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REFLEXIONES

4 - EL VUELO DE LA LIBERTAD

César Rubio Aracil

España



Jamás las ataduras podrán liberar estados de conciencia insubordinados. De ahí podrá deducirse que cualquier modelo dogmático habrá de quedar reducido a un estado de absoluta esclavitud. Sea en el orden político, religioso, moral o preceptivo, la verdad no puede quedar supeditada a criterio alguno; no depende de valores éticos o estéticos al uso; tampoco de conductas ni de significativos patrones omniscientes. La verdad no tiene dueño; mas estamos obligados a respetarla según estados de conciencia, necesidades circunstanciales y dependencias sociales; nunca por intereses particulares, tan en boga respecto a las diferentes tendencias políticas y/o religiosas. La verdad, para ser creíble, debe estar supeditada al bien común, en todo momento variable en función de la necesidad humana. ¿Sucede de esta manera cuando el individualismo se impone, con falsedades y aparentes certezas, a los deseos y necesidades mayoritarios, y en particular por el propio interés? En el momento de votar, ¿hemos previamente valorado la importancia social del sufragio? ¿Realmente concienciamos el voto en función del bienestar nacional, tan ponderado por la hipocresía parlamentaria y el dogmatismo inconsciente de quienes postulan en nombre de la ortodoxia?

Día tras día observamos hechos políticos capaces de levantar serias sospechas sobre la cordura, al tiempo que apoyamos postulados en base a posteriores, falsos razonamientos en defensa de la mentira. A veces siendo conscientes de la falacia; en ocasiones por carecer de valentía para vencer el poder dogmático al que estamos sometidos. Porque sentimos temor ante la posible mudanza de criterio. Sin embargo, de entre el movimiento imperativo o intransigente, no faltan personas dispuestas a admitir propios errores, sin necesidad de renunciar a su ideario. ¿Tanto temor suscita el cambio de criterio? ¿No será que en bastantes casos la arrogancia impide admitir equívocos? En materia religiosa sucede algo parecido, aunque mayormente comprensible al considerar el valor intrínseco de la deidad. No obstante, cuando se establecen comparaciones entre religiones maximalistas y al propio tiempo criminales y credos pacíficos, la diferencia de actitudes puede abrir las puertas anímicas a ciertos cambios, sin que por ello sean abandonados los sentimientos religiosos consolidados. En definitiva, tanto en materia política, religiosa como filosófica, el crecimiento de toda nueva certidumbre puede y debe servir de modelo o guía para el crecimiento personal y social.

¿Podemos sentirnos libres cuando el sinsentido nos ata a la estaca de la absurdidad? ¿Por qué sufrimos cuando la evidencia deslumbra nuestro sentimiento infalible, rígido y dogmático respecto a ideas susceptibles de permuta? A veces la vanidad tiene un papel tan importante como nefasto en el juego de la vida; porque admitir errores propios solo lo sostiene la inocencia, y la aflicción moral es considerada ridícula muestra de debilidad. De esta manera es como sentimos la vida: sufriendo, maldiciendo y ridiculizando a quienes tienen la valentía de proclamar a los cuatro vientos: me he equivocado.

Este artculo tiene del autor.

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