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EL OTOÑO DE LAS PALABRAS

Raimundo Escribano

España



El 22 de septiembre, a las 22,02, hora
peninsular comenzó el otoño 2017.



En silencio, con nocturnidad y camuflado con los últimos calores del verano, ha llegado el otoño.
La palabra otoño encierra algunas connotaciones que por una u otra causa influyen en el ánimo, la actitud y la vida de las personas. Es una invitación al silencio y la meditación. Sobre el otoño cualquier poeta podría escribir páginas y aun libros enteros y más de uno se sentiría tentado a tomarle el pulso a la melancolía.
Pero no va por ahí mi artículo, sino sobre palabras como entidades léxicas con vida propia dentro del DRAE o en el habla popular de nuestra región.
No me refiero a esos grupos de palabras que, según Saussure cambiaron de significado por el paso del tiempo u otras circunstancias, sino a términos (generalmente se trata de localismos) que, como hojas del gran árbol léxico que es el lenguaje, tras un proceso de decadencia, que suele ser lento, se han descolgado o están a punto de caer del tronco lingüístico que las sostenía. Expondré solo una treintena de ellas como muestra: alicáncano (piojo); ajaraca (adorno de colores); ardite (porción mínima de algo, o de tiempo); balduendo (que vive libre, a sus anchas); burche (burro joven); cambrion (carro articulado para transportar toneles); coloniales (alimentos procedentes de América); consumos (antiguamente contribución); cuerva (bebida refrescante; hoy sería tinto de verano); chingar (practicar coito; el propio diccionario indica que es voz malsonante; está siendo sustituido por otro término de eufonía igualmente escabrosa); chisque (pieza de hierro para golpear el pedernal en mecheros de yesca); encodrijar(se) (endurecerse algo, por lo general, algún alimento); excusado (retrete); galapacho (zurrón, talego grande); goterales (durante un tiempo y en algunas zonas concretas, contribución urbana); gracia tener (poseer facultades paranormales); jirulo (bobo, lelo); lenciciao (que presume de saber de todo y se mete en todo); lonja (antiguamente tienda de telas); mandao (ir a un, o hacer un recado); mandilón (hombre que se deja dominar, generalmente por la esposa); orilla de pan (pedazo cortado de un pan redondo); papón (lelo, simplón; localismo criptano que está siendo sustituido paulatinamente por otros igualmente peyorativos); poyete (en desuso por desaparición en las nuevas construcciones); provincia de pan (cuarta parte de un pan redondo); rabiche (antiguo impuesto local por alguna cesión o servicio); reparto (localismo solanero; contribución, impuesto); susano (insulso, sin gracia); vacie (lugar, generalmente en las afueras, donde se depositaban escombros y otros desperdicios; sustituido por vertedero); zurra (como su equivalente conquernse “cuerva”, bebida refrescante; hoy tinto de verano).

Este artículo tiene © del autor.

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