás de Torquemada, primer organizador de la Inquisición, que era de origen judío; y, también, demostrativo de la complejidad de la historia, el que familias judías ricas e influyentes, alejadas por el clamor popular y por motivos políticos de legítima defensa, obtuvieron hospitalidad del Papa, la única autoridad que se la concedió con gusto y las acogió en sus territorios. La Roma Pontificia es la única ciudad del Viejo Continente en la que la comunidad judía vivió y nunca fue expulsada. Habrá que esperar al año 1944 y a que se produzca la ocupación alemana, para ver, más de mil seiscientos años después de Constantino, a los judíos de Roma perseguidos y obligados a la clandestinidad; quienes consiguieron escapar lo hicieron en su mayoría gracias a la hospitalidad concedida por instituciones católicas, con el Vaticano a la cabeza.

 

 Muchos que, en su ignorancia, aceptan sin críticas, la leyenda negra, no perdonan a los RR.CC. el haber iniciado el patronato, negociado con el Papa, por el que se comprometían a la evangelización de las tierras descubiertas por Colón, cuya expedición habían financiado, de modo que serían los dos Reyes Católicos los iniciadores del “genocidio de los indios, llevado a cabo con la cruz en una mano y la espada en la otra”. “Y los que se salvaron de la matanza habrían sido sometidos a la esclavitud”. Sin embargo, la historia verdadera difiere mucho de la leyenda. Al respecto, Jean Dumont dice: «La esclavitud de los indios existió, pero por iniciativa personal de Colón, cuando tuvo los poderes efectivos de virrey de las tierras descubiertas; y fue así sólo en los primeros asentamientos que tuvieron lugar en las Antillas antes de 1500 (en 1496 Colón había enviado muchos a España). Isabel la Católica reaccionó contra esta esclavitud de los indígenas mandando liberar, desde 1478, a los esclavos de los colonos en las Canarias. Mandó que se devolviera a las Antillas a los indios y ordenó a su enviado especial, Francisco de Bobadilla, que los liberara, y éste a su vez, destituyó a Colón y lo devolvió a España en calidad de prisionero por sus abusos. A partir de entonces, la política adoptada fue bien clara: “los indios son hombres libres, sometidos como los demás a la Corona y deben ser respetados como tales, en sus bienes y en sus personas”.

 

 Quienes con mala intención duden, deberían leer el codicilo que la Reina Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504 y que dice así: «recomiendo y ordeno, que éste sea su fin principal y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que, si sufrieren algún daño, lo repararen». Se trata de un documento extraordinario, que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan difamada, como la que se inicia con Isabel la Católica.

 

 A Bartolomé de Las Casas se le atribuye la responsabilidad de la colonización española de las Américas. Es un pobre español, para más señas fraile dominico, cuya obra, con un título que en sí constituye un programa: Brevísima relación de la destrucción de las Indias, lanza furibundas invectivas contra su propio país y define la acción y la conquista del Nuevo Mundo como destrucción.

 
 Camilo Valverde Mudarra

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