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A LA DERIVA

César Rubio Aracil

España



Por mas artículos que se publiquen y voces autorizadas que resalten nuestro desajuste económico y social, España no logra fijar su norte. Es claro el desajuste entre la gestión gubernamental y el tan deseado como vano apoyo político opositor. De manera primordial, tanto el Partido Popular como VOX, cada formación doctrinal a su aire, finalmente aúnan esfuerzos para tumbar como sea y al precio que sea a Sánchez, no solo con el propósito de cobrar una comisión mandataria, sino igualmente de conseguir el desprestigio del Partido Socialista y de Unidas Podemos. No les importa el precio del posible descalabro de la izquierda que, por lógica, habrá de repercutir en la economía nacional, el paro, la sanidad pública y los demás supuestos dependientes de un orden general. Cuanto más caótica sea la situación mucho mejor para sus fines, porque la culpa del desastre habrá de recaer necesariamente en el enemigo político y no en el adversario, que sería la denominación más acorde en un contexto democrático. En el fondo de la cuestión, ¿qué importa el pluralismo, cuando dicho término ha quedado reducido al estrecho ámbito de libertad gestado por el Partido Popular y Vox? Si la economía nacional y, por ende, la familiar quedan seriamente dañadas, tiempo habrá para que el esfuerzo del peonaje patrio saque a flote la nave que pilotarán los de siempre para gozo de los abanderados y escarnio del auténtico pueblo. Entre tanto quedará la palabra robada al poeta, con la que construirán un poemario de cuchufletas con dedicación a la plebe.


Poco más o menos, esta es la España de hoy según el criterio de no pocos ciudadanos que lloramos al muerto viviente, que es el país de todos en teoría y la casa de lenocinio de quienes avivan con banderas y estandartes el símbolo de la falsa libertad.


Si hasta el presente hemos vivido una etapa dura de paro, trabajo en precario; si estamos sufriendo los estragos múltiples de una sanidad rota, abandono de la investigación científica; si estamos soportando (quienes amamos nuestro país) el sonrojo de la encarcelación de políticos deshonestos, y encima tenemos que sobrellevar el peso de tantísima moscarda lastimándonos con vídeos, bulos, mentiras y tropelías con fines de diversión y de malevolente conducta para derrocar al Presidente, cabría pensar que, si tan patriotas son estos especímenes, podrían haber dedicado su tiempo y esfuerzo cuando realmente hacía falta haber echado al dictador hace unos años atrás.


España no se hundirá del todo porque todavía quedamos remeros capaces de seguir bogando contra la marea. Pero deberíamos aprovechar el galimatías político actual para decirles a quienes creamos que se lo merecen –pensando en positivo quiénes son los desestabilizadores de nuestro diario vivir– que un voto no es un regalo, sino una exigencia. Hagamos del comportamiento del español un hecho antropológico capaz de situar nuestra dignidad en el punto que merecemos los ciudadanos de bien. Quienes se complacen en colaborar en la destrucción del orden político, porque se sienten favorecedores de los restos franquistas enquistados en la ultraderecha, que sigan sembrando la mala hierba en la bosta que ellos mismos catalizan. Es tiempo de rectificar y de que cada votante sepa en conciencia lo que se juega con su elección.


César Rubio Aracil

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