Portada del sitio > ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN > EL HIJO DEL HOMBRE NO TIENE DONDE RECLINAR LA CABEZA
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

EL HIJO DEL HOMBRE NO TIENE DONDE RECLINAR LA CABEZA

Camilo Valverde Mudarra

España



Domingo XIII T. Ordinario. Ciclo C
1R 19,16.19-21; Sal 15,1-2.5-11; Gál 5,1.13-18; Lc 9,51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Mientras iban de camino, le dijo uno: Te seguiré adonde vayas. Jesús le respondió: Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro le dijo: Sígueme. Él respondió: Déjame primero ir a enterrar a mi padre. Le contestó: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios. Otro le dijo: Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. Jesús le contestó: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

El primer libro de los Reyes cuenta que Eliseo, al ser llamado, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: Déjame decir adiós a mis padres; luego, vuelvo y te sigo.

El Salmo responsorial exclama con alegría: “Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción”.

San Pablo reafirma a los Gálatas que “para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo» Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente”.

Esta libertad, lograda por Jesucristo supone un riesgo y un desafío, como es propio del vivir humano; por eso, eliminar la libertad, viene a ser un atentado, su renuncia, un absurdo y un pecado, su abuso. La libertad en Jesucristo es el amor; lo único es amar en totalidad y hasta el extremo. "Ama y haz lo que quieras" decía San Agustín. Pero primero ama a Dios y al hermano; es la condición básica, para ser libre. Se debe comprender que el Evangelio de Jesús es exigente, pero no inhumano, porque se sitúa en la línea de la libertad y del amor.

El evangelio de hoy pone fin a la misión de Jesús en Galilea. En San Lucas, la vida de Jesús se expresa, como la subida a Jerusalén; es el camino hacia la cruz. El texto dice que Jesús tomo la decisión de ir a Jerusalén. Era su gran cita con el Padre. Ciertamente allí le esperaba la cruz pero toda esa realidad tenía un sentido: vivir hasta el summun su comunión con el Padre que le va a llevar al triunfo de la resurrección. La vida del discípulo se indica en el "seguimiento". El verbo “seguir” es el más empleado en los evangelios y determina con toda claridad lo que es ser cristiano. La vocación cristiana se resuelve en responder a la llamada del seguimiento de Cristo por el camino de la abnegación, pero con la vista puesta en que al final de la ruta se encuentra la resurrección y la vida.

El seguimiento de Cristo, aun imponiendo la ruptura total con el hombre viejo, es manumisión y oferta de libertad. El discípulo de Cristo no tiene limitaciones a su libertad que se realiza en el amor y el servicio fraterno irreconciliables con el egoísmo, el libertinaje y el relativismo acomodaticio. "Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Si los guía el Espíritu no están bajo el dominio de la ley", nos dirá San Pablo. Los que han sido revestidos de Cristo son lo más libres. La radicalidad de Jesús con sus discípulos y seguidores está en relación con su misión; han de vivir en íntima unión con el Maestro en el anuncio del Reino, y, haciéndolo vida, promoverlo.

Este camino hacia Jerusalén se inicia con un rechazo de los samaritanos, como el de sus “compatriotas”, al comienzo del ministerio de Galilea. La reacción de Santiago y Juan, pidiendo “que caiga un rayo del cielo y los consuma”, provoca la reprimenda de Jesús, que desaprueba toda manifestación de intolerancia, fanatismo y violencia. El seguimiento de Jesús, rechaza de plano esas actitudes del creyente.

Respondiendo a tres aspirantes a discípulos, Jesús clarifica, cuáles son las condiciones que exige a quienes quieran seguirlo: esfuerzo, coherencia, desprendimiento. Las posturas de los tres presentan la fisura de no tomar como absoluto el seguimiento que ofrece Cristo; cuadran perfectamente con las medias tintas, carecen de una vivencia interior decidida a descubrir en el seguimiento de cada día la liberación y la verdad del salmista: Señor Tú eres mi bien.

El camino cristiano es el de Jesucristo: Amor y entrega. Antes de que Lutero defendiese que la salvación viene por la fe, la Iglesia, especialmente por medio de San Agustín, condenaba, en el siglo V, las doctrinas de Pelagio, que afirmaba la suficiencia del hombre, para salvarse por sus obras, sin necesidad de la ayuda de Dios. El pelagianismo quedó pronto desaprobado y olvidado; sin embargo, ha quedado un "pelagianismo latente", en sentido de que obrar bien, reporta la salvación. Sin el amor de Dios, Padre, y el sacrificio de Cristo, no se alcanza la resurrección. La fe exige una radicalidad de vida, una coherencia con el Evangelio que hemos aceptado y que anunciamos. No podemos filtrar el evangelio de Jesús según nuestras conveniencias. De hecho las exigencias de Jesús son condiciones maravillosas, para nuestra libertad, nos alejan de las reducciones de nuestros miedos, complejos e intereses. Somos libres, pero libres, para amar más, en grado sumo. Vivimos en una sociedad que busca lo cómodo y lo fácil y que no entiende de compromisos definitivos. Busca una felicidad a toda costa; ser feliz es lo que importa y no le interesa el cómo. Ahí es necesario el testimonio del que sigue a Jesús en esta vida y se implica al servicio del evangelio

El camino del seguimiento a Jesús es un camino de amor que no rechaza la atención a los padres ni ninguna otra obra de misericordia. Lo que el Señor quiere es que amemos; que sepamos con claridad, que el amor es exigente y puede llegar a partirnos y romper la vida. En el ser cristiano, no caben “componendas”. Y, porque nuestra vocación no resulta fácil, hemos de renovar cada día nuestra confianza en el Señor del amor y de la misericordia y seguir el camino con esfuerzo e ilusión.

Camilo Valverde Mudarra

Este artículo tiene © del autor.

4317

Comentar este artículo

   © 2003- 2014 MUNDO CULTURAL HISPANO

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 5

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 2628275 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 913 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0