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ASOCIACIÓN CATÓLICA ANTI-DIFAMACIÓN

Camilo Valverde Mudarra

España



Ataques contra el catolicismo

Los ataques contra el catolicismo no suscitan la atención y las reacciones que merece una religión asentada en la tradición y en la conciencia social de larga y honda presencia. Un grupo de intelectuales católicos están impulsando en Italia la «Catholic Anti-Defamation League» (CADL). La iniciativa de esta original y primera asociación, que intenta montar una estrategia común frente a los ataques externos de destrucción y calumnia, reclama para la religión cristiana, al menos, el mismo respeto que Occidente ejerce con otras confesiones.

La asociación, que ha suscitado el beneplácito del Vaticano, se propone actuar por cauces independientes y autónomos; de forma, que, en sus planes estatutarios, sostiene que «las agresiones contra el cristianismo, la Iglesia y los católicos en general, se están diversificando y especializando: se va de la blasfemia a la violencia verbal, del vilipendio contra el Sumo Pontífice a la sátira irreverente, de la provocación del sentir religioso a la falsedad histórica».

Apenados y movidos por esta convicción, intentan poner en marcha una ofensiva que abarca distintos campos de acción: se boicotearán los productos de publicidad con anuncios blasfemos y se emprenderán medidas legales contra los ofensores de la sensibilidad católica. «Queremos combatir –dice, a “La Razón”, su presidente, Pietro Siffi-, un proceso que está intentando cancelar la religión de un modo artificial, pintándola, como una enfermedad social. Hay demasiadas agresiones contra los católicos, precisamente en estos tiempos en los que todo el mundo pide respeto para su religión o su colectivo». Es cuestión de denunciar la maldad e inquina anticatólica, y exigir a los medios de comunicación un esmerado rigor en las noticias referentes a la Iglesia. «La difamación también consiste en difundir información errónea o publicar falsedades históricas y fantasías dolosas sobre la Iglesia con saña tendenciosa y falaz. Es más, la entidad incluye entre los actos difamatorios «los juicios ofensivos contra la institución eclesiástica y sus representantes», el «incentivo de hostilidades o desprecio a los católicos presentándolos como fanáticos, integristas, retrógrados o inferiores», así como «denigrarlos por su fe, su culto o su moral». En su intento de reconstituir las «tesis consideradas falsas y maliciosas, promoverá la Historia de la Iglesia»; a la vez que, en el marco «social y político», desean mover e implicar la opinión pública, para instar la emanación de leyes y normas que velen por la dignidad de la Iglesia Católica y sus fieles. Denunciarán el ataque a través de sus abogados, pues, al menos en Italia, el vilipendio a la religión es afortunadamente un delito, y se constituirán en parte civil.

Hoy campea el ateísmo, el laicismo y el relativismo materialistas. Toda España, herida, ha sufrido el escalofrío del ataque soez y miserable en el corazón de sus creencias más sagradas con el asunto extremeño. En su maloliente desvergüenza y grosera andadura, callan, se aferran a la poltrona, se burlan, siguen sin presentar la pertinente dimisión y pasean el escarnio y descomunal ultraje perpetrado contra las realidades más sacrosantas de la fe de la Iglesia.

Se pisan y quiebran sentimientos religiosos; se denigran la fe en Jesucristo y su Madre Santísima; se dañan y conculcan, con gravedad extrema, derechos tan básicos, como la libertad religiosa y de conciencia; en un Estado de Derecho podemos y debemos exigir que se cumplan y respeten los derechos fundamentales y sagrados. El propio Estado, sus instituciones y los políticos, que callan y otorgan, no se pueden inhibir ante tal injuria y zafiedad. La inhibición conduce a un deterioro mayor, que crece paulatinamente; con relativa frecuencia, se producen insultos, burlas y agresiones a realidades religiosas y sagradas.

Los cristianos no podemos callar. Exigimos reparaciones y costas. Unos y otros son culpables.

Camilo Valverde Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

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